Más de 50.000 marroquíes llegaron la pasada semana a Ceuta en un traspaso sin precedentes de nuestras fronteras que obligó a movilizar al Ejército para posibilitar el mayoritario regreso de los migrantes. La explicación a esta avalancha se ha ofrecido desde distintas perspectivas, pero ninguna de ellas debería pasar por alto el choque que mantienen Pedro Sánchez y Donald Trump (aliado clave del rey Mohamed VI).
En lo más álgido de la crisis migratoria, las declaraciones institucionales del Gobierno de España han ido en consonancia con las del Reino de Marruecos. Ambos países atribuyeron esta crisis a “las mafias” y destacaron la excelente colaboración entre las dos naciones.
Fuentes diplomáticas informaron a Artículo14 que la reciente sentencia del Tribunal Supremo —la cual se ha pronunciado en contra de las devoluciones “en caliente” si no hay un elemento físico que impida la llegada de los inmigrantes— potenció esta entrada masiva que, de haberse reformado la ley de Extranjería, se podría haber evitado.
Tampoco ignoraron el reciente viaje del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Argelia, en el que se cerró un acuerdo político para aumentar las importaciones de gas a España y en el que Moncloa destacó la implantación de nuevos mecanismos de repatriación para reducir la presión que soportan las islas (lo que habría sentado mal a Marruecos).

No sería el primer caso en que se produce un aumento del flujo migratorio por un ‘enfado’ del Reino Alauí: en 2021, unas 8.000 personas llegaron a la ciudad autónoma española en África. La razón que esgrimió Marruecos fue el descontento por la asistencia médica prestada en España al líder del Frente Polisario, Brahim Gali, de la que no fueron informados.
Marruecos en el Capitolio
El siguiente punto, y no menos importante, es la cuestión de la reclamación de Ceuta y Melilla como parte de su soberanía. “Es un momento muy dulce para sus pretensiones soberanistas“, afirman. La reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla ha ganado terreno en el Congreso de Estados Unidos, y Marruecos es consciente de que gana peso como fuera negociadora.
Un comité clave de la Cámara de Representantes introdujo, en el documento que acompaña al proyecto de ley de presupuesto de 2027 (HR 8595), un lenguaje que refleja una posición más favorable del Capitolio a las tesis marroquíes al señalar que ambas ciudades, aunque administradas por España, están localizadas en territorio marroquí y siguen siendo sujeto de reclamación de Marruecos. El texto aprobado respaldo el apoyo diplomático de EE.UU para determinar “el futuro estatus” de estos enclaves españoles que Marruecos aspira a controlar.
El entorno de Trump y la soberanía marroquí
En el entorno de Donald Trump se recuerda que Washington ya reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020, un precedente que en Rabat alimenta expectativas de un respaldo similar sobre Ceuta y Melilla.
“La posición oficial de Marruecos es que Ceuta y Melilla son considerados territorios ocupados, y eso no ha cambiado”, afirman fuentes diplomáticas. “A lo que se suman corrientes históricas nacionalistas como la del Gran Marruecos, que amplían la demanda”.

Qué sostiene España
España defiende que su presencia es anterior a la existencia del propio Estado marroquí. Melilla es española desde 1497 y Ceuta desde 1580, mientras que la dinastía alauita que gobierna Marruecos data de 1666. Y nuestro país no considera a Ceuta y Melilla colonias, sino ciudades autónomas integradas plenamente en el Estado español, con representación política, instituciones propias y ciudadanía española.
Además, España cuenta con el respaldo de la ONU, ya que cuando Marruecos llevó el caso ante Naciones Unidas en 1975, y solicitó que se las categorizara como territorios pendientes de descolonizar, Naciones Unidas las consideró provincias españolas, y a día de hoy no figuran en la lista de territorios no autónomos de la organización, a diferencia del Sáhara Occidental.
La idea del “Gran Marruecos”
Analistas señalan que la reivindicación se enmarca en una aspiración territorial más amplia, conocida como el “Gran Marruecos”, por la que el país reclama soberanía sobre distintas zonas del norte de África, incluido el Sáhara Occidental.
Esta disputa sigue viva y resurge periódicamente en el terreno diplomático (declaraciones ante la ONU, cartas oficiales, roces verbales), pero no ha alterado el statu quo: ambas ciudades permanecen bajo soberanía española y España mantiene una postura de “no negociación” sobre este asunto, a diferencia de su giro respecto al Sáhara Occidental en 2022.
Marruecos reclama a Ceuta y Melilla ciudades y enclaves (junto con el Peñón de Vélez de la Gomera, el Peñón de Alhucemas y las islas Chafarinas) como territorios que considera parte de su suelo histórico, ocupados por España desde antes de la existencia del Marruecos independiente moderno. “Su objetivo del Gran Marruecos puede ganar fuerza”.

Momentos de tensión entre ambos países
Marruecos y España han vivido distintos momentos de tensión. En 2007, cuando los entonces Reyes de España viajaron a las ciudades autónomas, Marruecos retiró a su embajador en Madrid durante dos meses en señal de protesta, coincidiendo además con el aniversario de la Marcha Verde. En 2021, la crisis de Brahim Ghali anteriormente mencionada. Además de la intensificación del flujo migratorio, la embajadora marroquí fue retirada de Madrid y las relaciones se rompieron prácticamente durante meses. El propio Mohamed VI calificó después el episodio como una crisis sin precedentes que sacudió con fuerza la confianza mutua.
La crisis se cerró entre 2021 y 2022, con el regreso de los menores marroquíes varados en Ceuta y la salida de la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya. En 2022, España dio un giro relevante al reconocer el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental como la base “más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto, lo que permitió normalizar la relación. Pedro Sánchez viajó a Rabat en abril de 2022 para un encuentro con Mohamed VI, el primero en tres años y medio.
El papel de la Corona
El Rey Juan Carlos, como jefe del Estado interino, tuvo que gestionar la respuesta militar y diplomática española ante la marcha de cerca de 350.000 civiles marroquíes hacia la frontera del Sáhara español. El Rey Emérito reconoce que su “relación especial con el rey Hassan II permitió resolver numerosas crisis” a lo largo de los años, y admite que, en más de una ocasión, recurría a la vía directa: “a veces lo llamaba directamente para intentar zanjar o resolver algún problema”. El propio libro recuerda su visita oficial a Marruecos en 1979 como un momento simbólico de esta relación bilateral.

