Entre las imágenes de miles de personas cruzando la frontera de Ceuta esta semana, un nombre ha vuelto a repetirse en el debate público: la Marcha Verde. Cincuenta años después de aquel episodio que selló la salida española del Sáhara Occidental, algunos analistas y medios ven en la invasión de Ceuta un eco de aquella estrategia. Otros piden prudencia antes de dar por buena esa lectura. Repasamos qué fue realmente la Marcha Verde y por qué esta comparación genera tanto debate.
Qué fue la Marcha Verde de 1975
La Marcha Verde fue la invasión y posterior ocupación militar de la entonces provincia española del Sáhara, iniciada el 6 de noviembre de 1975, en un contexto en el que España se disponía a abandonar el territorio como parte de un proceso de descolonización presionado por la ONU y por las incursiones del Frente Polisario.
El mecanismo ideado por el rey Hasán II fue tan sencillo como eficaz: movilizar a la población civil en lugar de recurrir directamente al Ejército. Unos 350.000 civiles marroquíes cruzaron la frontera hacia el Sáhara portando banderas nacionales y ejemplares del Corán. Ante la magnitud de aquella movilización, las fuerzas españolas se retiraron, y pocos días después Madrid firmó los Acuerdos de Madrid, que sellaron la salida española del territorio. Esos acuerdos, conviene recordarlo, fueron declarados nulos posteriormente por la justicia internacional.
El contexto político también resultó decisivo: la salud de Francisco Franco se deterioraba en esas mismas fechas, y el episodio coincidió con un dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya sobre la cuestión saharaui. El resultado fue un modelo de lo que hoy se conoce como presión híbrida: movilización civil, ambigüedad jurídica y cálculo diplomático combinados para lograr un objetivo territorial sin necesidad de un enfrentamiento militar directo.
Por qué reaparece esta comparación ahora

Lo primero que hay que aclarar es que el paralelismo entre la Marcha Verde y las crisis migratorias en Ceuta no es nuevo de esta semana. Ya se utilizó en mayo de 2021, cuando algunos medios hablaron de “la Marcha Verde del siglo XXI” al describir la entrada masiva de miles de personas en la ciudad. Y ha reaparecido con fuerza este mismo año, incluso antes de que estallara la crisis actual.
En marzo de 2026, el analista estadounidense Michael Rubin, vinculado al think tank Middle East Forum, publicó un artículo instando abiertamente a Marruecos a organizar “una nueva Marcha Verde” sobre Ceuta y Melilla, argumentando que España debería aceptar la pérdida de ambas ciudades. La propuesta generó una respuesta contundente en medios españoles, que la calificaron de una agresión política sin ningún paralelismo histórico o jurídico real —recordando, entre otras cosas, que el Sáhara Occidental era una provincia española y no una colonia, y que Ceuta y Melilla tienen un estatus jurídico completamente distinto—.
Los elementos que alimentan el paralelismo
Más allá del origen de la comparación, hay varios elementos concretos que la sostienen en el debate actual:
- La movilización civil, no militar, como herramienta de presión — el mismo mecanismo empleado en 1975, sustituyendo tropas por personas comunes.
- La instrumentalización de menores en los cruces, un patrón ya señalado durante la crisis de 2021 y que vuelve a repetirse ahora, con un fuerte aumento de menores no acompañados en los últimos días.
- El aprovechamiento de un momento de debilidad política del Gobierno de turno — en 1975 fue la agonía del franquismo; en la lectura que hacen algunos analistas hoy, sería la fragilidad del Ejecutivo de Pedro Sánchez.
- El precedente ya documentado de Marruecos utilizando los flujos migratorios como palanca de presión diplomática sobre España, algo que ya ocurrió en 2021 en plena tensión por el líder del Polisario, Brahim Ghali.
La otra cara: por qué muchos rechazan esta lectura
No todo el mundo acepta el paralelismo sin matices. Varios análisis españoles han insistido en que la comparación puede ser peligrosa precisamente porque introduce dudas sobre la legitimidad del control español de Ceuta y Melilla —algo que, jurídicamente, no tiene relación alguna con el estatus que tenía el Sáhara Occidental en 1975—. El riesgo, según estos análisis, es que este tipo de discurso vaya desplazando poco a poco los límites de lo que se considera una posición aceptable, dando presencia pública a una tesis —la de una eventual cesión de soberanía— que hasta hace poco resultaba impensable en el debate político español.
Qué distingue realmente ambos episodios

Pese al eco simbólico, las diferencias entre 1975 y 2026 son notables. La Marcha Verde fue una operación anunciada públicamente y organizada desde el propio Estado marroquí, con un objetivo territorial explícito: la anexión del Sáhara Occidental. Lo ocurrido en Ceuta esta semana es, hasta donde indican las fuentes oficiales, un fenómeno migratorio protagonizado por personas que buscan cruzar a territorio europeo, sin que exista ninguna declaración pública de Rabat reivindicando la ciudad ni organizando la movilización con ese fin.
Eso no significa que el paralelismo carezca de todo interés analítico: la lógica de fondo —usar la movilización civil como palanca de presión en un momento de debilidad del interlocutor— es la que conecta ambos episodios en el imaginario de quienes hacen la comparación. Pero conviene distinguir con claridad entre esa lectura interpretativa, legítima como ejercicio de análisis político, y la afirmación de que la invasión de Ceuta responde a una estrategia deliberada y coordinada equivalente a la de 1975, algo que ninguna fuente oficial ha confirmado hasta el momento.

