Como si la cloaca socialista liderada por Santos Cerdán le hubiera tendido una trampa, así se defendió la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, ante el juez Santiago Pedraz este viernes en la Audiencia Nacional. Dijo ser “víctima” del que fue secretario de Organización de los socialistas.
González reconoció dos encuentros “informales” con Leire Díez y dijo que si hubiera sabido que estaba a las órdenes de Santos Cerdán jamás se hubiera reunido con ella. Con este relato, trató de defender su inocencia en todo momento.
En la primera de las reuniones, Díez trasladó sus labores como periodista y le dio la enhorabuena por el cargo ya que había sido recientemente nombrada directora de la Guardia civil. En la segunda, según contó González, le pidió reincorporar al cuerpo al comandante Rubén Villalba imputado en el caso Koldo por facilitar los móviles de la trama y también vinculado en el caso de los hidrocarburos. Tras esa petición, se levantó de la mesa y se fue. Negó una tercera reunión que recogieron los agentes de la UCO en sus informes al detectar un ticket de parking de Leire Díez cerca de la oficina de González.

Eso sí, la directora de la Guardia Civil admitió intercambiarse mensajes con ella. Según su relato, no tiene importancia que activara el borrado automático de mensajes en el chat que compartía con Leire Díez porque tiene muchos otros chats con esta configuración. Pero para la Fiscalía este hecho es relevante porque lo hizo justo en el momento que se empezaron a abrir expedientes internos contra agentes de la UCO.
“La destrucción dolosa de fuentes de prueba, contemporánea a la apertura del expediente interno contra la UCO es, en sí misma, indicio adicional de relevancia”, señala la fiscal en el escrito solicitando su imputación. Precisamente abrir expedientes internos en el seno de la UCO era uno de los objetivos de Díez.
González explicó que el ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, le llamó enfadado por una filtración de datos en los que se publicó el correo electrónico de Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno. Ante el juez relató que se encontraba en un AVE y que cuando fue a preguntar al DAO, Manuel Llamas, sobre el asunto, este ya había abierto el expediente oportuno con la filtración. De esta forma, desvinculó las injerencias políticas en la actividad de la Guardia Civil.

Además, negó que tuviera constancia de que el DAO hubiera instado a agentes de la Guardia Civil a “ponerse de perfil” en las investigaciones que acechaban al Gobierno y al entorno de Sánchez. Dijo que no supo nada de los encuentros del DAO con los agentes. Así contradijo la declaración de dos generales de la Guardia Civil Rafael Yuste y Alfonso López Malo que dijeron ante el juez como testigos que en efecto esa reunión se produjo y se les instó a no ser proactivos. Asimismo, los generales indícaron que González tenía constancia de las maniobras de Leire Díez porque hubo dos notas internas del Instituto Armado que llegaron a manos de González y negaron, en contra de lo que dijo su directora en el Senado, que esta les informara de sus encuentros con Díez.
Con esta declaración como imputada, González intentó alejarse de las acusaciones de la Fiscalía que apuntó incluso a una amistad con Díez. Para la fiscal las investigaciones de la UCO “dejan constancia de la relación personal que la investigada Leire Díez vendría manteniendo con la actual directora de la Guardia Civil, Mercedes González. Y la utilización que la misma hizo de esta relación para cumplir con los fines que la organización criminal se había marcado en orden a neutralizar o entorpecer las investigaciones que la UCO pudiera estar llevando en las causas que pudieran afectar al PSOE o a familiares del presidente del Gobierno”.

En el escrito pidiendo su imputación, la Fiscalía también apuntó a sus cambios de versión. Lo cierto es que la UCO relata las maniobras de Leire Díez para hacerse con la confianza de González y conseguir así erosionar la “credibilidad” del cuerpo y propiciar la apertura de investigaciones internas. En las conversaciones incautadas presumía de hablar por teléfono con la directora de la guardia Civil e incluso del buen curso que estaban tomando sus reuniones.

