La Pantera. El Príncipe. Los Rosales. Nombres que hasta la fecha no decían nada y que cada vez suenan con más fuerza. Son los barrios ceutíes en los que losmigrantes llegados de Marruecos, los que se quedan, se están asentando. Y atrincherando. Porque, según afirman efectivos militares -de los 3.000 efectivos aproximados en la zona-, “la gente que se está quedando no es precisamente indefensa”. Y concluyen: “Posiblemente sean los más peligrosos y los que no puedan volver a Marruecos por las cuentas pendientes que tienen en sus países”.
Tras la tragedia que se vive por tierra y mar en la costas de Ceuta, con un centenar de muertos y una ciudad desbordada, pese a las devoluciones al territorio de origen de casi 50.000 personas, las consecuencias de esta crisis migratoria se siguen viviendo.

Los militares denuncian una “sensación de falta de seguridad”, porque la gente que permanece no es, aseguran, precisamente inválida. “Es gente muy joven, que está físicamente perfecta y estamos vendidos”.
“Espero lo peor en unos días, no hay comida ni agua”
Además, denuncian que en el centro de la ciudad hay mayor presencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, mientras que en el extrarradio la patrulla es más escasa.
“Yo espero lo peor en unos días”, asegura un militar, dado que la comida y el agua es cada vez más escasa.
El vacío legal de los militares en la crisis migratoria
Este medio publicó recientemente el miedo de los militares a actuar en caso de ser agredidos, ya que aunque actúan bajo órdenes de los superiores no saben si tienen el respaldo jurídico detrás que valide sus actuaciones en caso de tener que defenderse. “¿Si se les agrede se les puede defender?”, denuncia Marco Antonio Gómez, presidente de la ATME. “Los militares ponen a disposición de los Cuerpos y Seguridad del Estado a los inmigrantes que están siendo identificados por la fuerza Armada. No saben si están vestidos con la autoridad legal suficiente para los cometidos que realizan”.

Una situación insostenible
“Hay muchos barrios en los que la situación se está volviendo insostenible”, asegura. Mientras estos atrincheramientos empiezan a suceder, desde las redes sociales marroquíes comienza a organizarse otro “asalto” para el próximo 15 de agosto. Y empiezan a circular imágenes de civiles que se enfrentaron a los inmigrantes bajo el lema de “vivos o muertos”.
El modus operandi de las denuncias
Cuentan que no sería la primera vez que los militares se enfrentan a denuncias posteriores a su actuación. Los agresores saben que están atados de pies y manos, y en ocasiones, aseguran, se les provoca porque saben que si se les causa una mínima lesión, pueden presentar una denuncia y, muchas veces, coaccionar a cambio de dinero u otra recompensa.
“Si se considera que un militar se extralimita rebasando la legítima defensa le pueden expedientar”, aseguran. “Si se les causa lesiones ya enfrentaría a una investigación si hay denuncia. Pierde el militar siempre“.
La indefensión del militar a nivel jurídico es mayor si no actúa en zona de conflicto declarada. “Si a un militar lo increpan lo mejor que puede hacer es echarse para atrás. Porque a cualquier denuncia que exista contra ese militar lo primero que le van a hacer es una investigación interna y después un expediente disciplinario“, explican. “Como son procesos disciplinarios largos, en los que con suerte la denuncia se archiva, en ocasiones se resuelve con que piden dinero al militar para que se le denuncie”.

“Cuando la misión decaiga y las cosas se vayan encajando, llegarán las denuncias. ¿Están sus actuaciones amparadas en la ley?”, se pregunta Marco Antonio.
Denuncian jornadas maratonianas y escaso alimento
A esta situación se añade el desgaste de los efectivos. “Nuestros compañeros siguen con jornadas de 12 horas sin descanso”, denuncian desde la ATME. “Y la comida que se les proporciona no es suficiente”. Según afirma, algunos efectivos han optado por ir ellos mismos a comprarse la comida a los primeros bares que están abiertos. No puedes dar a esta gente que se juega la vida un chusco de pan, una lata de atún, cuatro rodajas de mortadela, cuatro galletas y dos botellas de agua” . Estas empresas de catering son contratadas por el ministerio de Defensa a través de concursos de licitaciones públicas. Una misma empresa puede llevar 10 o 15 acuartelamientos.

