Melena oscura, rostro muy maquillado y labios perfilados, aunque la imagen en redes nos llega corregida por los filtros. Con o sin barniz digital, Cintia Rocho parece más joven de lo que haría pensar todo lo que ha vivido. El lunes El Tiempo Justo, en Telecinco, difundió su testimonio sobre los supuestos contactos mantenidos con ella para actuar contra Beatriz Biedma, la jueza que investigó a David Sánchez y que intervino también en las primeras diligencias por el asesinato de su padre. Su relato añade ahora una pieza nueva a las sospechas que la propia jueza había trasladado días antes a la Audiencia Nacional sobre posibles contactos con un clan de Badajoz para desacreditarla, presionarla o apartarla de sus investigaciones, extremos que todavía deberán esclarecerse judicialmente.
La muerte de El Tatu, 34 años
Hija de Jesús Rocho Sosa, viuda de J.G.C. El Tutu, madre de cuatro hijos e integrante de una familia cuyo apellido lleva años apareciendo en sumarios policiales y judiciales de Badajoz, la vida de Cintia daría para una crónica negra inacabable. El 29 de febrero de 2024 estaba desayunando con su marido en el bar Vaquerizo, en Badajoz. El Tutu tenía 34 años. Un Fiat blanco había merodeado por la zona y, cuando el local quedó relativamente despejado, uno de sus ocupantes se acercó y abrió fuego. Once disparos. Cinco alcanzaron a El Tutu, que murió allí mismo. El coche empleado en el ataque apareció después incendiado en un camino. Cintia estaba con él cuando lo mataron.
Cuando ahora habla de las personas que se acercaron a ella, vuelve a ese punto. Estaba destrozada y quería saber quién había asesinado a su marido. Alguien, según dice, pudo pensar que ese dolor la volvía manejable. El 5 de mayo de ese mismo año, Día de la Madre, un cupón de la ONCE premiado con 17 millones de euros cayó en Badajoz. Cintia apareció con el boleto ganador y contó en sus redes aquella fortuna casi como una señal de ultratumba. Su marido acababa de morir y ella quiso ver en el premio una especie de regalo enviado desde el cielo.
Viuda en febrero y millonaria en mayo. Un hombre denunció después que el cupón era suyo y que había sido obligado a repartir el dinero bajo amenazas. Buena parte del premio quedó bloqueada y la historia terminó en un juzgado. La denuncia por extorsión fue archivada por falta de indicios suficientes. No existe una condena que permita afirmar que Cintia se quedó mediante amenazas con aquel dinero.
Las redes mostraban ya otra cara de Cintia: objetos caros, coches, joyas… El lujo envolvía una historia cada vez más oscura. Y aún faltaba otro muerto. El 30 de diciembre de 2024, Jesús Rocho Sosa conducía por la carretera BA-022, en las proximidades de Badajoz, cuando su vehículo recibió una ráfaga de disparos. Perdió el control y acabó contra la valla de una vivienda de la urbanización Tres Arroyos. Tenía 53 años.
Quiénes son Los Rocho
Jesús era conocido por la policía y los tribunales. Distintas investigaciones habían situado a Los Rocho en el entorno del tráfico de estupefacientes en Badajoz y la Fiscalía llegó a describir un grupo familiar jerarquizado con puntos de venta y mecanismos de vigilancia. En 2018 una gran operación policial terminó con decenas de detenidos.
Sobre Cintia no consta una condena penal que permita llamarla narcotraficante, pero sí aparecen a su nombre, en 2013, dos sanciones administrativas relacionadas con tenencia o consumo de drogas, de 306 euros cada una. Multas, no antecedentes penales. Se la conoce como “la líder” de Los Rocho. Después de los asesinatos de su padre y de su marido, es una de las figuras con mayor peso de esta amplia familia, aunque rechaza la idea de una jefatura criminal.
Su vínculo con Beatriz Biedma
La magistrada estaba de guardia cuando asesinaron a Jesús Rocho y asumió las primeras diligencias. Era además la jueza que había instruido la causa relacionada con la contratación de David Sánchez en la Diputación de Badajoz. Ahora ha pedido que se investiguen posibles contactos entre personas relacionadas con el llamado caso Leire y el clan pacense para actuar contra ella.

Cintia cuenta que, tras el asesinato de El Tutu, dos desconocidos comenzaron a llamarla. Uno se presentaba como magistrado; otro, como abogado. Al principio hablaban de los problemas judiciales de su familia. Después empezaron a llegar datos sobre Biedma, como su dirección, su coche, fotografías o el gimnasio al que acudía.
Ella interpreta hoy que querían “quitarla de en medio”, aunque reconoce que nadie le explicó qué debía hacer exactamente. Si desacreditar a la jueza, intimidarla o algo más grave. La investigación tendrá que averiguarlo, como tendrá que aclarar el misterio de “La Celsa”. En unas anotaciones atribuidas a Leire Díez aparece una referencia a la “Jueza de Badajoz” y a ese nombre. Cintia se ha identificado públicamente: “La Celsa soy yo”. Díez lo niega y asegura que la anotación aludía a otra persona.
“Llevo tres años intentando que no me maten. Según la Guardia Civil, mi cabeza tiene un precio. Yo tengo cuatro hijos”, asegura. Cintia se exhibe, pero intuimos que es mucho lo que calla. Hasta datos elementales como su edad son una incógnita. La conocemos por los hombres que perdió, por el apellido, por el dinero que apareció y por los problemas que la rodean. Sin embargo, lo que ahora interesas es saber por qué era la mujer a la que había que enviar los datos de la magistrada.

