El Parlamento Europeo ha debatido este martes en Estrasburgo la crisis de Ceuta, pero de la sesión no ha salido nada parecido a un consenso. Lo que queda ahora es la parte más difícil, convertir ese debate en una resolución conjunta que el pleno pueda votar el jueves, y para eso cada grupo político llega con su propio texto y ninguno tiene todavía los apoyos suficientes para imponerlo.
El tira y afloja se libra estos días en los pasillos de la Eurocámara. Según confirman a Artículo14 fuentes comunitarias, la estrategia del PPE ha dado un giro. El plan inicial de los populares pasaba por buscar el respaldo de Vox y sus aliados, pero hoy la conversación ha virado hacia la izquierda, sondeando el apoyo de Renew y de los socialistas para intentar sacar el texto adelante con una base más amplia.
El problema es que esa vía tiene un precio, y los socialistas ya han puesto su condición sobre la mesa. Fuentes del grupo confirman a este periódico que están dispuestos a negociar, pero con una sola línea roja: que el texto final no cargue contra el Gobierno español. Es la frontera que marca hasta dónde puede estirarse cualquier acuerdo con el PPE.

Marruecos intenta influir en los eurodiputados
A las recetas de cada uno de los grupos, se sumó la tarde del martes un nuevo obstáculo: Marruecos. La eurodiputada del PNV Oihane Agirregoitia ha destapado en su intervención en la Eurocámara que “los eurodiputados han recibido un correo de la embajada del Reino de Marruecos ante la UE y la OTAN”, enviado justo antes del debate para intentar influir en el sentido de la votación.
Marruecos, que ha sido hasta ahora uno de los socios clave más importantes de la UE, recuerda que el Gobierno español todavía no ha encontrado motivos de peso que responsabilicen de la entrada masiva a Marruecos y Rabat insiste en el “poco sentido” que tendría orquestar un movimiento de ese tipo poniendo en riesgo una relación que es beneficiosa en ambas direcciones.
Vox, los más duros de la Eurocámara con Marruecos
Mientras tanto y a pesar de los correos electrónicos, Vox mantiene la posición más dura de todo el hemiciclo. Su texto reclama directamente cortar cualquier tipo de relación con Marruecos, una exigencia que va mucho más allá de lo que plantean el resto de grupos y que, de momento, deja a la formación de Abascal más aislada en esta negociación.
El desconcierto se vivió también en la agenda. Estaba previsto que la misma tarde de martes se celebrara una reunión para cerrar el texto final, pero la cita se canceló al no existir todavía ningún acuerdo sobre el que trabajar. En su lugar, las delegaciones han empezado a moverse por separado, en conversaciones bilaterales, intentando tantear posiciones antes de volver a sentarse todos juntos.

Las recetas
El borrador del PPE da pistas de por dónde quiere tirar el grupo mayoritario. Fuentes populares explican a este periódico que su punto de partida es la política migratoria hacia terceros países. “Es evidente, y lo hemos establecido en el reglamento de retorno, que la UE tiene que comprometer todas sus capacidades para hacer eficaz una política migratoria que pasa por los terceros países o de tránsito”, señalan. Y añaden: “Es muy difícil, después de la crisis en Ceuta, que se pueda aspirar a una relación normalizada con Marruecos cuando ni los cadáveres de los que se ahogaron en el intento de entrar en Ceuta han sido autorizados a ser retornados para ser enterrados en suelo marroquí”.
El texto de los socialistas, al que también ha tenido acceso Artículo14, apunta en una dirección bastante distinta. En su propuesta, el PSOE resalta la cooperación con Marruecos y la importancia de mantener asociaciones sólidas con el país vecino, justo el terreno donde el borrador del PPE se muestra más beligerante.
Con estos mimbres, el margen de maniobra hasta el jueves es estrecho. El pleno necesita un texto capaz de sumar mayoría, y ahora mismo ninguno de los tres documentos sobre la mesa parece capaz de conseguirlo en solitario. La incógnita que queda por resolver es si el PPE logrará estirar su propuesta lo suficiente como para arrastrar a socialistas y liberales sin perder por el camino a la derecha que le respalda, o si la crisis de Ceuta terminará dejando al Parlamento Europeo, una vez más, sin una posición común de la que presumir.

