Pedro Sánchez cierra el curso político con un discurso con tintes de campaña electoral, y no con un mero repaso a las actuaciones de su Gobierno durante los últimos seis meses. Con referencias a la situación económica hace 15 años (2011); a los datos del PIB o del mercado laboral cuando aterrizó en Moncloa (2018); alusiones a su gestión de la pandemia de Covid-19, al tope ibérico y hasta a los recortes del Ejecutivo de Mariano Rajoy.
El balance semestral del presidente apenas dedicó tiempo a las últimas 26 leyes quen ha logrado aprobar en un Parlamento en el que se reconocen en “minoría”. “Es una cuestión de calendario”, explican fuentes de Moncloa, que tienen muy presente que hace escasos días superaron el tercer aniversario de las últimas elecciones generales. El jefe del Ejecutivo tampoco acotó su intervención a esta legislatura, y fue más allá.
De hecho, en sus filas no cuestionan que, tanto en el fondo como en la forma, las palabras de Sánchez se asemejaban más bien a un repaso a los grandes hitos desde su llegada a la Presidencia. “Estamos sacando pecho, vamos al ataque incluso”, reconocen. Por eso parte de los gráficos proyectados durante la intervención del presidente tenían 2018 como punto de partida. “Nosotros reivindicamos nuestro proyecto de país”, aseveran.
Desde hace meses, particularmente tras el estallido de los últimos casos de presunta corrupción en el PSOE, ministros y dirigentes de primer nivel lamentan que están pagando los fallos de otros. Que los comportamientos de José Luis Ábalos, o las supuestas formas de proceder de Santos Cerdán, entre otros, pueden estar casi amortizados en lo que a su toxicidad electoral se refiere. Otra cosa es que manifiesten frustración porque estos escándalos -no todos arrojan dudas sobre Sánchez o el partido en un mismo grado- tapen lo que consideran una gestión exitosa.
Desde que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero fue citado a declarar como investigado, en mayo, el actual jefe del Ejecutivo ha hecho varios esfuerzos por mantener o incluso por redoblar su actividad para escenificar que nada les impide seguir trabajando. En varias ocasiones, en las filas socialistas han lamentado sus dificultades para hacerse hueco en las portadas pese a sus intentos.
Este martes, Sánchez se refirió a la aprobación en el Consejo de Ministros del proyecto de ley con medidas anticorrupción que comprometió tras la caída de Cerdán, cuando se planteó “tirar la toalla”. No aludió a los casos concretos que llevan acaparando la agenda los dos últimos meses porque “no responde” a la “acción de Gobierno”, como explican desde el Ejecutivo.
En ese repaso a su acción Sánchez sí hizo mención a los 1,5 millones de empleos perdidos entre 2011 y 2014. O a los 8,7 millones de pensionistas con sus prestaciones congeladas durante más de cuatro años -aunque fue durante el mandato de Zapatero cuando se vieron congeladas inicialmente-.”La España de hoy es muy distinta a la de hace una década”, defendió, insistiendo en la “década de recortes” durante el gobierno del PP. La contraposición de su modelo con el de Rajoy fue uno de los pilares de su discurso.
Hasta el titular escogido por Moncloa para su nota de prensa sobre el balance del presidente discurría por esta senda. “Este Gobierno funciona y está haciendo avanzar a España hasta situarla en un lugar mucho mejor del que encontramos en 2018”.
No cierran la puerta al adelanto técnico si caen los Presupuestos
Después de que el Congreso de los Diputados tumbara en dos ocasiones la senda de déficit en las últimas dos semanas, el Gobierno tiene vía libre para presentar los Presupuestos Generales del Estado para 2027. Si cumplen su palabra, serán las primeras cuentas públicas que presenten en toda la legislatura.
Y, mientras distintos socios se refieren a estos presupuestos como una suerte de programa electoral, dada la ausencia de apoyos, en el PNV aseguran que el Ejecutivo convocará a las urnas si no reúne estos votos.
“Queda un año para culminar esta legislatura”, afirmó Sánchez este martes, señalando al mes de julio de 2027. En Moncloa, sin embargo, precisaron que “no hay cambios” en sus posiciones. Lo más probable hoy es que las cuentas caigan, y en el Gobierno reconocen no poder descartar que esto les empuje a convocar elecciones.
Por eso recuerdan que, si los comicios tienen lugar en marzo -es la apuesta de algunos dirigentes del PSOE y de Sumar-, esto no supondría un adelanto, sino un adelanto técnico: “Si no son en 2027, no es un adelanto”.
Sin hilo con Feijóo ni deshielo a la vista
En enero, Sánchez anunció una ronda de contactos con todos los partidos políticos para abordar la situación de la guerra en Ucrania. El grave siniestro ferroviario de Adamuz dificultó estos contactos, y desde Moncloa no han vuelto a amagar con contactar con el líder de la oposición. Seis meses después, no ha habido el menor acercamiento.
El presidente del Gobierno lleva desde agosto de 2025 reclamando un pacto de Estado ante la emergencia climática, si bien los conservadores lo han rechazado en varias ocasiones. Hoy afirman que no tienen previsto descolgar el teléfono, porque no creen que en el PP tengan ninguna voluntad de entendimiento en esta materia.
“No vemos al líder de la oposición ni con interés en que le llamemos ni con interés de llamarnos”. “En nada que el PP tenga el más mínimo interés”, apuntan, lograrán detectarlo.
Salvo que los gravísimos incendios que azotan buena parte del territorio nacional cobren aún más fuerza, lo previsto es que Sánchez se borre de escena durante varias semanas a partir de este miércoles, tras la tradicional audiencia con el Rey, Felipe VI, en el palacio de La Almudaina (Mallorca).
El Gobierno llega exhausto a estas fechas, y el balance de su jefe de filas marca el inicio de la ansiada desconexión hasta bien avanzado agosto. A partir de ese momento, comenzará el sprint hasta las generales.

