El desalojo del asentamiento de la playa del Trampolín en Ceuta, donde durante semanas se concentraron miles de migrantes subsaharianos, ha derivado en un nuevo episodio de tensión que vuelve a evidenciar la falta de una solución real. Mientras los operarios comenzaban a desmontar los vivacs -estructuras improvisadas de madera, plásticos, mantas, ramas y cuerdas que los propios migrantes habían levantado para protegerse del sol y del viento-, alrededor de 500 personas regresaron ayer a la zona y tomaron de nuevo la playa, obligando a paralizar el dispositivo por falta de garantías de seguridad.

Aunque algunos migrantes bajaron para recoger pertenencias, fuentes policiales aseguran a Artículo 14 que muchos de ellos permanecían escondidos en las montañas, en los asentamientos dispersos que se habían formado en las laderas, y que ahora han descendido para instalarse en el mismo punto que estaba siendo vaciado desde primera hora de la mañana. “Buscan a ver si a ellos también les ofrecen un traslado”.
La Ciudad confirmó que el dispositivo quedaba suspendido “hasta que existan las condiciones necesarias para garantizar la integridad de los operarios”.

Los operarios no han podido, por el momento, retirar las estructuras utilizadas en las que, incluso, los migrantes habían creado una pequeña mezquita que servía como lugar de oración. En pleno arenal había surgido una pequeña ciudad de cartón con espacios de descanso y hasta puestos donde se ofrecían productos a distintos precios.
Según las mismas fuentes policiales, ese asentamiento se había convertido en uno de los puntos con mayores tensiones tanto en materia de seguridad como en el ámbito sanitario. De hecho había grandes peleas entre ellos o alguno había llegado a dar el asentamiento de El Trampolín como domicilio ante un juez.

Mil agentes en el operativo
La interrupción del dispositivo de limpieza coincidió con el despliegue de casi 1.000 agentes de la Policía Nacional, dedicados exclusivamente a custodiar el traslado de los migrantes hacia los dos campamentos habilitados: la explanada de Loma Colmenar -zona de espera para vehículos que acceden a Marruecos-. Hubo un choque por el despliegue de las tiendas en esta zona, que según la administración se plegaron de forma preventiva para evitar incidentes pues una ventisca nocturna las había tirado cuestionando así su resistencia.

Las instalaciones de Loma Margarita forman parte del proyecto de Base Única que Defensa llevaba semanas habilitando y que ahora se utilizará como espacio de acogida temporal. La ministra de Inclusión dio el miércoles el visto bueno a su ocupación.

La instrucción que recibieron los agentes fue clara: máxima discreción para evitar que los migrantes abandonaran la zona antes de ser reubicados. El objetivo era mantenerlos agrupados y evitar desplazamientos espontáneos que complicaran el operativo. Mientras tanto, los operarios avanzaban entre los restos de los vivacs, retirando colchones húmedos, maderas, plásticos quemados y pequeños hornillos improvisados.

Capacidad insuficiente
Entre los agentes desplegados y las fuentes consultadas predomina una misma lectura: el traslado no resuelve el problema.
“Solo están recolocando personas, pero esto no soluciona nada”, lamentan. Consideran que la medida únicamente desplaza la presión de un punto a otro sin actuar sobre los miles de migrantes que continúan deambulando por las barriadas y pernoctando en condiciones inadecuadas.
Las organizaciones locales comparten esa visión y recuerdan que el compromiso adquirido con los vecinos era intervenir en las barriadas de la periferia, donde siguen concentradas miles de personas, y no únicamente en los asentamientos visibles como el de El Trampolín.

Los dos campamentos habilitados suman alrededor de 1.800 plazas, una cifra insuficiente para absorber a todos los migrantes trasladados que rondaría en unos 4.000 según el número estimado de las comidas que repartía la Cruz Roja a diario a pie de playa.
Las fuentes consultadas advierten de que muchos quedarán fuera de las carpas y que el riesgo de hacinamiento es evidente. “Los que quepan estarán mejor, pero no hay espacio para todos”, señalan. “Esto no es una solución, es otro parche más”.
De hecho, los residentes han anunciado un bloqueo de la explanada si no se procede al desalojo de las barriadas al considerar que la medida no reduce la presión sobre la ciudad, sino que la desplaza de un punto a otro.

Controles
Fuentes policiales explican que, tras el traslado, los agentes trabajan contrarreloj en la filiación e identificación de miles de personas. Es un proceso imprescindible para determinar la situación administrativa de cada migrante: comprobar identidades, registrar huellas, verificar si existen antecedentes, y establecer quién puede solicitar protección internacional y quién debe iniciar un expediente de devolución. La concentración en espacios controlados -Loma Colmenar y Loma Margarita permite acelerar estos trámites, que hasta ahora eran prácticamente imposibles de realizar en los asentamientos dispersos del monte o en la propia playa.

