Entre quejas por su estado de salud y las torturas que -dice- sufrió en prisión, José Manuel Villarejo llegó a la Audiencia Nacional con una versión inédita hasta el momento, en el marco del caso Kitchen. Según dijo, el espionaje a Luis Bárcenas, en realidad, tenía como objetivo descubrir si era poseedor de información sobre un supuesto tráfico de armas del Rey don Juan Carlos, padre del actual jefe del Estado.
“La obsesión que tenían era si Bárcenas tenía información de tráfico de armas del Rey emérito con El Assir o no”, afirmó ante el tribunal. “Esa era la obsesión de Eugenio Pino, que decía además que era muy monárquico”, dijo, en relación al entonces DAO de la Policía Nacional, que había declarado justo antes que él sin mencionar nada de esto. Villarejo dio a entender que aportaba dicha información a regañadientes.
Según la versión de Villarejo, le ordenaron espiar a Luis Bárcenas en una reunión con el ex DAO de la Policía Nacional, Eugenio Pino, también encausado, y el entonces director general, Ignacio Cosidó, que dijo en su testifical desconocer todo el operativo de espionaje al extesorero del PP.

Le mandaron buscar una fuente del entorno de Bárcenas y entonces captó a Sergio Ríos, su chófer. Se convirtió en su confidente a cambio de pagarle 2.000 euros al mes de fondos reservados, es decir, de dinero público del Estado.
Todo lo enmarcó en una operación legítima y orquestada por Cosidó, el ex director general de la Policía Nacional, que ha eludido el banquillo. “Cosidó me dijo que había muchísimo interés en averiguar qué podría difundir que afectara a altas instancias de seguridad Estado por Bárcenas. De ahí que tuviera mucho interés en que hiciera bien mi trabajo, y por eso en alguna ocasión informé a Francisco Martínez”, añadió, en referencia al número dos del ministerio de Interior, también encausado.
Fue en ese punto en el que aseguró que el expresidente Mariano Rajoy estaba al tanto de sus movimientos: “Rajoy me pedía que le informara a través de terceros porque no se fiaba de las versiones que le podía dar el ministro. Si el fiscal tiene mis audios, verá que en una ocasión tengo una bronca con el secretario de Estado, al que digo ‘te informo para que tú informes al ministro’”.
Además, apuntó a que el expresidente del Gobierno, quien negó en su declaración conocer la operación parapolicial, intentó beneficiarse de sus indagaciones: “Aprovechó de esta operación legal y correcta de localizar bienes en el extranjero por si había algo que le afectaba a él pues trincarlo. Lo supe en 2017 y ahora a balón pasado. El secretario de Estado y el ministro fueron engañados por el genio de Rajoy que lo solucionaba todo con Cardhu”. Y añadió: “Visto lo visto, y a estas alturas, ojalá yo hubiera encontrado algo que afectara al señor Rajoy. Me hubiera hecho mucha ilusión”.
En cuanto a quién grababa, sostuvo que era Bárcenas quien almacenaba conversaciones con todo el mundo: “Me decían que grababa todo con un boli y petaca. Entendí que tenía informaciones que podían comprometer a sus relaciones con Rajoy”, especuló.

Villarejo fue interpelado por la presidenta de la Sala, Teresa Palacios, en varias ocasiones. Le espetó que no “estaba para hacerle un traje a nadie”, después de haber dicho que a Eugenio Pino “le quedaba grande” el puesto de DAO porque “no se enteraba de nada y estaba todo el día haciendo dibujitos de los uniformes y las medallas”. También aludió a la incompetencia de Francisco Martínez. Dijo que “no tenía ni idea de temas de Interior” y que tenía que haber sido secretario de Estado de cultura.
En un punto de su declaración, manifestó que le queda poco tiempo de vida. Muestra de que esta causa le importa bien poco, añadió, pese a que se enfrente a 19 años de prisión.
