Enrique García Castaño, excomisario de la Policía Nacional, es conocido como ‘El Gordo’ y por ser el imputado que decidió tirar de la manta y desvelar todos los entresijos de la operación Kitchen que se juzga estos días en la Audiencia Nacional. Explicó que todo fue una operación orquestada por el ministerio de Interior para interceptar la documentación que pudiera tener Luis Bárcenas de la denominada caja B del PP.
García Castaño fue imputado en la fase de instrucción por su participación en el caso. En su declaración de 2018, decidió colaborar con la Justicia para ganar beneficios procesales y confesó todo lo que sabía acerca de la operación. En 2022, sufrió un ictus que le benefició procesalmente. El juez archivó su imputación al considerar que se había quedado sin capacidad para ejercer su derecho a la defensa.

Si bien, esa confesión en la fase de instrucción sí que ha llegado a la recta final del juicio oral. De hecho, en la próxima sesión se va a escuchar dicha prueba gráfica de más de dos horas, a la que ha tenido acceso Artículo14.
En ella, incriminó a la mayoría de los protagonistas que hoy se sientan en el banquillo de los acusados y que tendrán que declarar justo después. Relató que a él le llegó una doble orden. Por un lado, “un operativo para investigar el patrimonio del señor Bárcenas en el extranjero, si tenía testaferros y tenía cuentas fuera”. Esto es, la coartada que intentan defender todos los encausados. Que la operación Kitchen fue legal para tratar de hallar el dinero ilícito de Luis Bárcenas.
García Castaño prosiguió: “Pero la otra parte que se me transmite a mí desde el Ministerio del Interior era en realidad descubrir si el señor Bárcenas se había llevado algunos discos duros de la sede del Partido Popular, en los que aparecía la financiación que se que había recibido del Partido Popular de donaciones”.

Y concretó: “Por un lado, las donaciones que se daban. Por otro lado, los pagos que hacía en B y los pagos que no hacía en B, todo ese tipo de cosas”, dijo en sede judicial, en unos audios a los que ha tenido acceso este periódico.
Él mismo se encargaba de vigilar al entorno del extesorero mientras estaba en Soto del Real, en prisión provisional: “Yo intenté conseguir información, buscar colaboradores, fuentes cercanas al entorno del señor o a su gente para saber dónde el señor que el señor tenía guardado cosas”, aseveró.
Así, consiguieron captar a su chofer, Sergio Rios, como confidente: “Yo me acerco al conductor, le ofrezco la colaboración, le ofrezco trabaje por el bien del Estado y que me dé información”. Y le pagó con fondos reservados, según estas grabaciones.
Por sus informadores, García Castaño supo que Bárcenas desde la cárcel había contactado con un preso informático para que destruyera unos audios que tenía en una nube. Unos archivos que, según la versión del extesorero, recogían el sonido de cómo el expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, trituraba papeles de la caja B.
Entonces, García Castaño envía a sus hombres a Soto del Real para que sigan al preso informático que iba a ayudar a Bárcenas: “Yo coloco a mi gente en la puerta de la cárcel y en la puerta de la cárcel comenzamos a vigilar. A ver dónde va, a ver si efectivamente se entrevista con alguien”, desvela. Al preso lo acabaron deteniendo antes de que finalizara su permiso y lo enviaron de vuelta a prisión.
Gracias a Ríos, García Castaño consiguió entrar en el estudio de la mujer de Bárcenas, Rosalía Iglesias. Aseguró que lo iban a tener contratado “hasta que se encontrara el botín que le encomienda el secretario de Estado o hasta que vieran los testaferros y el patrimonio del señor Barcena”.

Por último, en su declaración, a la que ha tenido acceso Artículo14, vertió sus sospechas de que Rajoy estaba detrás de todo: “Villarejo siempre hacía llegar las informaciones al presidente del Gobierno a través de un intermediario”, zanjó.

