Trabaja ocho horas al día, cobra alrededor de 1.300 euros al mes y paga su alquiler, el coche, la comida y los suministros. Aun así, Ana quiere estudiar una carrera universitaria. El problema aparece cuando intenta hacer compatibles las dos cosas. Su sueldo le permite mantenerse, pero, según relata, no le alcanza para asumir con facilidad el coste de la universidad; trabajar más horas, en cambio, terminaría quitándole el tiempo que necesita para estudiar.
Su experiencia, relatada en TikTok, ha convertido una situación personal en una reflexión más amplia sobre la educación en España y las dificultades que atraviesan algunos jóvenes cuando quieren continuar formándose sin depender económicamente de sus familias.
“Qué se supone que es lo que tengo que hacer cuando yo ya trabajo mis ocho horas”, plantea Ana antes de enumerar los gastos que afronta cada mes. La joven explica que paga vivienda, coche, comida, gasolina, agua, electricidad y el resto de costes ordinarios de una vida independiente. Y después de todo eso quiere seguir estudiando.
“Por desgracia mía me quiero sacar una carrera y quiero seguir estudiando”, ironiza.
1.300 euros de sueldo y 650 solo para el alquiler
Para explicar su situación, Ana hace las cuentas públicamente. Parte de un salario mensual de unos 1.300 euros y resta 650 euros destinados al alquiler. A esa cantidad añade unos 200 euros relacionados con el coche y después incorpora comida, suministros, combustible y otros gastos cotidianos.
“No me sobra nada”, resume.
Su caso conecta con uno de los principales problemas económicos que afrontan actualmente los jóvenes. El último Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España sitúa el alquiler medio en 1.176 euros mensuales, el equivalente al 98,7% del salario medio de una persona joven. El mismo informe señala que un 15,1% de los jóvenes compatibiliza estudios y trabajo.
La vivienda se convierte así en una pieza importante del debate sobre la educación en España. Estudiar no implica únicamente afrontar una matrícula. Para quienes tienen que independizarse o desplazarse aparecen también el alquiler, la alimentación, el transporte y los suministros.
Una estimación difundida este septiembre por Justalia calcula que alrededor de 240.000 estudiantes o sus familias podrían recurrir a financiación durante el curso 2026-2027 para afrontar los costes universitarios. Se trata de una estimación privada, no de un registro oficial, pero apunta al peso creciente que los gastos asociados a los estudios pueden adquirir en determinados hogares.
La beca que Ana asegura que no puede conseguir
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Ante esas dificultades, Ana cuenta que solicitó una beca, pero que su petición fue rechazada por superar el límite de renta establecido. “¿Para eso están las becas no? Pues me dicen que no me la dan porque superas la renta. ¿La renta de quién supero?”, se pregunta.
El sistema estatal de becas para el curso 2026-2027 establece distintos niveles de ayuda dependiendo de la renta y el patrimonio de la unidad familiar, además de otros requisitos académicos. No existe, por tanto, una única cifra válida para todos los estudiantes.
El denominado umbral 3 —el máximo que permite acceder a determinados componentes de la beca— está fijado, por ejemplo, en 14.818 euros anuales para una unidad familiar de una persona, 25.293 euros para dos y 34.332 euros para tres. Las cantidades aumentan conforme crece el número de miembros computables.
Sin conocer la solicitud completa de Ana no es posible determinar qué circunstancias provocaron la denegación. Su testimonio refleja, sin embargo, una paradoja que puede aparecer dentro de la educación en España: contar con ingresos laborales suficientes para superar determinados criterios económicos no significa necesariamente disponer de margen económico después de pagar vivienda y otros gastos.
Trabajar más para pagar la carrera significa tener menos tiempo para estudiarla
La alternativa aparentemente más inmediata sería incrementar los ingresos. Ana conoce bien esa posibilidad porque asegura que ya ha estado pluriempleada anteriormente.
El problema es puramente aritmético. “Si te pluriempleas y trabajas 40 horas en un trabajo y media jornada en otro trabajo quizás te puedes pagar la uni, pero para lo que no tienes tiempo es para estudiar”, explica.
Ahí aparece el círculo que atraviesa todo su relato: necesita trabajar para poder estudiar, pero aumentar las horas de trabajo amenaza precisamente su capacidad para continuar estudiando.
Los datos sobre abandono universitario aportan contexto a este problema, aunque no permiten atribuirlo exclusivamente a razones económicas. Según el Informe CYD 2025, el 22,1% de los estudiantes de grado abandona la titulación durante el primer año. Un 13,1% deja la universidad y otro 9% cambia de carrera.
La Fundación CYD advierte de que detrás del abandono existen numerosos factores, desde la orientación académica y la adaptación al grado hasta las circunstancias personales y económicas. La tasa de rendimiento del alumnado universitario se sitúa actualmente alrededor del 80%.
La opción del préstamo tampoco resuelve las cuentas
Otra posibilidad que Ana asegura haber escuchado es financiar los estudios mediante un préstamo. Tampoco lo contempla como una salida sencilla.
“Para pedir un préstamo resulta que tú tienes que poder pagar la cuota del préstamo”, explica. Su razonamiento vuelve al mismo punto inicial: si el salario prácticamente desaparece entre alquiler y gastos básicos, incorporar una nueva mensualidad supone añadir otra obligación económica a unas cuentas ya ajustadas.
El sistema público de becas trata precisamente de reducir el peso de esos costes. Para el curso 2026-2027, quienes se sitúan dentro del umbral 1 pueden acceder, entre otros componentes, a la beca de matrícula, una cuantía fija vinculada a la renta de 1.700 euros y hasta 2.700 euros adicionales cuando es necesario cambiar de residencia durante el curso.
Las ayudas disminuyen conforme aumenta la renta familiar hasta llegar al umbral 3, donde, cumpliendo los restantes requisitos, se mantiene fundamentalmente la cobertura de la matrícula y la posible ayuda por excelencia académica.
La educación en España y una frase que resume el problema
El testimonio de Ana no permite extrapolar su situación al conjunto de los universitarios, pero sí pone rostro a un problema reconocible: la dificultad de conciliar trabajo, vivienda y formación cuando no existe suficiente colchón económico.
El Consejo de la Juventud de España señala que incluso alcanzar estudios superiores ya no garantiza una independencia económica temprana. Solo el 20,4% de los jóvenes con educación universitaria está emancipado y el 39% de la juventud ocupada se encuentra en situación de sobrecualificación.
En ese escenario, el debate sobre la educación en España desborda las aulas. También tiene que ver con cuánto cuesta vivir mientras se estudia, quién puede permitirse reducir su jornada laboral, quién dispone de apoyo familiar y qué ocurre con quienes quedan fuera de las ayudas pero tampoco cuentan con margen suficiente para absorber nuevos gastos.
Ana termina su vídeo enfrentándose precisamente a uno de los tópicos que acompañan con frecuencia a las generaciones más jóvenes. Después de explicar que trabaja, que ya ha tenido más de un empleo y que aun así quiere continuar formándose, resume su situación en una frase: “Luego tengo que estar escuchando que los jóvenes no quieren estudiar. Sí quiero, pero no me dejas”.

