El doctor Neil Hopper era un reputado cirujano vascular del Royal Cornwall Hospital, en Reino Unido. Tenía 49 años, estaba casado y con dos hijos. Su especialidad consistía, entre otras cosas, en realizar amputaciones.
En 2019 su vida cambió. Aquel verano se fue de camping con su familia y contrajo una infección. La situación se complicó hasta derivar en una sepsis. Vio cómo sus pies empezaban a volverse azules, y supo lo que significaba. En casos extremos, cuando el tejido queda dañado de forma irreversible, la amputación es la única salida. Antes suelen intentarse otras vías, como reconstruir la zona afectada con piel y músculo de otras partes del cuerpo.

Pero Hopper tomó una decisión drástica. “Hablé con los médicos y decidí que lo mejor era llevar a cabo la amputación directamente, sin la agonía de operaciones y más operaciones”.
Él, que tantas veces había estado al mando en una mesa de operaciones, se convertía ahora en paciente.

El doctor Hopper no se vino abajo. Al contrario. Se presentó como un hombre que había sobrevivido y que estaba aprendiendo a caminar de nuevo. A los seis meses ya llevaba las prótesis. Y volvió al trabajo. Según él mismo, era el único cirujano del mundo con las dos piernas amputadas.
“Mi vida ahora es mucho más interesante que antes. Tengo una vida más activa, aunque parezca increíble” afirmó en una entrevista televisiva de la BBC.

Su historia parecía perfecta: el médico que había perdido las piernas, regresado al quirófano y convertido en un símbolo de lucha contra la adversidad.
Hasta que se descubrió la verdad.
Neil Hopper no había perdido las piernas por una sepsis. Todo se lo había provocado él, congelándose los pies.

¿Cómo se descubrió la verdadera historia?
Hopper era usuario de una web en la que se pagaba por ver vídeos extremos de mutilaciones corporales. Su responsable, Mario Gustavson, fue condenado por dirigir una red dedicada a ese tipo de prácticas. Incluyendo hombres amputándose los genitales. Y durante la investigación, la policía descubrió miles de mensajes entre Gustavson y el cirujano.
En esas conversaciones Hopper le hablaba de su deseo de ser amputado. “He soñado con esto durante 20 años” y “va a ser estupendo pasar por una doble amputación”. Después de la operación estaba exultante: “¡Mario, estoy genial sin pies!”.
Los investigadores encontraron la forma en la que se había provocado las lesiones. Fue el propio Mario el que le indicó cómo hacerlo. Utilizó hielo seco para congelar los pies, hasta causar un daño irreversible.
¿Qué es el hielo seco? Es dióxido de carbono en estado sólido, producto de la disminución de la temperatura y presión del CO2. Alcanza una temperatura de -78 ºC y los laboratorios lo utilizan para la conservación de órganos y congelación de tejidos y células.

En el juicio los peritos señalaron que Hopper sufría un trastorno relacionado con la imagen corporal. Desde niño detestaba sus pies. Los veía como una parte innecesaria de su cuerpo, algo que le provocaba rechazo y angustia. Aquella obsesión, mantenida durante años en silencio, terminó convertida en una amputación real.
En su declaración final el cirujano sostuvo que no se arrepentía de las amputaciones, sino de la forma falsa en que había actuado.
Fue condenado a dos años y ocho meses de prisión por fraude y posesión de pornografía extrema. Y a devolver los 550.000 euros de indemnización del seguro médico.

La caída profesional fue definitiva. Fue expulsado del colegio de médicos y ya no podrá ejercer como médico.
Pero el caso dejó una pregunta incómoda en el aire: ¿había afectado aquella obsesión a sus pacientes? Muchos se preguntaron si sus operaciones habían sido realmente inevitables. La sospecha es devastadora.

