El ‘combustible del monte’ acumula ya más de 2,3 millones de hectáreas sin uso por el abandono de la agricultura y la ganadería

La pérdida de cultivos, rebaños y aprovechamientos favorece la acumulación de vegetación seca y complica la extinción del fuego

Incendio de Burgohondo - Sociedad
Un hombre observa uno de los pinares arrasados por el incendio de Burgohondo (Ávila).
EFE/ Raúl Sanchidrián

Los incendios forestales no comienzan únicamente porque exista maleza, pero encuentran en los territorios abandonados una enorme reserva de vegetación capaz de alimentar las llamas. El denominado combustible del monte se ha extendido durante las últimas décadas al mismo ritmo que desaparecían cultivos, rebaños y aprovechamientos tradicionales en amplias zonas rurales de España.

WWF estima que al menos 2,32 millones de hectáreas habían quedado abandonadas o sin aprovechamiento agrario en 2019. La organización advierte de que la reducción de la agricultura y la ganadería extensiva elimina buena parte de quienes gestionaban el territorio de forma cotidiana, permitiendo que la biomasa se acumule y que los paisajes sean más vulnerables ante el paso del fuego.

La desaparición de estas actividades no origina por sí misma los incendios. Para que exista fuego sigue siendo necesaria una ignición, ya sea accidental, intencionada o provocada por causas naturales. Sin embargo, cuanta más vegetación seca y continua exista, mayor facilidad tendrán las llamas para avanzar, ganar intensidad y superar la capacidad de extinción.

Menos ganado para retirar vegetación del territorio

El pastoreo extensivo actúa como una desbrozadora natural. Ovejas, cabras y vacas consumen hierba, matorral y restos vegetales, abren discontinuidades en el paisaje y reducen el combustible del monte antes de que llegue el verano. Este trabajo se desarrolla durante todo el año y puede resultar especialmente útil en cortafuegos, montes públicos y zonas próximas a poblaciones.

El problema es que la cabaña ganadera y el número de explotaciones atraviesan una tendencia descendente. El Ministerio de Agricultura sitúa actualmente el censo ovino español alrededor de los 14 millones de animales y el caprino en unos 2,5 millones, mientras sus estadísticas reflejan una pérdida prolongada de cabezas y explotaciones.

“Falta ganado en los montes”, resume en 20 Minutos Felipe Molina, presidente de la Asociación Nacional de Ganaderos y Ganaderas en Extensivo. Su organización reclama que los rebaños sean remunerados por el servicio ambiental que prestan, del mismo modo que las administraciones pagan tratamientos selvícolas, desbroces mecánicos o trabajos preventivos.

Interovic recuerda que más de 250.000 familias dependen en España del ovino y el caprino, muchas de ellas asentadas en territorios afectados por la despoblación. La organización sostiene que “allí donde pasta el ganado la vegetación se reduce y con ella el riesgo de propagación de las llamas”.

Un problema económico antes que forestal

El 'combustible del monte' acumula ya más de 2,3 millones de hectáreas sin uso por el abandono de la agricultura y la ganadería
Vista de los efectos provocados por el incendio en Aldea del Fresno (Madrid).

Reducir el combustible del monte no consiste únicamente en enviar cuadrillas durante las semanas previas al verano. España cuenta con más de 27 millones de hectáreas forestales, una superficie demasiado extensa para mantenerla exclusivamente mediante desbroces financiados por las administraciones.

La prevención necesita que el territorio vuelva a tener utilidad económica. La extracción de madera, el aprovechamiento de la biomasa, la resina, el corcho, los cultivos, la ganadería y otras actividades rurales pueden mantener paisajes más diversos y fragmentados. Cuando esas fuentes de ingresos desaparecen, el monte queda sin gestión y la vegetación forma grandes extensiones continuas.

El propio Plan Forestal Español identifica desde hace años la falta de rentabilidad, el abandono de las leñas, la ganadería extensiva y otros usos tradicionales como obstáculos para mantener una planificación forestal adecuada. La propiedad fragmentada y el coste de intervenir en terrenos abruptos agravan todavía más el problema.

La despoblación convierte así una crisis económica y social en una amenaza ambiental. Sin habitantes, explotaciones ni empresas que obtengan valor del territorio, resulta mucho más difícil conservar caminos, vigilar el monte y reducir la biomasa acumulada durante el invierno.

Gestionar el paisaje antes de que comiencen las llamas

El 'combustible del monte' acumula ya más de 2,3 millones de hectáreas sin uso por el abandono de la agricultura y la ganadería
Efectivos de bomberos trabajan en Betxí (Castellón).
Efe

Los especialistas plantean combinar varias herramientas. Junto al pastoreo y la recuperación de cultivos aparecen la selvicultura, los aprovechamientos forestales, las quemas prescritas y la creación de mosaicos que alternen bosques, pastizales y terrenos agrícolas.

El CREAF defiende recuperar paisajes agroforestales capaces de convivir con el fuego sin que este alcance necesariamente dimensiones catastróficas. Sus investigadores señalan que conservar espacios abiertos y discontinuidades puede beneficiar también a aves, polinizadores y otros animales asociados a los cultivos y pastizales.

La clave está en intervenir durante todo el año. Cuando llega el verano, las administraciones pueden movilizar aviones, helicópteros y miles de efectivos, pero buena parte de la batalla ya se ha decidido durante los meses anteriores. El fuego se combate en agosto, pero el combustible del monte debe reducirse en invierno.

Recuperar la agricultura y la ganadería extensiva no eliminará los incendios. Sí puede ofrecer a los equipos de extinción paisajes menos continuos, llamas menos intensas y más oportunidades para detenerlas antes de que alcancen pueblos, viviendas y espacios naturales.

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