Crónica negra

El mensaje tras asesinar a sus padres: “Fiesta en mi casa. ¡Venid todos!”

Organizó una fiesta en su casa para 60 amigos. Nadie sabía que los cadáveres de los padres se encontraban en la habitación de al lado

La tarde del 16 de julio de 2011, Tyler Hadley, un chico de 17 años, puso un mensaje en Facebook: “Fiesta en mi casa esta noche…¡venid todos!”.

Tyler era un adolescente que estaba teniendo problemas en el instituto. Con cierta inestabilidad emocional y consumo ocasional de drogas. Sus padres, Blake y Mary, le prohibieron salir ese fin de semana. Querían orden, disciplina, límites. Una idea razonable cuando tienes un hijo que empieza a desmadrarse.

Tyler con sus padres.

Tyler, sin embargo, tenía otras ideas. Quería hacer una fiesta en casa. Obviamente los padres se negaron.

Blake y Mary se convirtieron en un estorbo. Y entonces el adolescente acometió un plan propio de un psicópata: eliminar a sus padres. Bajó al sótano, cogió un martillo y volvió arriba. Su madre estaba sentada frente al ordenador. Se colocó detrás de ella. Y empezó.

Los golpes fueron brutales, repetidos, hasta matarla.

Cuando su padre acudió al escuchar el ruido, Tyler se escondió detrás de la puerta y por sorpresa le agredió con el martillo hasta acabar con su vida.

El martillo con el que Tyler asesinó a sus padres.

Arrastró los cuerpos hasta el dormitorio conyugal y empezó a apilar encima de ellos todo lo que pudiera tapar los cuerpos: libros, toallas y muebles. El olor a sangre empezaba a ser insoportable así que usó lejía para limpiar las paredes y los suelos.

Restos de sangre encontrados en el dormitorio.

Cuando la música empezó a sonar fuerte y unos 60 adolescentes llenaron la casa, Tyler se volvió el perfecto anfitrión. Repartía cigarrillos, servía bebidas y saludaba a todos. La fiesta estaba a solo unos metros de la puerta de la habitación donde sus padres estaban bajo una montaña de cosas.

Los cuerpos de Blake y Mary, debajo de una montaña de cosas.

Michael era su mejor amigo. Al poco tiempo de empezar la fiesta, Tyler le dijo algo al oído. “Me contó que había matado a sus padres. Pensé que era una broma” recordaría Michael.

Como éste no le creía, Tyler le pidió que le siguiera, cruzando el pasillo lleno de gente que reía y bailaba, hasta el dormitorio principal. Al abrirlo, el olor a lejía y a descomposición le pegó a Michael como un puñetazo. En ese momento vió una pierna sobre un charco de sangre.

Fue entonces cuando ocurrió una de las cosas que revelan la frialdad de Tyler: se hizo un “selfie”. En la foto, símbolo de la mente de un psicópata, Tyler mira a la cámara tan tranquilo, mientras Michael, con los ojos rojos por el terror, intenta entender lo que su amigo acababa de hacer.

El selfie que el asesino y su amigo se hicieron pocos minutos después de ver los cadáveres.

Después de que Michael lograra salir de la casa y llamar a la policía, los agentes encontraron a Tyler todavía en la fiesta, despidiendo a los últimos invitados. No hubo lágrimas, ni disculpas, ni un ataque de nervios.

Estado de la casa cuando llegó la policía.

La condena a cadena perpetua que recibió fue recibida con la misma mirada sin expresión que mostró con el martillo. En las historias de crímenes reales, Tyler no es solo un parricida. Para él, la vida de sus padres era un obstáculo logístico.

Tyler en una entrevista concedida en prisión.