Hay aficiones que nacen por herencia, por barrio, por ciudad o por país. Y otras aparecen por el azar y la admiración. La de Liza Salina, rusa-estadounidense residente en Los Ángeles, empezó hace casi dos décadas viendo jugar a la selección española. A sus 37 años, nunca ha vivido en España, no tiene familia española y apenas habla el idioma. Sin embargo, organiza su vida durante el Campeonato del Mundo de fútbol alrededor de los partidos de La Roja. Sin miedo, viaja sola al estadio, se viste de pies a cabeza con los colores de nuestra selección y ha encontrado en un bar de Los Ángeles una comunidad de aficionados españoles que la ha acogido como una más. Antes del duelo de cuartos de final del Mundial de España contra Bélgica, Liza habló con Articulo14. Una hincha ruso americana con alma española que nos demuestra que la pasión por el fútbol es también una forma de pertenecer a un país, aunque el lugar de nacimiento quede a miles de kilómetros.
Pregunta. Usted nació en Rusia y creció en Estados Unidos. ¿Cómo acabó convirtiéndose en una de las mayores seguidoras de la selección española?
Respuesta. Fue una historia muy curiosa. Todo empezó en la Eurocopa de 2008. Rusia, a la que yo apoyaba, perdió contra España en semifinales y pensé que, si España terminaba ganando el torneo, al menos la derrota tendría sentido. Así que empecé a animarles. Al principio, lo reconozco, tenía 19 o 20 años y me llamaban mucho la atención jugadores como Sergio Ramos, Fernando Torres o David Villa por su atractivo físico. Sergio Ramos era mi favorito. Pero muy pronto dejó de ser una cuestión de jugadores. Me enamoré de la forma en la que España jugaba al fútbol. Era como ver una partida de ajedrez. Había inteligencia, paciencia y creatividad. Desde entonces nunca dejé de seguir a la selección.

P. ¿Su relación con el fútbol venía de antes?
R. Sí. Mi primer gran recuerdo es el Mundial de 1998. Estaba viajando por Europa con mi familia cuando vimos la final entre Francia y Brasil. Aquella experiencia me marcó. Me fascinó la manera en la que el fútbol conseguía detener un país entero y unir a millones de personas delante de una pantalla. Desde entonces siempre he seguido los grandes torneos.
P. ¿Jugó alguna vez al fútbol?
R. Nunca. Mi relación con este deporte siempre ha sido como espectadora. Nunca lo practiqué, pero eso no ha impedido que me apasionara.
P. ¿En su familia también existe esa afición?
R. La parte de mi familia que vive en Estados Unidos no sigue demasiado el fútbol. En cambio, la familia que vive en Europa sí está mucho más pendiente. En casa solemos reunirnos para ver la Eurocopa, el Mundial o algunos partidos importantes de competiciones europeas.
P. Hace unos días fue al SoFi Stadium para ver a España. En Los Ángeles eso supone casi una excursión: entradas caras, mucho tiempo de transporte y un día entero dedicado al partido. ¿Qué le empujó a hacerlo?
R. Sentía que era una oportunidad única. No todos los días puedes ver jugar a la selección que apoyas en la ciudad donde vives. Al principio las entradas eran demasiado caras y no podía permitírmelas. Pero cuando España avanzó de ronda decidí que tenía que estar allí. Era una ocasión que quizá no vuelva a repetirse y no quería arrepentirme de haberme quedado en casa.

P. Además fue sola.
R. Sí. Creo que era el primer partido al que iba completamente sola. Pero no era algo que me intimidaba. He viajado sola muchas veces y disfruto mucho haciéndolo. Me gusta pensar que soy una persona abierta y que hago amigos con facilidad. Siempre termino hablando con alguien.
P. ¿De dónde nace esa facilidad para conectar con desconocidos?
R. Empecé a viajar sola cuando estaba en el instituto. Hice un viaje de mochilera por Europa y fui conociendo gente en prácticamente todas las ciudades. Desde entonces descubrí que basta con acercarse con curiosidad y una sonrisa. La mayoría de las personas responde de la misma manera. Me encanta conocer historias nuevas y compartir experiencias.
P. ¿Ha estado muchas veces en España?
R. Sí, varias. He visitado Madrid, Barcelona e Ibiza. Siempre he viajado acompañada, nunca sola, aunque es algo que me gustaría hacer en el futuro. Además tengo varios amigos españoles y cada viaje me deja con ganas de volver.

P. El día del partido apareció completamente vestida con los colores de España. ¿Tiene algún ritual?
R. Claro. Tengo mi bandera española y una camiseta de la selección que compré en Madrid en 2018, cuando visité el Santiago Bernabéu. También compré una bufanda. Me gusta preparar todo con antelación. Para este partido encontré unos pantalones amarillos y unas botas rojas, así que prácticamente iba vestida con la bandera de España. Antes me pintaba toda la cara con la bandera, aunque ahora prefiero llevar solo unas pequeñas banderas en las mejillas. Ese día ni siquiera llevaba pintura, pero por suerte había gente fuera del estadio pintando las caras de los aficionados.
P. Cuando España juega y usted no puede ir al estadio, ¿dónde ve los partidos?
R. Ahora casi siempre en el 33 Taps del centro de Los Ángeles. Llegué allí gracias a una casualidad. Usted juega al pickleball con su madre y ella me habló del lugar donde se reunían los españoles para ver los partidos. Desde entonces voy casi religiosamente. He conocido allí a mucha gente y ahora tenemos un grupo fijo con el que vemos los encuentros. He encontrado mi pequeña comunidad española.
P. ¿Y cómo la recibieron?
R. Con muchísimo cariño. Nunca me hicieron sentir una extraña. Todo lo contrario. En cuanto llego siempre hay alguien que viene a saludarme o a comentar el partido. Apenas hablo español, aunque entiendo bastante por haber crecido en Los Ángeles, donde el idioma está muy presente. Pero el fútbol rompe esa barrera enseguida. Cuando todos animan al mismo equipo, el idioma pasa a un segundo plano.
P. También rompe algunos estereotipos. Todavía hay quien piensa que una mujer vive el fútbol con menos intensidad.
R. Creo que eso está cambiando. Cada vez somos más mujeres siguiendo el fútbol con auténtica pasión. Vamos al estadio, discutimos alineaciones, sufrimos y celebramos igual que cualquiera. A mí nunca me ha interesado demostrar nada. Simplemente disfruto del deporte y de todo lo que genera alrededor. El fútbol también es un espacio para crear comunidad y hacer amistades.
P. ¿Cómo consigue compatibilizar esa pasión con su trabajo?
R. Trabajo en marketing para una empresa de inteligencia artificial y, normalmente, consigo organizarme. Durante un Mundial es más complicado porque el fútbol ocupa mucho espacio en mi cabeza. Además sigo bastante LaLiga y procuro ver al menos partes de muchos partidos. Soy muy aficionada al Real Madrid, aunque reconozco que perdí algo de entusiasmo cuando Sergio Ramos dejó el club. Siempre fue mi jugador favorito.
P. ¿Y ahora quién es su futbolista preferido de la selección?
R. Mikel Oyarzabal. Me parece que está haciendo un torneo extraordinario. Pero la realidad es que España tiene un equipo muy completo. Lamine Yamal es un talento increíble, Rodri aporta equilibrio y liderazgo… Es un grupo muy sólido.
P. ¿Cree que España puede ganar el Mundial?
R. Sí, sinceramente lo creo. Llegan como campeones de Europa y juegan con muchísima confianza. Tienen calidad en todas las líneas y, sobre todo, juegan como un equipo. Ojalá lleguen hasta el final.
P. Si lo consiguen, ¿cómo piensa celebrarlo?
R. Ya estoy organizando una gran reunión en mi casa. Quiero invitar a todos mis amigos españoles para ver juntos la final. Pase lo que pase, será una celebración del fútbol y de las amistades que este deporte me ha regalado. Al final, eso es lo más bonito de apoyar a un equipo que nació tan lejos de donde yo nací: descubrir que el sentimiento de pertenencia también puede elegirse.
P: Piensa ir a España a ver el Mundial del 2030
R. Sí. Ya lo estoy planeando. Quiero quedarme un mes allí viendo partidos y disfrutando de España.

