Jordi Évole, periodista: “Me gustaría que la respuesta fuese que al periodismo lo salvó Vito Quiles”

Jordi Évole utiliza el fenómeno Vito Quiles para reflexionar sobre la diferencia entre periodismo, activismo político y provocación viral

Jordi Évole - Sociedad
El comunicador Jordi Évole, tras recibir el premio MojoInnova 2024.
EFE/Marta Pérez

Jordi Évole ha utilizado la figura de Vito Quiles para lanzar una advertencia sobre el futuro del periodismo. Durante su participación en el Festival de las Ideas y la Cultura, celebrado en Rivas-Vaciamadrid, el periodista imaginó una respuesta provocadora a una pregunta que atraviesa actualmente a toda la profesión: quién conseguirá salvarla de la pérdida de confianza, la polarización y la confusión entre información y activismo.

“A mí me gustaría que la respuesta de aquí a 20 años fuese que al periodismo lo salvó Vito Quiles. Porque al final se descubrió lo que era”, afirmó Évole ante el público.

La frase no era un elogio, sino una ironía. Évole planteó que la actividad de Quiles podría terminar funcionando como un límite visible, una forma de mostrar qué ocurre cuando la búsqueda de información queda subordinada a la provocación, la ideología y el impacto inmediato en las redes sociales.

“Aquello no era periodismo”

El periodista completó su reflexión imaginando que, dentro de dos décadas, la sociedad pudiera decir: “Gracias a Vito Quiles hoy creo en el periodismo porque aquello no era periodismo”.

Su argumento parte de una preocupación muy extendida dentro de los medios: cada vez resulta más difícil diferenciar entre un profesional que pregunta para obtener información y un creador de contenido que busca una reacción capaz de convertirse en vídeo viral.

Las redes premian el conflicto, la interrupción y el enfrentamiento. Una pregunta serena puede pasar inadvertida, mientras que una persecución por un pasillo o una discusión a las puertas del Congreso puede acumular millones de reproducciones.

El riesgo aparece cuando la visibilidad se convierte en la única medida de calidad. Tener más alcance no implica necesariamente aportar más información, contextualizar mejor los hechos o someter al poder a un control más riguroso.

La comparación entre Évole y Vito Quiles

Durante su intervención, Jordi Évole también respondió a quienes comparan la actividad actual de Quiles con la etapa en la que él perseguía a dirigentes políticos delante de las cámaras de Salvados o cuando todavía interpretaba al Follonero.

Évole recordó su insistencia con Juan Cotino, antiguo vicepresidente de la Generalitat Valenciana, por su responsabilidad política alrededor del accidente de metro ocurrido en Valencia. Según explicó, buscaba a un cargo público que se negaba a conceder entrevistas sobre una tragedia con decenas de fallecidos.

“Yo perseguía a un político con 40 muertes detrás y no quería dar ninguna entrevista”, señaló. A su juicio, la diferencia se encuentra en la finalidad: él intentaba obtener respuestas sobre un asunto concreto de interés público, mientras que Quiles se sitúa en la puerta del Congreso para abordar a dirigentes seleccionados desde una posición ideológica previa.

Évole considera que no toda persecución con una cámara es automáticamente periodismo incómodo. La legitimidad depende de qué se pregunta, qué información se busca, qué hechos respaldan la actuación y si se aplican los mismos criterios a todos los protagonistas.

Periodismo incómodo o espectáculo político

Vito Quiles
Vito Quiles.

Vito Quiles ha construido una parte importante de su notoriedad mediante vídeos breves en los que interpela a políticos, periodistas y personajes públicos. Sus seguidores defienden que realiza preguntas que otros medios no se atreven a formular y que rompe la comodidad de los representantes institucionales.

Sus críticos, en cambio, sostienen que muchas de esas intervenciones no pretenden conseguir una respuesta, sino provocar una escena. La pregunta funciona entonces como una declaración política, mientras la reacción del interlocutor se transforma en contenido para las redes.

El debate no consiste en decidir si un periodista puede ser insistente. La profesión está obligada a incomodar al poder y a preguntar incluso cuando el entrevistado preferiría guardar silencio. La cuestión es si existe una investigación detrás, si se ofrece contexto y si la verdad importa más que el rendimiento del vídeo.

Una pregunta puede ser agresiva y estar plenamente justificada. También puede parecer valiente y ser únicamente una herramienta para confirmar los prejuicios de una audiencia.

La resistencia frente a los algoritmos y las corporaciones

La intervención de Jordi Évole formó parte de una conversación más amplia junto a Silvia Intxaurrondo e Ignacio Escolar sobre el presente de los medios, la influencia de los algoritmos y el deterioro de la conversación pública.

Évole defendió la necesidad de que el periodismo resista las presiones de las grandes corporaciones y de quienes pretenden imponer un seguimiento acrítico de determinadas ideas. “No dejar amedrentarnos por los que quieren que estemos callados, nosotros y vosotros”, sostuvo.

El periodista situó así el problema en un escenario más amplio que la figura de Quiles. Los medios tradicionales atraviesan una crisis económica, compiten contra plataformas que distribuyen contenidos sin producirlos y dependen cada vez más de algoritmos que favorecen las emociones intensas.

En ese entorno, la indignación es rentable y la precisión suele avanzar mucho más despacio. El periodismo tiene que competir por la atención sin aceptar que todas las reglas las establezcan las redes sociales.

TAGS DE ESTA NOTICIA