La Guardia Civil quiso detener a una familia de Ávila por cortar unos árboles para detener el incendio

Los agentes intentaron detenerlos cuando cortaban árboles para proteger un restaurante amenazado por el fuego de Burgohondo

CASAVIEJA (ÁVILA), 27/07/2026.- Varios coches calcinados en la localidad de Casavieja (Ávila), este lunes. En la provincia de Ávila, hay 15 localidades evacuadas: Sotillo de la Adrada, Navahondilla, Casillas, Santa María del Tíetar, La Adrada, Piedralaves, Casaviaje, Burgohondo, Hoyo de Pinares, Villanueva de Ávila, Pedro Bernardo, Higuera de las Dueñas, Gavilanes, Mijares y Fresnedilla, así como la urbanización La Atalaya de El Tiemblo. En Ávila se encuentran confinadas Navaluenga, El Tiemblo y Cebreros. EFE/Raúl Sanchidrián
Varios coches calcinados en la localidad de Casavieja (Ávila).
EFE/Raúl Sanchidrián

Las llamas se acercaban al restaurante y la familia Gómez tomó una decisión desesperada: cortar varios árboles para intentar abrir una separación entre el fuego y el negocio. Según relata en El País Jesús Gómez, hostelero de 56 años, la intervención provocó un enfrentamiento con los agentes desplegados durante el incendio en Ávila.

«La Guardia Civil nos quería detener por cortar unos árboles para que no llegara el fuego al restaurante», asegura. Su respuesta, en medio de la tensión y después de horas luchando contra las llamas, fue igualmente directa: «¡Póngame los grilletes!».

No existe por ahora una versión oficial que confirme que los agentes llegaran a iniciar una detención o unas diligencias contra la familia. El episodio se conoce a través del testimonio de los Gómez en El País, una familia vinculada a la hostelería y al entorno rural del Valle de Iruelas que participó directamente en la defensa de viviendas, caminos y negocios.

Una familia rodeada por el fuego

El incendio en Ávila convirtió el entorno del embalse de El Burguillo en un paisaje cubierto de humo, árboles carbonizados y construcciones destruidas. El camping del Valle de Iruelas sufrió daños devastadores: bungalós derretidos, vehículos reducidos a estructuras metálicas y parcelas enteras arrasadas.

La familia Gómez contempló cómo el fuego amenazaba la economía de una zona que vive en buena medida del turismo rural, la restauración y los alojamientos. Jesús trabaja en un establecimiento cercano, mientras su pareja, María José Hernández, regenta un hostal en El Barraco.

Sus hijos también se implicaron en las tareas de emergencia. Erick Gómez, antiguo trabajador de brigadas forestales, ayudó a evacuar en una barca a seis personas atrapadas en La Rinconada, entre ellas dos guardias civiles. Su hermano Nick pasó la noche colaborando con grupos voluntarios para apagar focos próximos a Val de San Martín.

La familia no permaneció como simple espectadora: utilizó herramientas, vehículos y conocimientos forestales para defender el territorio, aunque esas actuaciones también generaron tensión con las autoridades encargadas de coordinar la emergencia.

El corte de árboles y el riesgo de actuar sin coordinación

Incendio en Ávila
Zonas quemadas en los alrededores del embalse de El Burguillo debido al incendio que se originó en Burgohondo (Ávila).
EFE

Abrir un cortafuegos puede ayudar a reducir la continuidad de la vegetación y dificultar el avance de las llamas. Sin embargo, cortar árboles durante un incendio activo también implica riesgos considerables.

La caída de un tronco puede bloquear un camino de evacuación, herir a quienes trabajan en la zona o modificar el comportamiento inmediato del fuego. El uso de motosierras y maquinaria puede además generar accidentes en un escenario con humo, viento cambiante y escasa visibilidad.

Por ese motivo, los operativos de emergencia intentan controlar las actuaciones particulares dentro del perímetro. Los vecinos, sin embargo, aseguran que en las primeras horas se vieron obligados a actuar porque percibían una falta de medios y temían perder sus viviendas y negocios.

El episodio de los árboles refleja ese choque entre dos lógicas. La familia pretendía proteger el restaurante de una amenaza inmediata; los agentes debían evitar que personas no integradas en el dispositivo asumieran riesgos o interfirieran en las operaciones.

La indignación por las primeras horas del incendio

Los Gómez sostienen que la respuesta institucional tardó demasiado en alcanzar algunas zonas. Karen Gómez, de 28 años, atribuye la magnitud de la destrucción al «descontrol de siempre» y afirma que inicialmente faltaron medios aéreos pese a la proximidad del embalse.

Su madre comparte esa sensación. «Se estaba quemando todo y no había nadie», lamenta María José Hernández al recordar las primeras horas del incendio en Ávila.

Estas acusaciones forman parte del testimonio vecinal y no significan que no existiera un operativo. La emergencia obligó posteriormente a movilizar a miles de profesionales, efectivos de la Junta de Castilla y León, bomberos llegados de otras provincias, Guardia Civil, Protección Civil y Unidad Militar de Emergencias.

El problema, según los habitantes de las áreas más expuestas, fue el tiempo transcurrido hasta que ese despliegue consiguió llegar a todos los frentes. En un incendio rápido, unos minutos pueden separar una intervención posible de la pérdida completa de una vivienda.

Una barca para escapar de las llamas

Incendio en Ávila
Zonas quemadas en los alrededores de el embalse de El Burguillo por el incendio que se originó en Burgohondo (Ávila).
EFE

Uno de los momentos más extremos se produjo en La Rinconada, una pequeña población situada entre la arboleda y el pantano. Un grupo de vecinos y visitantes quedó atrapado cuando el fuego cerró las salidas terrestres.

Erick Gómez utilizó una barca para sacar a seis personas por el embalse. Entre los evacuados había dos agentes que se habían desplazado hasta el lugar para evaluar la situación. Mientras tanto, algunos caballos entraban en el agua para alejarse del calor y del humo.

La evacuación resume la magnitud del caos vivido en el entorno. Las carreteras se volvieron impracticables, los árboles cayeron sobre los caminos y numerosos residentes tuvieron que decidir en pocos minutos si abandonaban sus propiedades.

Horas después, los mismos vecinos continuaban retirando troncos, apagando rescoldos y vigilando posibles reactivaciones, agotados y sin apenas haber dormido.

Una familia marcada por tres incendios

Para Jesús Gómez, esta no es la primera vez que el fuego amenaza su forma de vida. Asegura que una empresa de pinturas que tenía en Madrid quedó destruida en un incendio y que el seguro no cubrió las pérdidas. Más tarde abrió otro restaurante que también acabó ardiendo.

El de Burgohondo es, según explica en El País, su tercer gran encuentro con las llamas. En esta ocasión, tanto el restaurante donde trabaja como el hostal de su pareja lograron resistir, aunque el paisaje del que dependen ha sufrido daños enormes.

La preocupación ya no se limita al estado de los edificios. Los negocios turísticos del Valle de Iruelas necesitan que regresen los visitantes, pero la destrucción del bosque puede afectar durante meses o años a la actividad económica.

«La gente tiene que venir. Si no, ¿de qué vivimos?», resume María José. El incendio en Ávila no solo ha quemado vegetación: ha puesto en peligro empleos, ahorros y proyectos familiares construidos alrededor del territorio.

El origen del incendio, bajo investigación

Incendio en Ávila
Parte del Parque Natural del Valle de Iruelas arrasada por el incendio de Burgohondo (Ávila).
EFE

La Guardia Civil ha detenido a una persona e investiga a otra por su posible responsabilidad en el inicio del fuego. La investigación apunta al uso de maquinaria pesada en una zona donde esa actividad estaba prohibida por el elevado riesgo.

Según el Seprona, el funcionamiento de la maquinaria habría producido las chispas que originaron el incendio. Los responsables tampoco habrían contado con la autorización necesaria ni con los medios preventivos exigidos.

Esta investigación no guarda relación con la actuación posterior de la familia Gómez junto al restaurante. Una cosa es esclarecer cómo comenzó el fuego y otra determinar qué ocurrió durante el enfrentamiento entre los agentes y los vecinos que cortaban los árboles.

Mientras esas preguntas siguen abiertas, el testimonio de la familia muestra el grado de desesperación alcanzado durante el incendio en Ávila: vecinos convertidos en improvisados equipos de extinción, negocios defendidos con motosierras y una discusión sobre quién podía actuar cuando las llamas ya estaban a las puertas.

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