Eclipse de Sol

La idea de mamá y 700.000 gafas después: “¿Y si creo el próximo Amazon?”

Una visita a su abuela llevó a Nuño Ibáñez hasta un pequeño observatorio de Burgos. Su madre vio una oportunidad y un año después, este ingeniero de 29 años ha vendido más de 700.000 gafas para el eclipse y ya piensa en su siguiente aventura. "Ahora mismo lo veo todo posible", nos dice

Su madre le dijo: "Oye, Nuño, ¿por qué no te encargas de vender las gafas del eclipse?"
Su madre le dijo: "Oye, Nuño, ¿por qué no te encargas de vender las gafas del eclipse?"
Kiloycuarto

Las 700.000 (y más) gafas de Nuño Ibáñez es una de las anécdotas más singulares que dejará el eclipse solar este 12 de agosto en España. La idea nació de una visita a su abuela con su madre y de una intuición femenina, o llámese sexto sentido, que, según la sabiduría popular, nunca se equivoca. Y esta vez acertó de pleno.

Era verano y estaban en Lodoso, un pequeño pueblo burgalés de medio centenar de habitantes al que Nuño está unido desde niño. Allí acudieron a una charla en el observatorio astronómico local y escucharon hablar del acontecimiento que, un año después, iba a colocar a nuestro país en el mapa de los aficionados a la astronomía: el eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026.

Pasaron los meses. Nuño siguió con su vida hasta que una noticia volvió a poner el eclipse delante de sus ojos. La Diputación de Burgos había invitado al rey Felipe VI a contemplarlo desde la provincia y se insistía en la necesidad de utilizar protección adecuada para mirar al Sol. Entonces habló su madre. Ama de casa y conocedora de la inquietud empresarial de su hijo, fue ella quien vio el negocio. “Oye, Nuño, ¿por qué no te encargas de vender las gafas del eclipse?”, le planteó. “Mamá, acabas de tener la mejor idea del mundo”.

Nuño Ibáñez, CEO y fundador de Astronomía Visión Certificada

Su padre es camionero autónomo y Nuño había mostrado desde pequeño facilidad para comerciar y negociar. Sin embargo, la idea que está detrás del mayor éxito empresarial de su hijo fue de su madre, que, simplemente vio una necesidad. Un año después, aquella ocurrencia se ha convertido en un negocio que ha distribuido más de 700.000 gafas certificadas para observar el eclipse y ha convertido a este ingeniero mecánico e industrial burgalés de 29 años en uno de los inesperados protagonistas empresariales del fenómeno astronómico del verano.

“Todavía no soy consciente de lo que hecho”

Su empresa, Astronomía Visión Certificada, distribuye en España gafas fabricadas en Estados Unidos y ha ido extendiendo su actividad por Europa. El primer gran salto llegó cuando consiguió una licitación para suministrar 110.000 unidades al Gobierno de Navarra. A partir de ahí, explica, la confianza de administraciones y empresas comenzó a multiplicarse. El crecimiento ha sido tan rápido que cabría imaginar que el joven empresario contempla las cifras con cierta sensación de vértigo. No es así. “La verdad es que vértigo no. Creo que todavía no soy consciente de lo que he hecho. Seguramente me daré cuenta cuando termine todo esto”, nos explica.

Gafas de Nuño Ibáñez

Hasta a él le cuesta asumir la dimensión alcanzada. “Es una locura. Esta cantidad de gafas es una barbaridad. Nunca habría imaginado alcanzar esta cifra. Nunca”. Pero hay algo que quiere dejar claro: detrás del aparente pelotazo existe mucho trabajo. “Visto desde fuera puede parecer que hemos pasado de cero a 700.000 gafas de repente, pero detrás hay muchos meses, muchísimas horas, negociaciones, conversaciones y decisiones. No me han regalado nada. Hay mucho mérito y muchísimo trabajo detrás, y eso me enorgullece”. No siente que alguien lo haya colocado de pronto en lo alto de un rascacielos, sino que ha ido ascendiendo planta a planta. “Poco a poco y construyendo bien los cimientos”, remata.

Antes fue electricista, pintor, repartidor…

Antes de las gafas tuvo otras muchas tentativas. Se formó como ingeniero mecánico e industrial, fue becario y participó en el programa Next Gen Renault Graduates. Podía haber seguido una carrera relativamente convencional en la industria del automóvil, pero decidió marcharse de mochilero por Asia.

Después llegó Australia, donde trabajó de electricista, pintor y repartidor de Uber Eats mientras continuaba probando proyectos propios. Ya había creado una web para reservar pistas de pádel en urbanizaciones y después desarrollaría otra destinada a gestionar citas de centros de estética.

De Australia se trajo la convicción de que emprender podía consistir también en probar. “Creo que así empiezan muchas historias de éxito. Empiezas haciendo algo, ves que funciona, compruebas que existe interés y eso te permite arrancar”, cuenta a Artículo14. Su experiencia fuera de España también ha marcado su opinión sobre las dificultades que encuentra aquí un joven que quiere iniciar un pequeño negocio. Habla de fiscalidad, de cuotas y, sobre todo, de las barreras que aparecen cuando alguien todavía no sabe si su idea funcionará. “Si te arriesgas -que ya es complicado arriesgar-, lo más probable es que al principio las cosas no salgan bien. Tienes que aprender muchísimo”.

También buscó ayudas para instalar la empresa en el medio rural. Actualmente está empadronado en Palacios de la Sierra y llegó a estudiar si establecer la sede fiscal en un pueblo burgalés podía facilitarle alguna subvención. “Pensé: si pongo la sede fiscal de la empresa en un pueblo, quizá exista algún tipo de ayuda. Al fin y al cabo, estoy intentando montar una empresa allí y eso puede contribuir a que haya actividad empresarial. Pero no encontré ninguna ayuda. Tengo menos de 30 años y, de momento, tampoco he recibido ninguna ayuda por ser joven”.

Su otra socia: la IA

Si su madre aportó la idea, Nuño atribuye buena parte de la capacidad para desarrollarla a la inteligencia artificial. La utiliza para investigar, organizar información, gestionar pedidos y resolver problemas que, con una estructura empresarial pequeña, habrían requerido mucho más tiempo o más personal. “La inteligencia artificial te permite jugar, tener curiosidad y querer aprender. Para mí es como un juego: tienes un problema y la IA te ayuda a intentar resolverlo”, dice sin moderar su entusiasmo.

Para él, las gafas constituyen por eso algo más que un negocio oportunista alrededor de un acontecimiento que tiene fecha de caducidad. Han sido también un gigantesco laboratorio empresarial en el que experimentar con herramientas que hace unos años no existían. “Lo que más miedo me da ahora mismo es perderme otras oportunidades que puedan ser incluso mejores que las gafas. Tengo un negocio que está muy bien, pero ¿y si puedo construir el próximo Amazon? ¿Y si puedo construir el próximo Apple?”.

Tiene la sensación de tenerlo delante. “Ahora mismo lo veo todo posible”. De momento, Nuño quiere cerrar el círculo regresando al lugar donde comenzó la historia: Lodoso. Allí estaba su abuela y allí tuvo su madre la genial intuición. que alteró de este modo su vida profesional. “Mi vértigo -insiste- es pensar que podría estar haciendo otra cosa que aportase todavía más a la sociedad, que ayudase más o que hiciese más feliz a la gente”. Quizá por eso le convenga no perder de vista a su madre.

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