Crónica negra

Mató a su amigo al que le había tocado la lotería y fingió volcarse en su búsqueda

Vicente desapareció en un pueblo donde todos se conocían. Su amigo se volcó en buscarlo. Durante semanas nadie sospechó que aquel hombre sabía lo que le había ocurrido

Vicente Sánchez, un jubilado de 79 años al que la lotería había cambiado la cuenta bancaria, pero apenas la vida, desapareció en enero de 2024 en Hinojal, un pueblo cacereño de unos 400 habitantes. Durante semanas, su amigo José María Lindo, de 55 años, ayudó a buscarlo.

En Hinojal todos conocían a Vicente. Vivía solo en la casa de sus padres, era una persona humilde y mantenía unas costumbres sencillas. También conocían a Jose María, alguacil municipal de 55 años. Era una de las personas de confianza del jubilado. Como Vicente no conducía, su amigo lo llevaba algunas veces a Cáceres para hacer gestiones.

José María como alguacil de Hinojal

La fortuna había llegado años antes. Vicente ganó un premio de lotería de 1 millón de euros. Dos años después se llevó otro de 300.000 euros. “Una vez que le tocó la primera vez, empezó a gastar mucho dinero en lotería. La gente comentaba: ‘Cómo no le va a tocar con todo lo que echa'”.

El 22 de enero de 2024 compró un billete de autobús de ida y vuelta a Cáceres. Hizo varias gestiones bancarias y retiró 2.000 euros. Después coincidió con Jose María en una cafetería. A partir de ese día, ni rastro de él. Todo el pueblo lo buscó sin descanso. Día tras día. Hubo grandes rastreos. Guardia Civil, voluntarios y vecinos recorrieron caminos, pozos y zonas de agua con drones, perros y equipos subacuáticos.

Jose María participó en las batidas, siguió trabajando como alguacil y habló con los familiares y los investigadores. Se volcó en la búsqueda de su amigo.

Pero su relato empezó a agrietarse. Él había sido una de las últimas personas que vieron a Vicente y sus versiones eran contradictorias. La pista bancaria reveló además operaciones realizadas con las cartillas del desaparecido.

El 7 de marzo, seis semanas después de la desaparición, la Guardia Civil lo detuvo. Durante el interrogatorio confesó y señaló el lugar donde había dejado el cuerpo. Los restos de Vicente aparecieron al día siguiente, a kilómetro y medio del casco urbano. El hombre que había recorrido el campo junto a quienes buscaban a Vicente, siempre había sabido dónde estaba.

“Durante las investigaciones, dificultó las labores indagatorias que recaían sobre él” señaló la Guardia Civil. “Utilizaba la información que tenía de la familia de la víctima a su favor”.

Jose María aceptó una condena de 20 años de prisión: 18 por asesinato con alevosía, uno por hurto y otro por estafa. El acuerdo evitó el juicio con jurado. Ante el tribunal pidió perdón a la víctima, a las dos familias y al pueblo.

Para Hinojal, el caso quedó reducido a una secuencia difícil de asimilar: un vecino de confianza mató a su amigo por 2.000 euros y, mientras la familia esperaba una noticia, se sumó a la búsqueda del hombre cuyo cadáver había ocultado.