Muere Josu Zabarte, el ‘carnicero de Mondragón’, etarra que asesinó a 17 inocentes

Josu Zabarte muere a los 80 años tras ser condenado por 20 atentados y 17 asesinatos y defender hasta el final su pasado en ETA

Josu Zabarte - Sociedad
Una fotografía de archivo del etarra.
EFE

Jesús María Zabarte Arregi, conocido como Josu Zabarte y apodado el «carnicero de Mondragón», ha muerto a los 80 años en Arrasate. Fue uno de los miembros más sanguinarios de ETA y acumuló condenas por más de 600 años de prisión por su participación en una veintena de atentados que provocaron 17 asesinatos.

Su muerte cierra la biografía de un terrorista que nunca mostró arrepentimiento público por los crímenes de la organización. Después de abandonar la cárcel en noviembre de 2013, tras cumplir cerca de tres décadas de condena, siguió defendiendo la violencia que había ejercido durante los años más duros de ETA.

“Yo no he asesinado a nadie; yo he ejecutado”, afirmó en una entrevista publicada en 2014 por El Mundo. La frase resumió su negativa a reconocer a las víctimas como personas inocentes y su empeño en presentar los asesinatos como decisiones políticas.

Un historial de 20 atentados y 17 víctimas mortales

Josu Zabarte se incorporó a ETA en 1972 y llegó a asumir responsabilidades dentro del comando Gipuzkoa. Había sido encarcelado durante el franquismo, pero salió en libertad al beneficiarse de la amnistía de 1977.

La medida no puso fin a su actividad. Tras recuperar la libertad volvió a integrarse en ETA militar y fue detenido poco después con cartas de extorsión dirigidas a empresarios. Cuando salió nuevamente de prisión, huyó a Francia y retomó su participación en la organización.

A partir de 1980 apareció implicado en una cadena de acciones terroristas contra policías, guardias civiles, militares y civiles. Los tribunales lo condenaron a 615 años de cárcel por delitos relacionados con 20 atentados y 17 asesinatos.

Entre las víctimas se encontraba José María Piris Carballo, un niño de 13 años que murió en Azkoitia en marzo de 1980 al manipular un paquete explosivo colocado por ETA. Fue la primera víctima infantil asesinada por la banda terrorista.

La matanza de cuatro policías en Rentería

Uno de los episodios más graves atribuidos a la actividad de Josu Zabarte se produjo en septiembre de 1982, cuando un comando de ETA atacó a varios agentes de la Policía Nacional en Rentería.

Cuatro policías fueron asesinados y otro resultó gravemente herido. Las informaciones judiciales y policiales sobre el atentado describen una acción planificada para alcanzar a los agentes mientras se encontraban fuera de servicio.

Zabarte también fue condenado por el secuestro y asesinato del médico Ramiro Carasa Pérez. El jefe del servicio de Traumatología de la residencia sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu fue raptado en marzo de 1982 cuando abandonaba el hospital de San Sebastián.

Los terroristas lo trasladaron a las proximidades de Lasarte, lo interrogaron y terminaron disparándole. Su cadáver fue localizado posteriormente con señales de violencia.

Aquellos crímenes consolidaron el apodo con el que Zabarte sería conocido durante décadas. El sobrenombre procedía originalmente de su oficio como carnicero en Mondragón, pero terminó asociado a su trayectoria dentro de ETA.

Su detención después de una operación en Hernani

La actividad terrorista de Josu Zabarte terminó el 15 de junio de 1984. La Guardia Civil localizó a tres integrantes de ETA en una vivienda de Hernani utilizada por colaboradores de la organización.

Durante la operación murieron los etarras Juan Luis Lecuona y Agustín Arregi, que respondieron al dispositivo policial. Zabarte, herido en una pierna, permaneció escondido dentro de un armario antes de entregarse.

Su detención permitió llevarlo ante la Justicia por numerosos atentados cometidos durante los años anteriores. Las diferentes condenas sumaron más de seis siglos de prisión, aunque el límite máximo de cumplimiento efectivo y la legislación penitenciaria redujeron notablemente el tiempo real entre rejas.

Pasó 29 años y medio encarcelado. El 20 de noviembre de 2013 salió de la prisión de Jaén después de que la Audiencia Nacional revisara su situación como consecuencia de la anulación de la doctrina Parot.

Una libertad sin arrepentimiento

La salida de prisión no vino acompañada de una condena moral de los asesinatos. En 2014, Zabarte negó que pudiera calificarse como asesino en serie y afirmó que sus acciones habían sido “ejecuciones”.

“Asesinar es cuando buscas lucro personal”, sostuvo para justificar los crímenes cometidos en nombre de ETA. Sus palabras provocaron la denuncia de asociaciones de víctimas y llevaron a la Audiencia Nacional a investigarlo por un posible delito de enaltecimiento del terrorismo.

Zabarte no pidió perdón, no expresó arrepentimiento y no mostró públicamente empatía hacia las familias de las personas asesinadas. Su discurso mantuvo hasta el final la distinción fabricada por ETA entre víctimas inocentes y supuestos objetivos políticos o militares.

Esa actitud convirtió su figura en uno de los ejemplos más extremos de la resistencia de una parte de los antiguos miembros de la banda a revisar críticamente su pasado.

Las víctimas detrás del apodo

La muerte de Josu Zabarte vuelve a colocar en primer plano una cuestión esencial: detrás de las cifras y de los alias permanecen las vidas destruidas por el terrorismo.

Los 17 asesinatos por los que fue condenado no constituyen un simple balance judicial. Fueron personas con familias, profesiones y proyectos que quedaron interrumpidos por decisiones adoptadas dentro de una organización que utilizó la violencia para imponer sus objetivos políticos.

Zabarte murió después de haber pasado sus últimos trece años en libertad. Sus víctimas no tuvieron esa oportunidad. La memoria de aquellos crímenes no depende de que el terrorista reconociera el daño, sino de que la sociedad conserve los nombres y la historia de quienes lo padecieron.

El «carnicero de Mondragón» desaparece sin haber rectificado las palabras con las que quiso justificar su trayectoria. Permanecen las sentencias, los 20 atentados, las 17 víctimas mortales y una frase que refleja hasta qué punto intentó borrar la frontera entre la ideología y el asesinato.

TAGS DE ESTA NOTICIA