El Mundial que no se ve: prostitución, trata y violencia en la trastienda del fútbol

La prostitución y la explotación sexual rara vez aparecen entre las prioridades de los organizadores de estos eventos deportivos masculinos

El Mundial de fútbol masculino favorece la explotación sexual
El Mundial de fútbol masculino favorece la explotación sexual
KiloyCuarto

Mientras millones de aficionados preparan maletas, compran entradas y organizan viajes para seguir a sus selecciones en el Mundial de fútbol masculino que este año se disputa en Estados Unidos, México y Canadá, organizaciones internacionales y expertos en derechos humanos observan otro fenómeno que se repite cada vez que un gran evento deportivo aterriza en una ciudad. Lejos de los estadios, de las retransmisiones y de las celebraciones multitudinarias, aumenta la preocupación por una realidad que permanece casi siempre oculta: el incremento de la prostitución y el riesgo de explotación sexual de mujeres y niñas.

Las grandes competiciones deportivas generan una extraordinaria movilización de personas. Miles de turistas llegan a las ciudades anfitrionas atraídos por el espectáculo, el ambiente festivo y la oportunidad de vivir una experiencia única. Sin embargo, esa concentración masiva de visitantes también provoca efectos menos visibles que rara vez forman parte de la conversación pública.

prostitución

Diversas organizaciones llevan años alertando de que estos acontecimientos pueden convertirse en un escenario favorable para las redes de explotación sexual. No porque el deporte sea el origen del problema, sino porque la llegada de miles de personas multiplica las oportunidades para quienes buscan beneficiarse económicamente de la vulnerabilidad de otras personas.

La demanda que crece con la llegada de miles de aficionados

La relación entre los grandes eventos deportivos y el aumento del consumo de prostitución es una cuestión que preocupa especialmente a quienes trabajan diariamente con víctimas de violencia y explotación.

“Obviamente los eventos como es en este caso el Mundial, que movilizan a muchísimas personas, hacen que esa afluencia de gente, entre ellos, haya consumidores de prostitución y aprovechen esos viajes, que al final son de ocio y tiempo libre, para consumir prostitución”, explica Rosario Porras Sánchez, abogada de la Asociación In Género.

La letrada considera que este fenómeno responde a una dinámica que se repite en cualquier acontecimiento que atrae a grandes masas de personas. El turismo vinculado al ocio genera una demanda adicional en numerosos sectores económicos y, según advierte, la prostitución no queda al margen de esa realidad.

“Al final, cualquier evento, ya sea deportivo o de cualquier otro tipo, hace que haya más afluencia de personas y ese número de personas aumenta también el consumo de prostitución”, señala Rosario Porras Sánchez. Aunque resulta complicado cuantificar con exactitud el impacto real de estos eventos sobre el mercado prostitucional, las organizaciones especializadas coinciden en que el riesgo existe y que las redes criminales suelen aprovechar los periodos de máxima actividad turística para ampliar sus beneficios.

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El riesgo de explotación sexual detrás de la fiesta

La preocupación va mucho más allá del aumento de la prostitución. Organismos internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) han advertido de que los eventos multitudinarios pueden convertirse en un terreno fértil para la trata de personas con fines de explotación sexual.

Según explica Nayely Sánchez, responsable de programas de la Unodc en México, las organizaciones criminales suelen utilizar falsas ofertas laborales para captar a sus víctimas. Prometen empleo, alojamiento o desplazamientos gratuitos y, una vez que las mujeres llegan al destino, terminan siendo explotadas sexualmente.

Además, existe el temor de que las redes aprovechen que el Mundial se celebra simultáneamente en tres países para trasladar a las víctimas entre fronteras y dificultar así su identificación por parte de las autoridades. Las principales víctimas detectadas continúan siendo mujeres y niñas, aunque desde Naciones Unidas reconocen que existe un importante subregistro y que la dimensión real del problema sigue siendo desconocida. De hecho, durante los Juegos Olímpicos de París ya se detectaron casos de trata de personas, aunque muchos de ellos nunca llegaron a contabilizarse de manera adecuada.

Alcohol, ocio y mayor vulnerabilidad

El ambiente festivo que rodea a los grandes campeonatos también preocupa a los especialistas. Las celebraciones, el consumo de alcohol y, en algunos casos, de drogas pueden favorecer situaciones de riesgo para las mujeres que se encuentran en contextos de prostitución. “Obviamente, al ser eventos deportivos donde la gente está dentro de su tiempo de ocio y tiempo libre, el consumo de alcohol o drogas también hace que, si eres consumidor de prostitución, puedas tener algún comportamiento violento o alguna agresión que puedan sufrir estas mujeres”, advierte Rosario Porras Sánchez.

La abogada subraya que no se trata únicamente de una cuestión relacionada con el aumento de clientes, sino también con la posibilidad de que determinadas conductas agresivas se intensifiquen en un entorno marcado por la euforia, la desinhibición y la sensación de anonimato que ofrecen las grandes concentraciones de personas. “Obviamente el riesgo aumenta, todo aumenta”, resume Rosario Porras Sánchez.

Esta preocupación coincide con las alertas lanzadas por organizaciones feministas de los tres países anfitriones, que también han advertido sobre el incremento de otras formas de violencia contra las mujeres durante las grandes competiciones deportivas, desde el acoso sexual hasta la violencia de género en el ámbito doméstico.

Una realidad ausente de los planes de seguridad

Pese a estas advertencias, una de las principales críticas apunta a la falta de medidas específicas dirigidas a prevenir situaciones de explotación sexual durante acontecimientos de esta magnitud. Durante meses, las autoridades diseñan complejos dispositivos de seguridad para garantizar que los partidos se desarrollen sin incidentes. La prevención de atentados, el control de multitudes o la vigilancia de las infraestructuras críticas suelen ocupar el centro de la planificación. Sin embargo, las cuestiones relacionadas con la prostitución y la explotación sexual rara vez aparecen entre las prioridades.

“Lo que se focaliza por parte de las autoridades y de las fuerzas y cuerpos de seguridad es que los eventos salgan adelante con la mayor seguridad posible”, sostiene Rosario Porras Sánchez. La jurista considera que este tipo de delitos continúan ocupando un lugar secundario dentro de las estrategias institucionales vinculadas a los grandes eventos. “No creo que al político de turno se le ocurra que entre las medidas que adopten para todo el despliegue del Mundial se centren en temas de prostitución. Obviamente ni se les pasa por la cabeza”, afirma Rosario Porras Sánchez.

Detectar para salvar vidas

Ante este escenario, la Unodc ha puesto en marcha una campaña junto a la organización Sin Trata, Uber y el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de Ciudad de México destinada a enseñar a los asistentes al Mundial a reconocer posibles casos de explotación sexual. También mantiene acuerdos con Airbnb para ayudar a identificar situaciones sospechosas en alojamientos turísticos. El objetivo es implicar a ciudadanos, trabajadores del sector turístico y visitantes en la detección temprana de posibles víctimas.

Los expertos recuerdan que muchas mujeres explotadas pasan desapercibidas porque se encuentran en espacios cotidianos: hoteles, apartamentos turísticos, estaciones de transporte o zonas de ocio frecuentadas por miles de turistas.

Por eso, las organizaciones insisten en que la vigilancia ciudadana puede resultar decisiva. Detrás de una celebración global que concentra la atención de millones de personas, existe otra realidad que apenas aparece en las fotografías oficiales. Una realidad que, según advierten los especialistas, también forma parte del Mundial y que obliga a mirar más allá de los estadios para comprender el verdadero impacto social de estos grandes acontecimientos.

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