El Instituto de las Mujeres ha pedido al Ministerio de Sanidad que aborde “de forma prioritaria y urgente” la falta de medicamentos para la terapia hormonal de la menopausia. Según adelanta El País, el organismo ha enviado dos oficios a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios y a la Dirección General de Farmacia en los que reclama garantizar el suministro y financiar las alternativas disponibles.
Pero no se trata de cambiar una caja por otra. La terapia hormonal se ajusta a cada paciente, a sus síntomas, su edad, sus antecedentes, la dosis que necesita y la vía por la que recibe el tratamiento. Por eso, cuando un medicamento falta, el cambio puede requerir nuevas consultas y un reajuste médico.
“La interrupción del tratamiento supone perder el control de los síntomas”, advierte la Dra. Labios, ginecóloga de HLA Clínica Vistahermosa. No todas las alternativas son idénticas ni funcionan igual en todos los cuerpos. Y volver a encontrar una pauta adecuada puede llevar tiempo.

No es “tener calor”
La menopausia sigue explicándose a menudo como si fuera una cuestión de sofocos. Y sí, los sofocos y las sudoraciones nocturnas son dos de sus síntomas más conocidos. Pero están lejos de ser los únicos.
Hay mujeres que dejan de dormir bien. Otras notan sequedad vaginal, menos lubricación, dolor durante las relaciones sexuales o síntomas urinarios. También pueden aparecer cansancio, irritabilidad, cambios de ánimo, falta de deseo sexual o dificultades para concentrarse y recordar cosas, esa “niebla mental” con la que muchas tratan de nombrar algo que les ocurre a diario.
No todas viven esta etapa de la misma manera. Ni todas necesitan terapia hormonal. Pero cuando los síntomas afectan al descanso, al trabajo, a las relaciones o a la vida sexual, el tratamiento puede estar indicado.
“La terapia hormonal sustitutiva se prescribe para tratar las consecuencias derivadas del descenso de estrógenos que se produce durante la peri y la posmenopausia”, explica Labios. No es, insiste, una forma de “poner hormonas para no envejecer”, sino una opción médica para quienes ven deteriorada su salud o su calidad de vida.
El cuerpo no es intercambiable
Los estrógenos no solo intervienen en los sofocos. Tienen presencia en la salud ósea, la piel y las mucosas, el aparato genitourinario, el metabolismo y determinadas funciones cerebrales. De ahí que la falta de estas hormonas pueda sentirse de formas muy distintas.
También por eso una mujer no debería cambiar sola su tratamiento si no encuentra su medicamento habitual. Hay parches, geles, comprimidos o espráis, pero no son sustitutos automáticos. La pauta debe tener en cuenta qué síntomas se quieren tratar y las características de cada paciente.

El problema del desabastecimiento es que obliga a modificar un tratamiento que, en muchos casos, ya había encontrado el equilibrio. “Estos cambios no siempre son sencillos ni las alternativas son exactamente equivalentes”, señala la ginecóloga.
Cuando vuelven los síntomas
Si la terapia hormonal se interrumpe o deja de ser accesible, pueden reaparecer los sofocos, las noches en vela, el cansancio acumulado, la sequedad vaginal o el malestar emocional que la pauta había logrado aliviar.
No es poca cosa. Dormir mal de forma continuada, sentirse agotada en la jornada laboral o volver a tener dolor en las relaciones sexuales cambia la vida cotidiana. “Para muchas mujeres, quedarse sin su tratamiento significa perder el control de síntomas que pueden tener un impacto muy significativo en su bienestar, su salud y su calidad de vida”, sostiene Labios.
La petición del Instituto de las Mujeres pone el foco precisamente ahí: en que estos tratamientos no pueden tratarse como un producto accesorio ni como una molestia propia de la edad que las mujeres deban soportar. Para quienes lo tienen prescrito, no son “solo unas hormonas”. Son la diferencia entre convivir con los síntomas o poder volver a manejarlos.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

