Agresión sexual

Se busca a mujeres víctimas del masajista “coleccionista de intimidades”

Grabó a más de cien mujeres mientras las masajeaba desnudas o semidesnudas. Cómo no, ninguna lo sabía

“Deja tu ropa en la silla y túmbate en la camilla. Cuando estés lista, entro”. Es la frase comodín de todo masajista. Con la que da el espacio necesario para que su clienta no se sienta expuesta mientras se desviste, aunque minutos después le masajee la piel. El trámite inicial de intimidad se dispensa por regla general, por lo que nadie se imaginaba al acudir al centro Kukai de Rivas Vaciamadrid que esa intimidad estaba siendo invadida por Ricardo Martín. Desde que abrió en 2015, había conseguido una clientela estable. Algunas, amigas. Todas por igual víctimas. “No consigo entender que alguien haga algo así”, explica una de las denunciantes sin querer dar su nombre. No es la única. Se sienten ultrajadas: “Es la vergüenza de saberme observada sin saberlo”.

Observada y grabada. Entre 2022 y 2025, Ricardo grabó a toda mujer que pasó por el box de masajes del Kukai, que aún no ha echado el cierre por completo. Hay más masajistas que pueden acceder a otras dependencias para seguir impartiendo incluso talleres, pero en el cuarto del jefe solo entraba él. Ninguno sabía que allí tenía colocada una cámara de vídeo. Menos aún sus clientas, 131 mujeres identificadas en 650 vídeos aportados a la causa tras el visionado de todo lo encontrado por la Guardia Civil en el teléfono del masajista. En total, había 1.600 vídeos. Pero no todos contenían hechos delictivos. Si el masajeado era un hombre Ricardo enviaba el vídeo de inmediato a la papelera.

“Coleccionista de intimidades”

Ricardo no tenía límite. Desde que soltaba la frase comodín ya estaba grabando. Cuando ellas se desvestían, a solas en el cuarto y sin saber que una cámara registraba todo, o al vestirse terminado el masaje. Y, por supuesto, mientras estaban en la camilla. A veces, movía la toalla e incluso la retiraba, destapándolas y dejando sus cuerpos al descubierto. La cámara estaba estratégicamente colocada en un mueble, detrás de unas velas aromáticas. Ninguna de ellas se dio cuenta durante los tres años de los que han hallado vídeos los agentes de la Policía Judicial de Rivas. No saben si habrá anteriores, pero tienen la certeza de que no los hay posteriores al verano de 2025. Entonces, llegó la primera denuncia que lo destapó todo.

Al terminar el masaje, Pamela (nombre ficticio) intentó digerir lo que había pasado. Ricardo ofrecía en su centro desde masaje balinés a quiromasajes, reiki e incluso tántrico. En la web de Kukai todavía se puede leer que el último sirve para descubrir y conocer las principales zonas erógenas. Aunque la sensación de Pamela no fue relajante ni de aprendizaje. Se sintió agredida sexualmente. En cuánto terminó el masaje y con Ricardo fuera del cuarto, empezó a mirar en derredor y cuando descubrió la cámara oculta entró en pánico. El ataque de ansiedad fue tal que, sin comentar nada, al abandonar Kukai se fue directa al hospital donde no dudaron en abrir el protocolo para víctimas de agresión sexual que activó la investigación policial.

La clínica del masajista

Los agentes tardaron casi un año en dar caza definitiva al masajista. Un “coleccionista de intimidades” que llevaba sus trofeos, el millar de vídeos, siempre consigo en su teléfono móvil. También le han requisado el ordenador. Por ahora descartan que difundiera los vídeos en internet o que los vendiera en foros o páginas pornográficas. A priori solo los grabó para consumo interno. A alguna de las mujeres le hace ponerse de pie durante el masaje para practicar una técnica descontracturante. Y estando semidesnuda, la hace girarse hacia la cámara. Por supuesto, la mayoría se sintió incómoda, pero calló.

Una menor entre las “violentadas”

Hasta que Pamela lo denunció hace un año por agresión sexual. Ahora se han sumado treinta denuncias más en ese sentido, una vez la Guardia Civil les mostró las imágenes de las que no eran conscientes. Recordaban haberse sentido “violentadas” mientras Ricardo las masajeaba. Incluso como él buscaba el roce fortuito con sus pechos o zonas erógenas. Sin embargo, ninguna creyó que debía denunciar o alertar de una conducta así. Algunas no volvieron. Otras lo atribuyeron a una circunstancia puntual o le restaron importancia.

Que durante el último año no sufriesen otro episodio similar rebajó también sus recelos. Pero tenía un porqué que ellas desconocían. Ricardo se sabía investigado y era cuestión de tiempo que el volcado de sus dispositivos arrojase pruebas irrefutables de sus delitos. Finalmente, llegaron casi un año después y desde el pasado 16 de junio el masajista está en prisión, acusado de delitos contra la intimidad y agresión sexual, ante el total desconcierto de su pareja y su hijo, de 24 años. No dan crédito a las acusaciones y niegan, por boca del acusado, que tuviera en su teléfono móvil el millar de vídeos hallados. Como si una mano negra los hubiera introducido, a saber con qué finalidad. Sobre la existencia de la cámara en el box de masajes no cabe duda. Como tampoco la hay sobre el testimonio de las víctimas. De las 131, han denunciado 120. Entre las víctimas, hay una menor.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

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