A sus 76 años, Pedro Almodóvar no parece interesado en medir demasiado sus palabras. A una semana de regresar al Festival de Cannes, donde competirá por séptima vez por Amarga Navidad, el cineasta manchego ha criticado la 98ª edición de los Oscar por su tono “apolítico” y por la escasa presencia de mensajes contra la guerra en Gaza o contra Donald Trump.
En una entrevista reciente con Los Angeles Times, Almodóvar expresó su sorpresa ante la falta de posicionamientos políticos durante la ceremonia, celebrada el 15 de marzo. Pese a la agitación internacional y el clima político interno en Estados Unidos, el director señaló que la gala apenas dejó espacio para voces críticas. “No estoy señalando a nadie en particular, pero fue bastante llamativo ver la retransmisión de los Oscar, donde no hubo muchas protestas”, observó.
Para Almodóvar, ese silencio es síntoma de un problema más profundo: el miedo. “La gente está muy asustada”, afirmó, sugiriendo que buena parte de la industria de Hollywood parece paralizada ante determinadas cuestiones políticas. El director fue más allá al describir la situación actual de Estados Unidos como la de un país que, a su juicio, ya no funciona como una democracia plena. También habló de un “régimen totalitario” surgido a través de los propios mecanismos electorales, una paradoja que definió como “increíblemente triste”.
Esta no es la primera vez que Almodóvar cuestiona públicamente la deriva política estadounidense. En 2025, al recibir el Premio Chaplin en el Lincoln Center de Nueva York, afirmó que Estados Unidos estaba gobernado por una “autoridad narcisista” y predijo que la historia recordaría a Donald Trump como una “catástrofe”.
El director señaló a su amigo y colaborador Javier Bardem como una de las pocas figuras que se atrevieron a romper con el tono prudente de la velada. Durante la ceremonia, Bardem hizo un llamamiento directo al decir “Palestina libre”, un gesto que Almodóvar destacó como un raro ejemplo de valentía política en una sala donde, en su opinión, predominó la cautela.

El silencio de la gala resultó aún más llamativo por el éxito de Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson. La película, que aborda de forma directa la política estadounidense contemporánea, fue la gran triunfadora de la noche con seis Oscar, entre ellos el de Mejor película. Aun así, Almodóvar y parte de la prensa cinematográfica han señalado que los discursos de aceptación apenas reflejaron la carga política del filme, dejando al público que no lo hubiera visto sin una idea clara de su trasfondo.
Cuando le preguntaron si teme que su sinceridad pueda afectar a su carrera, Almodóvar respondió de forma tajante: “En absoluto”. Atribuye esa libertad a su condición de cineasta extranjero que trabaja fuera del sistema de Hollywood. También comparó el clima estadounidense con el español, recordando que el Gobierno de España ha calificado oficialmente la situación en Gaza como genocidio y defendiendo que en España existe menos “miedo de llamar a las cosas por su nombre”.
En estos momentos, Almodóvar está centrado en Amarga Navidad, su nueva película autorreferencial, protagonizada por Bárbara Lennie y Victoria Luengo. El filme sigue a una mujer atravesada por una crisis personal tras la muerte de su madre y se adentra en el duelo, la ansiedad y la reconstrucción emocional.
Aunque sigue acumulando reconocimientos —incluido el León de Oro en el Festival de Venecia de 2024 por La habitación de al lado—, Almodóvar insiste en que ya no necesita premios. Lo que reivindica ahora es otra forma de libertad: la de poder hablar sin miedo en una industria que, según él, ha aprendido demasiado bien a callar.

