Maribel Verdú (55) no necesita presentación. Nominada en once ocasiones al Goya y ganadora de dos de ellos, es una de las actrices más prolíficas y reconocibles del cine español. Madrileña, lleva trabajando desde la adolescencia a las órdenes de directores como Vicente Aranda, Eloy de la Iglesia, Fernando Trueba, Gracia Querejeta o Pablo Berger, y ha compartido pantalla con nombres como Penélope Cruz, Victoria Abril, Verónica Forqué, Jorge Sanz, Antonio Resines, José Coronado, Juan Diego Botto, Fernando Fernán Gómez o Alfredo Landa.
A nivel internacional, ha participado en títulos tan relevantes como Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón; El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro; o Tetro, de Francis Ford Coppola. Más recientemente, se incorporó al universo superheroico interpretando a la madre de Ezra Miller en Flash, y en este momento puede verse en la serie de Prime Video La casa de los espíritus.
Sofía Otero (13), nacida en Barakaldo, representa mientras tanto una de las grandes promesas del cine español. Debutó con 20.000 especies de abejas, trabajo por el que ganó el Oso de Plata a la mejor interpretación protagonista en el Festival de Berlín con tan solo diez años, convirtiéndose en la persona más joven en recibir el galardón.
Ambas coinciden ahora en Bajo tus pies, thriller sobrenatural ambientado en un edificio de apartamentos de Bilbao. Isabel (Verdú) se muda allí junto a sus dos hijos —interpretados por Otero e Ibai Atanes— atraída por un piso amplio, asequible y bien situado. Sin embargo, la tranquilidad desaparece cuando las tres ancianas del piso inferior comienzan a perturbarles cada noche con inquietantes ruidos.
Charlamos con ambas sobre el rodaje, el trabajo con niños actores, el edadismo en la industria y la atracción de interpretar personajes al límite.
¿Qué fue lo primero que os atrapó de Bajo tus pies cuando llegó a vosotras?
Maribel Verdú: Pues la verdad es que yo hablé con el director hace diez años, en Buenos Aires. Ya me contó el proyecto y él lleva trece años intentando sacarlo adelante. Durante todo este tiempo hemos mantenido el contacto y, cuando por fin se hizo realidad, volvió a llamarme. Y encima terminó rodándose en Bilbao, que es mi ciudad favorita. Yo me siento de Bilbao aunque sea de Madrid. Y luego trabajar con Sofía y con Ibai ha sido un regalo porque, imagínate, estamos los tres juntos todo el tiempo. Me daban la vida cada día en este rodaje.
El terror aparece aquí de forma muy cotidiana, muy doméstica. ¿Cómo trabajasteis ese tono desde lo real?
Maribel Verdú: El director nos iba llevando, ¿verdad?
Sofía Otero: Sí, total.
Maribel Verdú: Lo vive todo muchísimo, es un entusiasta. Además, tenía la película completamente dibujada. Nos ponía música que ya había trabajado con el compositor, aunque todavía faltaran arreglos, y jugaba mucho con nosotros. Era muy fácil entrar en las situaciones así.

Vuestros personajes son una madre y su hija que intentan protegerse en una situación límite. ¿Qué fue lo más complejo de interpretar ahí?
Sofía Otero: Hicimos ensayos semanas antes y las escenas más complicadas las trabajamos mucho con el director. Ibai y yo teníamos una coach que nos iba guiando. Algunas escenas eran duras, pero en realidad ha sido bastante fácil.
Maribel Verdú: A mí me hablas de personajes límite y pienso que prácticamente toda mi carrera ha sido eso [risas]. Otro más. Pero este final… madre mía. Tela marinera. Es una escena que me fascina.
Maribel, ¿qué te ha aportado trabajar con Sofía e Ibai?
Maribel Verdú: Pues mira, yo empecé con la edad que tiene Sofía ahora. Y la verdad es que han sido generosos, lindos y muy respetuosos. Se podía hablar con ellos de todo. Teníamos incluso un día a la semana para nosotros, que era mi día de llevarme a mis niños a comer, y nos lo pasábamos muy bien. Puede ser complicado hacer un rodaje entero dentro de una casa con dos niños, pero ha sido un regalo.
Sofía Otero: Muy divertido, sí.
En el punto en que estáis cada una de vuestra carrera, ¿qué os sigue desafiando como actrices en un proyecto así?
Sofía Otero: Personajes distintos. A mí me gusta jugar. Mi ama siempre me preguntaba de pequeña qué quería ser y yo decía: “Actriz, porque un día quiero ser médica y otro día quiero ser otra cosa.” Y ella me decía: “Pues eso está bien, jugar”. Me encanta cambiar de personaje.
Maribel Verdú: ¡Claro! ¡Qué divertido es poder vivir profesiones diferentes sin tener que estudiar todas las carreras [risas]! Ahora soy juez, ahora soy médica, ahora soy psicóloga… Es maravilloso. Y también vivir experiencias nuevas y conocer gente. Siempre hay alguien en un rodaje que sabes que se va a quedar contigo para siempre. A mí me importan muchísimo los compañeros con los que voy a trabajar, a veces incluso más que el personaje. Pienso: “Bueno, igual el papel no sé… pero mira con quién voy a compartir esto”. Y entonces ya sé que el viaje merecerá la pena.

A lo largo de tu carrera, has atravesado muchas etapas. Se habla mucho del edadismo en la industria. ¿Lo has vivido en algún momento o has sabido esquivarlo?
Maribel Verdú: No, esto no es algo que puedas esquivar. Te toca o no te toca. Y yo he tenido la suerte de que no me ha tocado. Pero existe, claro que existe, porque lo veo. Yo no paro de trabajar y, además, todos los papeles que me ofrecen son cada vez más interesantes, con más aristas y más arco. Son personajes a los que les pasan cosas que no te pueden pasar cuando tienes veinticinco años. Estoy muy contenta, pero sé perfectamente que hay un momento muy difícil para muchas actrices.
La película habla de convivir con algo inquietante que nunca desaparece. ¿Creéis que todos tenemos “algo debajo de los pies” que preferimos no mirar?
Maribel Verdú: Puede ser.
Sofía Otero: Algún vecino molesto siempre hay [risas].
Maribel Verdú: Totalmente. Pero muchas veces es mejor mirar hacia otro lado porque, si no, viviríamos amargados. A mí me ponen muy nerviosa las cosas hechas sin amor, sin mimo, sin cariño. Yo le pongo muchísimo amor a lo que hago y me gusta cuidar a la gente, crear ambientes bonitos. Cuando eso no existe, me da mucha rabia.
Si tuvierais que definir la película en una sensación, ¿cuál sería?
Sofía Otero: Uf… ahí me pillas.
Maribel Verdú: Yo creo que es una película que se pasa volando. Me ocurrió cuando la vimos en Tallinn, en Estonia. De repente había terminado y pensé: “¿Ya hemos llegado a la escena de la comisaría?”. Tiene un ritmo muy especial. No porque sea trepidante, sino porque el director sabe perfectamente cuándo detenerse y cuándo acelerar. Hay escenas que respiran muchísimo, como una en la que estoy bailando sola y pensaba: “Madre mía, esto no acaba nunca, qué vergüenza” [risas]. Pero todo tiene su tiempo justo. Y hoy en día se agradece muchísimo una película de noventa minutos. Últimamente parece que todas duran tres horas.
