Bosadías

Bosadías: Puerto Hurraco, Doechii y la serie ‘Furious’

Cuando la furia se descontrola, las víctimas se convierten en mano homicida, el horror en espectáculo y una canción en todo un rugido

Una serie. Furious. Pocas veces ocurre que cada capítulo de una serie parezca aún más redondo que el anterior. Menos aún que cada giro imprevisto funcione como debe. A estas alturas de la historia, lo habitual es que casi todo resulte previsible, mal resuelto o poco arriesgado. Pero en Furious, como gran punto de partida hay una premisa diferente: el nulo respeto a los códigos y clichés actuales. Para ello tira de ironía y del acierto de algunos secundarios, sin llegar a ser una comedia. En realidad, cabalga entre la serie policíaca y el drama. Una ambivalencia que representan sus dos protagonistas; una joven que busca justicia de manera letal tras ser explotada sexualmente y una inspectora de policía que la persigue sin saber todo lo que tendrán en común. Furious huye por completo de la ñoñería y el buenismo bien. Igual que afronta el trauma sin terapia, de manera tangencial y, ante todo, con violencia. Aunque sin desmerecer nunca el respeto por la figura de la víctima, y su necesidad de justicia. De hecho, ese es el epicentro de esta serie estrenada con rotundo éxito, de la que ante incluso de emitir todos los capítulos de la primera temporada ya se anunció una segunda. Con lo que solo queda batir palmas. En gran parte porque volverá Emmy Rossum. La grandísima actriz a la que si no visteis en Shameless estáis tardando. Furious se puede ver en Disney+.

Un libro. Puerto Hurraco, de Luis Roso. EL LIBRO. De hora en adelante, si alguien quiere saber todos los detalles posibles sobre uno de los crímenes más impactantes de la historia criminal bastará con que recurra a este volumen de más de 400 páginas. A caballo entre la crónica negra y el ensayo periodístico, social y hasta metaliterario, Puerto Hurraco, el espectáculo del horror repasa con precisión y profusión tanto los hechos en sí como el relato posterior que alimentó periódicos e incontables horas de televisión. A veces con acierto y otras muchas, según constata Roso, sin el debido rigor, al borde del sensacionalismo o en pleno chapoteo en el fango. La prensa, o más bien determinada prensa, sale escaldada en este libro hasta por recurrir a lo manido para enmarcar el crimen de nueve personas, cometido el 26 de agosto de 1990.

“Puerto Hurraco pasó a ser el emblema de la España negra y sus vecinos fueron condenados poco menos que a vivir bajo la sospecha de pertenecer a una raza distinta e inferior, una raza de gente malvada e ignorante, aún por civilizar”

Cacereño, Roso acusa con furia el eco de ese estigma, colocando a cada cual en su sitio. Lo primero, a víctimas y asesinos, pero sobre todo a quienes convirtieron el mayor de los horrores en espectáculo. En Ediciones B.

Un temazo. Para rugidos furiosos, el suyo. El de Doechii en el Tiny Desk Concert, grabado a finales de 2024 en la radio pública estadounidense pero con un sonido tan old school y un look tan noventero que parece un artista rescatada, cuando ni siquiera alcanza a día de hoy la treintena. Con una presencia descomunal, durante 24 minutos logra que nadie se esté quieto al escucharlo salvo porque esté atado o tenga la sangre hecha cubitos. Por eso, Doechii se hizo viral enseguida, aun cuando en Estados Unidos tiene su propia horda de seguidores. Ha tocado con Katy Perry, Lady Gaga y para esta actuación se rodeó de una banda brillante compuesta solo por mujeres, a las que se ve disfrutar en cada plano al ritmo de una letra sin rodeos: “Quieren rap auténtico de una tía como si fueran mejores rapeando que una tía… Ese culo es un imán, lo entiendo. Ya sabes, atractivo y todo eso”. Pues eso, a bailarlo.

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