Una serie. Si aún no te has sumergido en una sesión maratoniana espacial de Para toda la humanidad tienes margen para serie-intoxicarte con otra. Toxic Town son cuatro capítulos de factoría británica centrados en la lucha que emprendieron 19 familias, con sus madres a la cabeza, por demostrar que en los años ochenta sus hijos se vieron afectados durante el embarazo por el efecto de un polvo tóxico que flotaba en el ambiente. El origen estaba en una destrucción inadecuada de desechos industriales en la ciudad de Corby, al norte de Inglaterra. Decenas de niños nacieron con malformaciones en las extremidades. Uno, no sobrevivió. Y, como en tantas ocasiones, detrás de la negligencia unos empresarios sin escrúpulos intentaron tapar el desastre, destruyendo pruebas. Mientras sus víctimas intentaban avanzar hasta conseguir la justicia y la indemnización que merecían. En Netflix.

Un libro. Esta vez no llego con los deberes hechos. Asesinas victorianas no es una lectura para devorar de un tirón. Requiere atención. De sus casi 500 páginas, Mary S. Hartman ha destinado setenta a recoger en letra minúscula toda la documentación en la que se ha apoyado para contar “la verdadera historia de trece mujeres respetables acusadas de crímenes atroces”. Sin duda lo son, o lo fueron allá por el siglo XIX. La mayoría, de clase respetable. Y quizás por eso la mayoría se salvaron una condena mayor, y hasta de la cárcel. Pese a que sus víctimas eran maridos, hijos, hermanos, amantes y hasta nietos. Sus casos han sido motivo de análisis criminológico. Ahora, en Siruela.
Un plan. Si nunca has gritado fuego al ritmo de Bomba Estéreo ha llegado la hora. Este fin de semana se celebra el Festival RíoBabel. No hay mucho más que añadir, solo que le deis al play por aquí y que os desgañitéis cantando “Me vienes a decir que yo soy una mentirosa, es que se ve mal ser una mujer poderosa, quieres que te diga como son las cosas, no soy tu princesa, llévate tu carroza”. Y, si podéis, ¡echaos un baile por mí!

