Bajo las farolas de la calle Alcalde Sainz de Baranda, en el madrileño distrito de Retiro, una de las voces más reconocibles de la cultura española se agacha ante una mujer de 87 años. Ana Belén se pone a la altura de Maricarmen, sentada en una silla de ruedas frente al escenario improvisado, y comienza a recitar Desahucio, de Rafael Alberti. Después transforma uno de sus temas más conocidos: «Mírala, mírala… Ella se quedará». La multitud responde coreando la frase. Durante unos minutos, una protesta vecinal adquiere la forma de un acto cultural.
A lo largo de la noche, centenares de vecinos, activistas y representantes del mundo de la cultura ocuparon la calle para acompañar a Maricarmen antes del cuarto intento de lanzamiento. La Delegación del Gobierno cifró en unas 400 las personas que participaron en la acampada, mientras otras informaciones situaron la asistencia durante algunos momentos del acto por encima de las 500.
La comunicadora Inés Hernand ejerció de maestra de ceremonias. Juan Diego Botto subió al escenario para leer el artículo 47 de la Constitución, que reconoce el derecho a una vivienda digna y encomienda a los poderes públicos regular el uso del suelo para impedir la especulación. El actor lo presentó irónicamente como su «libro de ciencia ficción favorito». Junto a él, Carlos Bardem reclamó desobediencia ante un sistema que ambos calificaron de «rentista», mientras Marwán actuó sobre el escenario.
Por la convocatoria pasaron también Sergio Peris-Mencheta, Ignatius Farray, Ángel Carmona, La Mare y el dúo Alpilpil, entre otros nombres. La noche combinó intervenciones, música y humor con una acampada organizada por el Sindicato de Inquilinas, cuyos participantes se prepararon para permanecer frente al portal hasta la llegada de la comisión judicial.
Sobre la fachada podía leerse una pancarta con el lema «Ayuso nos echa de Madrid, nosotras nos quedamos con Maricarmen», mientras los asistentes repetían consignas como «Maricarmen se queda». La movilización mantuvo durante horas el foco sobre una historia que lleva años recorriendo juzgados, instituciones y protestas vecinales.

Una casa que ha vivido 71 años
Maricarmen vive desde 1956 en la vivienda de la calle Alcalde Sainz de Baranda. El contrato de renta antigua lo firmó su padre y, tras su fallecimiento, pasó primero a su esposa y posteriormente a su hija. Maricarmen tiene reconocida una discapacidad del 50 % y en los últimos meses sus problemas de movilidad han obligado a que otras personas la ayuden a subir y bajar de su vivienda, situada en una sexta planta, debido a las averías del ascensor.
En 2018, la familia propietaria vendió el inmueble a Renta Corporación. Dos años después, tras ofrecer a Maricarmen la compra de su vivienda por un precio que no podía asumir, el piso terminó en manos de Urbagestión Desarrollo e Inversión S. L. La empresa cuestionó entonces la segunda subrogación del antiguo contrato. El litigio llegó hasta el Tribunal Supremo, que en marzo falló a favor de la propiedad al considerar que esa segunda subrogación solo podía prolongarse durante dos años salvo que el descendiente tuviera reconocida una discapacidad superior al 65 %.
La propiedad llegó a reclamar 2.650 euros mensuales por la vivienda, frente a los alrededor de 500 que Maricarmen venía abonando, aunque posteriormente planteó una renta de 1.650 euros. Su pensión ronda los 1.350 euros mensuales.
A pocas horas del lanzamiento apareció una última posibilidad. Una conocida escritora que pidió permanecer en el anonimato se ofreció a pagar de manera indefinida la diferencia entre la cantidad abonada por Maricarmen y el alquiler exigido por la propiedad, además de asumir la deuda acumulada. La propuesta no consiguió paralizar el procedimiento.
El cuarto intento termina en desahucio
La movilización continuó durante la madrugada y las primeras horas de este miércoles. La Policía Nacional comenzó a acordonar la zona pasadas las siete de la mañana y retiró a algunos de los activistas apostados ante el inmueble. La Delegación del Gobierno señaló que los agentes actuaban bajo mandato judicial y se desmarcó de la dirección del operativo.
Finalmente, la comisión judicial ejecutó el desahucio durante la mañana, en el cuarto intento de lanzamiento. Maricarmen ha tenido que abandonar así la vivienda en la que llevaba 71 años residiendo, pese a la movilización vecinal, las distintas propuestas planteadas en las últimas horas y el apoyo de numerosos representantes de la cultura.
La escena de Ana Belén cantando «ella se quedará» terminó convirtiéndose, pocas horas después, en la imagen de un deseo que no pudo cumplirse. La concentración sí consiguió, al menos, que el caso de una mujer de 87 años dejara de transcurrir únicamente entre expedientes, juzgados y negociaciones y ocupara durante una noche el centro de la vida cultural y pública de Madrid.

