Septiembre volverá a abrir la temporada teatral con una de las programaciones más ambiciosas de los últimos años. Los principales escenarios públicos españoles ya han comenzado a presentar sus nuevas temporadas y, aunque cada uno mantiene una personalidad propia, existe un hilo conductor que atraviesa casi todas las propuestas: el teatro quiere volver a convertirse en un espacio desde el que interpretar un mundo cada vez más incierto.
La memoria histórica, el auge de los autoritarismos, la identidad, las migraciones, la vivienda, la inteligencia artificial, el cuidado o las nuevas formas de familia aparecen de manera recurrente en una cartelera que combina nombres consolidados con nuevas voces de la dramaturgia española y europea. La presencia de mujeres creadoras continúa creciendo y los grandes teatros públicos consolidan una tendencia que ya parecía irreversible: la dramaturgia contemporánea ocupa el centro de la programación.
El Centro Dramático Nacional mira hacia el futuro
Si hay una palabra que resume la nueva temporada del Centro Dramático Nacional es “futuro”. Ese es precisamente el lema elegido por Alfredo Sanzol para una programación que llevará por título Desde el drama al futuro y que reúne 23 producciones teatrales, de las cuales 16 serán estrenos absolutos.
“El futuro es una tarea de pensamiento colectivo y no un destino fabricado por unos pocos”, defendió Sanzol durante la presentación de una temporada que entiende el teatro como una herramienta para pensar la sociedad contemporánea.
El Valle-Inclán abrirá el curso con Pinocchio (live)#3, la impactante propuesta de la francesa Alice Laloy, mientras que uno de los montajes más esperados será La punzión, de Esther F. Carrodeguas y Beatriz Jaén, una sátira sobre ChatGPT y los prejuicios contemporáneos.
Entre las grandes apuestas destaca también Diálogos, la versión que el propio Sanzol dirigirá de los textos breves de Federico García Lorca con motivo del centenario de la Generación del 27. El montaje convivirá con propuestas internacionales como Catarina e a beleza de matar fascistas y By Heart, ambas del portugués Tiago Rodrigues, actual director del Festival de Aviñón.
La temporada también abordará algunos de los grandes debates contemporáneos. Club Caníbal llevará a escena Y como viento de invierno llegaré, sobre vecinos que resisten la presión de un fondo de inversión para abandonar sus viviendas. Europa catacrack reflexionará sobre la crisis de las democracias occidentales. Una pequeña historia de superación imaginará una Europa gobernada por la ultraderecha, mientras que Manchas de sangre convertirá la menstruación en materia teatral desde el humor.
En paralelo, el CDN mantiene una clara apuesta por la accesibilidad, la mediación cultural y el teatro inclusivo, además de situarse prácticamente en la paridad entre creadoras y creadores.
La Abadía reivindica el encuentro
Si el Dramático mira hacia el futuro, el Teatro de La Abadía pone el foco en el presente compartido. Bajo el lema Enciende tu atención. Ilumina el encuentro, Juan Mayorga propone una temporada concebida como un lugar de escucha en tiempos de polarización.
“En estos tiempos en que se extienden el ruido y la furia, La Abadía quiere ofrecerse a la ciudad como lugar para la reunión, la conversación y el examen sereno de lo que a la mayoría importa”, explicó el dramaturgo durante la presentación.
La programación reúne 24 montajes procedentes de distintos puntos de España y vuelve a demostrar el carácter híbrido del teatro madrileño, donde conviven texto, danza, música y performance.
La temporada arrancará con LIBRES!!!, de Esther F. Carrodeguas y Andrés Lima, protagonizada por Alba Flores, Laura Galán y Nüll García como homenaje a mujeres que intentaron cambiar el mundo desde la alegría.
Entre las propuestas más esperadas aparecen Leonora, escrita y dirigida por Alberto Conejero sobre la artista Leonora Carrington; Largo viaje hacia la noche, de Eugene O’Neill, dirigida por Ernesto Caballero y protagonizada por Carlos Hipólito; El círculo de tiza caucasiano, de Bertolt Brecht; y la nueva creación de Juan Mayorga, La intérprete.
También regresará Declan Donnellan con una nueva versión de Rey Lear protagonizada por Lluís Homar, mientras que Sergio Blanco estrenará en La Abadía La ira de Narciso bajo la dirección de Xavier Albertí.
Las dramaturgas consolidan su espacio
Uno de los rasgos más llamativos de las nuevas temporadas es la consolidación de una generación de dramaturgas que ya no ocupan espacios marginales, sino que protagonizan buena parte de las programaciones.
Lucía Carballal estrenará Un drama romántico en el CDN tras el éxito de Los nuestros. Denise Despeyroux regresará con Los fugaces. Victoria Szpunberg llevará al Valle-Inclán La tercera fuga. Beatriz Jaén dirigirá tanto La punzión como Los días titánicos. Esther F. Carrodeguas firmará dos de los montajes más destacados del inicio de temporada y María Velasco presentará en La Abadía Mantener fuera del alcance de los niños.
Lejos de formar una programación específicamente femenina, estas autoras abordan cuestiones universales desde perspectivas muy diversas: la maternidad, la memoria, el auge de la extrema derecha, la identidad, la inteligencia artificial o las relaciones afectivas.
Memoria, fascismo y democracia
Hay otro elemento que une muchas de las propuestas anunciadas: la necesidad de volver sobre la historia para comprender el presente.
En el CDN aparecerán la represión franquista en ICTUS, el exilio en La tercera fuga o el fascismo europeo en la obra de Tiago Rodrigues.
La Abadía recuperará Largo viaje hacia la noche, Brecht y Shakespeare mientras presenta Magda, de Chela De Ferrari, sobre Magda Goebbels y la banalización del totalitarismo, además de No mires, una investigación sobre la dictadura chilena.
La memoria deja de ser únicamente un ejercicio histórico para convertirse en una reflexión sobre las amenazas actuales que atraviesan Europa.
El Teatro Real también prepara el otoño
Aunque la temporada lírica comenzó hace semanas con Il trovatore, el Teatro Real afrontará el otoño con nuevas producciones que consolidan su creciente protagonismo internacional y que convivirán con una programación sinfónica y de danza cada vez más ambiciosa.
El coliseo madrileño mantiene así la línea seguida durante los últimos años: combinar grandes títulos del repertorio con nuevas producciones propias y coproducciones europeas capaces de atraer tanto al público especializado como a nuevos espectadores.
Un teatro que quiere discutir el presente
Más allá de los títulos concretos, las programaciones presentadas estos días dejan una sensación compartida. Los grandes teatros públicos parecen haber renunciado definitivamente a convertirse únicamente en guardianes del repertorio para asumir otro papel: el de espacios donde la sociedad puede discutir aquello que le preocupa.
La vivienda, la violencia política, la crisis democrática, las migraciones, el auge de la inteligencia artificial, la identidad, el cuerpo o las desigualdades atraviesan una temporada en la que el teatro vuelve a reivindicarse como una herramienta de pensamiento colectivo.
Quizá esa sea la gran novedad del curso que comenzará en septiembre. Frente a un presente acelerado y saturado de ruido, los escenarios españoles parecen responder con algo cada vez más escaso: tiempo para escuchar, para mirar y para hacerse preguntas.

