Hay títulos que nunca desaparecen del repertorio operístico. Títulos como Il trovatore, de Giuseppe Verdi. Estrenada en 1853 y convertida desde entonces en una de las óperas más representadas del mundo, vuelve desde este lunes al Teatro Real con una producción que ya pasó por Madrid en 2019 y que, desde entonces, ha viajado por escenarios como Montecarlo, Copenhague o Los Ángeles.
La reposición, que podrá verse en 17 funciones entre el 29 de junio y el 20 de julio, recupera la propuesta escénica de Francisco Negrín, una lectura que aleja la obra del simple melodrama romántico para convertirla en un viaje por la memoria, la culpa y los fantasmas del pasado. En el foso estará Nicola Luisotti, uno de los grandes especialistas verdianos de la actualidad, que compartirá algunas funciones con François López-Ferrer.
Una ópera donde el pasado nunca desaparece
Si algo caracteriza esta producción es su dimensión simbólica. Negrín plantea Il trovatore como una historia de fantasmas, no tanto por sus elementos sobrenaturales como por el peso de los recuerdos que arrastran todos sus protagonistas.
Durante toda la representación aparece la figura espectral de la madre de Azucena, ejecutada en la hoguera antes de comenzar la acción. Su presencia recuerda constantemente que todo lo que sucede nace de un trauma anterior.
El propio director de escena lo resume con una idea sencilla: “El pasado es el verdadero fantasma de Il trovatore“. A su juicio, ninguno de los personajes consigue vivir plenamente el presente porque permanece atrapado en una venganza, un amor perdido o una herida que nunca termina de cerrarse. Solo Leonora representa la posibilidad de romper ese círculo gracias al amor.

La escenografía, diseñada por Louis Désiré, refuerza esa lectura mediante un gran espacio geométrico de hormigón, atravesado por planos, pasarelas y estructuras móviles donde el fuego adquiere un papel esencial como símbolo del trauma de Azucena y del destino que persigue a todos los personajes.
El Teatro Real ha reunido un reparto especialmente ambicioso para afrontar las diecisiete funciones. En el papel de Leonora alternarán Marina Rebeka, Saioa Hernández y Anna Netrebko, una de las grandes estrellas internacionales de la lírica, que además ofrecerá un recital extraordinario en el coliseo madrileño durante su estancia en Madrid.
Los distintos Manricos estarán interpretados por Piotr Beczała, Vittorio Grigolo, Celso Albelo y Yusif Eyvazov, mientras que Azucena recaerá en Anita Rachvelishvili, Ksenia Dudnikova, Teresa Romano y Clémentine Margaine. El Conde de Luna será interpretado por Artur Ruciński, Juan Jesús Rodríguez y George Petean, acompañados por Krzysztof Bączyk y Marko Mimica como Ferrando.
Basada en el drama El trovador, del dramaturgo español Antonio García Gutiérrez, la ópera narra una compleja historia de identidades ocultas, venganzas familiares y pasiones imposibles.

La acción gira en torno a cuatro personajes cuyas vidas quedan unidas por un error cometido años atrás: el trovador Manrico; Leonora, la mujer que ama; el conde de Luna, rival tanto en la guerra como en el amor; y Azucena, marcada para siempre por la ejecución de su madre y obsesionada con culminar una venganza que acabará arrastrando a todos hacia un desenlace trágico.
Musicalmente, la obra contiene algunas de las páginas más célebres del repertorio verdiano, como “Stride la vampa”, “Tacea la notte placida”, “Di quella pira” o el célebre Coro de los gitanos, conocido popularmente como el “Coro de los yunques”.
Verdi en estado puro
La dirección musical recae en Nicola Luisotti, director principal invitado del Teatro Real y una de las batutas más reconocidas en el repertorio italiano. Su conocimiento de Verdi convierte esta reposición en uno de los grandes acontecimientos líricos del verano madrileño. El maestro italiano dirigirá la mayor parte de las funciones, mientras que François López-Ferrer asumirá dos representaciones.
La producción forma parte de una coproducción entre el Teatro Real, la Ópera de Montecarlo y la Royal Danish Opera, un montaje que ha demostrado su recorrido internacional desde su estreno hace siete años.
Con esta recuperación, el Teatro Real vuelve a apostar por una de las cumbres del catálogo verdiano, una ópera donde las grandes arias conviven con una historia dominada por el destino. En la lectura de Francisco Negrín, ese destino tiene un nombre muy concreto: el pasado, ese fantasma que acompaña a los personajes desde el primer compás hasta el último acorde.

