El libro viral de un escritor chino sobre los trabajos precarios en las grandes ciudades

Hu Anyan pasó por 19 trabajos en seis ciudades antes de convertir sus experiencias laborales en uno de los grandes éxitos recientes

El repartidor de Pekín - Cultura
Fragmento de la portada de la novela 'El repartidor de Pekín'.
Alfaguara

Durante cerca de veinte años, Hu Anyan cambió una y otra vez de empleo mientras recorría algunas de las grandes ciudades de China buscando una manera de ganarse la vida. Fue dependiente, camarero, vigilante, empleado de gasolinera, trabajador de almacén y repartidor. En total, pasó por 19 trabajos diferentes en seis ciudades. De aquella sucesión de contratos, jornadas interminables y salarios modestos nació El repartidor de Pekín, uno de los fenómenos literarios chinos de los últimos años y una obra que ha terminado encontrando lectores mucho más allá de su país.

El libro, publicado en España por Alfaguara el pasado 17 de marzo de 2026 con traducción de Javier Altayó Finestres, convierte una experiencia aparentemente cotidiana en un retrato de la transformación del mercado laboral chino. Pero El repartidor de Pekín no habla únicamente de China. La presión por producir más, el miedo a perder tiempo, la ausencia de estabilidad y la sensación de que el trabajo acaba apropiándose del resto de la vida explican buena parte de su éxito internacional.

De trabajar de noche en un almacén a convertirse en escritor

La historia editorial de Hu Anyan resulta casi tan llamativa como el contenido de su libro. Nacido en Guangzhou en 1979, comenzó a publicar textos en Internet en 2009, aunque durante años la escritura permaneció en segundo plano mientras continuaba encadenando empleos.

Todo cambió durante la pandemia. En 2020 escribió sobre su experiencia trabajando en el turno nocturno de un gran centro logístico. El texto comenzó a circular por Internet y terminó haciéndose viral. A partir de ahí, diferentes editores repararon en aquel trabajador que describía desde dentro una parte de la economía china que millones de personas conocían, pero que rara vez ocupaba el centro de una obra literaria.

Aquellos textos terminaron convirtiéndose en El repartidor de Pekín, publicado originalmente en China en 2023. El fenómeno fue inmediato. La obra se convirtió en un superventas y acabó acercándose a los dos millones de ejemplares vendidos en el mercado chino, mientras sus derechos comenzaban a extenderse internacionalmente.

Cuatro minutos para entregar cada paquete

El repartidor de Pekín - Cultura
Portada de la novela ‘El repartidor de Pekín’.
Alfaguara

Uno de los episodios centrales del libro corresponde a los años que Hu Anyan pasó repartiendo paquetes en Pekín. Su relato permite observar desde dentro el funcionamiento cotidiano de una economía construida alrededor de la velocidad: clientes esperando, vehículos eléctricos, edificios residenciales, teléfonos móviles y un reloj que nunca se detiene.

Según recoge The Guardian, Hu llegó a calcular que necesitaba ganar alrededor de medio yuan por minuto para que su jornada resultara rentable. Eso equivalía aproximadamente a completar una entrega cada cuatro minutos. En los días más intensos podía llegar a caminar 30.000 pasos.

Hasta las actividades más básicas adquirían entonces un coste económico. Comer durante veinte minutos significaba dejar de ingresar dinero. Buscar un baño también consumía minutos de trabajo. Beber demasiado podía convertirse en un problema porque obligaba a detener la ruta. El resultado es una descripción minuciosa de un sistema en el que prácticamente cualquier interrupción puede alterar los ingresos del trabajador.

Ahí reside buena parte de la fuerza de El repartidor de Pekín. Hu no construye un gran discurso teórico sobre la precariedad. Cuenta cuánto cuesta perder cinco minutos, qué ocurre cuando un cliente no está en casa o cómo una avería puede desmontar una jornada completa. La estructura laboral aparece a través de esas pequeñas experiencias.

Por qué millones de lectores se han reconocido en Hu Anyan

El éxito del libro también coincide con un debate mucho más amplio sobre el trabajo en China. Durante los últimos años han ganado protagonismo conceptos relacionados con las jornadas interminables, la competición profesional y el agotamiento de una generación que empieza a cuestionarse hasta qué punto merece la pena organizar toda su existencia alrededor del éxito económico.

Hu Anyan pertenece además a una nueva generación de autores que ha despertado interés en la literatura china contemporánea. Financial Times lo ha relacionado con los denominados wild writers: escritores procedentes de entornos laborales alejados de las élites culturales y académicas que utilizan su propia experiencia como materia literaria.

Pero hay otro elemento esencial en su historia. Mientras pasaba de un empleo a otro, Hu encontró en los libros una forma de preservar un espacio propio. La lectura y la escritura aparecen como refugios frente a trabajos que reclamaban prácticamente todo su tiempo. Autores como Chéjov, Raymond Carver o David Foster Wallace acompañaron aquellos años de incertidumbre.

Por eso El repartidor de Pekín termina planteando una pregunta mucho más universal que la situación de los trabajadores chinos: cuánto tiempo estamos dispuestos a entregar para ganarnos la vida y qué queda de nosotros cuando el trabajo ocupa casi todo lo demás. Hu Anyan pasó años transportando paquetes por las grandes ciudades. Paradójicamente, fue cuando empezó a contar aquella vida cuando millones de personas comenzaron a reconocer en ella algo de la suya propia.

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