En pleno verano madrileño, cuando el asfalto de la calle Alcalá parece devolver todo el calor acumulado durante el día, las puertas del Círculo de Bellas Artes ofrecen algo más que una entrada a la cultura. Por tercer año consecutivo, la institución abre su Refugio Climático, una iniciativa que ha pasado de experimento estacional a convertirse en uno de sus proyectos más reconocibles frente a la emergencia climática.
Hasta el 6 de septiembre, el histórico Salón de Baile del CBA se transforma en una gran plaza pública interior: un espacio fresco, gratuito y abierto a toda la ciudadanía, donde leer, trabajar, conversar, jugar o simplemente descansar. No se trata solo de escapar del calor, sino de ensayar otra manera de habitar la ciudad en los meses más difíciles del año.
Arquitectura para permanecer
La pieza central de la edición de 2026 es 62 descansillos, una intervención arquitectónica temporal diseñada por Recetas Urbanas, el colectivo encabezado por el arquitecto Santiago Cirugeda. Conocido por su trabajo en arquitectura social y participación ciudadana, el estudio ha instalado una estructura de plataformas, terrazas, balcones y rincones que recorre el Salón de Baile y lo convierte en una sala de estar elevada.
La propuesta no funciona como un simple decorado. Es una infraestructura habitable que invita a ocupar el espacio de formas distintas: estudiar con el portátil en una zona con WiFi y enchufes, leer en silencio, conversar, descansar o mirar el salón desde una altura inesperada. El gesto tiene algo de inversión simbólica: uno de los espacios más solemnes del Círculo se desprende de parte de su aire institucional para convertirse en un lugar de uso cotidiano.
El serio asunto del juego
Aunque la primera función del refugio es ofrecer confort térmico, el eje conceptual de este año es el juego. Según la propia programación del CBA, jugar no aparece aquí como una evasión infantil, sino como una forma de imaginar futuros posibles, ensayar reglas distintas y pensar colectivamente cómo queremos vivir juntos.
Esa idea atraviesa buena parte del calendario de actividades. El refugio cuenta con una ludoteca gratuita, en colaboración con Tranjis Games, donde los visitantes pueden probar juegos de mesa para distintas edades. Pero el programa va más allá del entretenimiento. Algunas sesiones invitan a modificar las reglas de juegos conocidos para pensar problemas contemporáneos. En Ponle un impuesto de carbono al Catán, por ejemplo, los participantes hackean títulos como Los colonos de Catán o Seven Wonders para cuestionar sus modelos de desarrollo desde una perspectiva más sostenible.
También se celebrarán partidas colectivas de Game of Kin, un juego colaborativo que imagina un mundo posterior al colapso de la Tierra, y sesiones de Half-Earth Socialism, en las que el público asume el papel de planificador mundial para intentar evitar una catástrofe ecológica sin perder el apoyo de la población. El juego, en este contexto, se convierte en una herramienta política: una forma de probar alternativas sin solemnidad, pero sin quitarles importancia.

Arte como espejo: Cuerpo en refugio
El compromiso ecológico del refugio se refuerza con Cuerpo en refugio, la instalación de la artista Angela Enero Febrero, antigua alumna de la Escuela SUR. La pieza, ganadora del concurso LIFE INTEMARES convocado por la Fundación Biodiversidad y el Círculo de Bellas Artes, presenta una escultura híbrida en la que un cuerpo humano aparece integrado en el interior de una tortuga marina.
La obra plantea una relación ambigua entre alteración y posibilidad de sostén. Remite a la vulnerabilidad compartida entre los cuerpos humanos y los ecosistemas que habitamos, especialmente aquellos afectados por el cambio climático, la presión humana y la transformación de los hábitats. Colocada dentro de un refugio pensado para proteger a las personas del calor extremo, la escultura establece una conexión directa entre nuestra necesidad de cuidado y la fragilidad de otras formas de vida.
Un modelo de cuidado comunitario
Más allá de las instalaciones artísticas y lúdicas, el Refugio Climático funciona como un espacio práctico de supervivencia urbana. Una de sus iniciativas más reconocibles es la Guardería para plantas. Durante el verano, los vecinos pueden dejar allí sus plantas de interior mientras se marchan de vacaciones, dentro de una dinámica de cuidado compartido que convierte el refugio en algo más que una sala acondicionada.
La hidratación también forma parte del dispositivo. El espacio cuenta con una fuente de agua para quienes lleven botella reutilizable, reforzando una cultura de sostenibilidad y consumo responsable. A ello se suman rincones de lectura, zonas de trabajo y actividades que reivindican el descanso como práctica colectiva. La inauguración incluyó una Siesta colectiva guiada por Las Lindas Pobres, con un paisaje sonoro entre ambient, electrónica, jazz fragmentado y resonancias de dub.

Relevancia política y social
El éxito de la iniciativa, que en 2025 superó los 60.000 visitantes, ha atraído también la atención institucional. En la inauguración de esta edición, el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, defendió la necesidad de multiplicar este tipo de espacios frente a las olas de calor y presentó el CBA como ejemplo de respuesta comunitaria a la crisis climática.
La portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento, Rita Maestre, también asistió a la apertura, en una edición que vuelve a situar el debate sobre los refugios climáticos en el centro de la conversación urbana. La pregunta de fondo no es solo cómo refrescar una ciudad, sino qué tipo de infraestructuras públicas, culturales y comunitarias pueden hacerla más habitable cuando el verano deja de ser una estación agradable para convertirse en un riesgo.
Esa dimensión sociológica aparece también en la presencia de Eric Klinenberg, autor de Palacios del pueblo y Heat Wave, que ofrecerá una conferencia sobre el papel de las infraestructuras sociales en la construcción de ciudades más resilientes. Bibliotecas, centros culturales y espacios de encuentro no son solo equipamientos: pueden ser redes de protección frente al aislamiento, la desigualdad y los efectos más duros de la crisis climática.
Información práctica
El Refugio Climático del Círculo de Bellas Artes abre todos los días, de 11:00 a 21:00, hasta el 6 de septiembre. La entrada al espacio es libre y gratuita. Además de la instalación 62 descansillos, la programación incluye torneos y partidas de ajedrez, talleres de transformación textil como Océanos de denim, sesiones de Repair Café para reparar pequeños objetos y dispositivos, propuestas de lectura compartida y actividades en torno al juego, la ecología y la imaginación colectiva.
El 6 de agosto, el refugio acogerá además una conferencia del astrofísico Diego López Cámara Ramírez sobre los eclipses solares en España, con motivo del eclipse total de Sol que podrá observarse en el país en agosto de 2026.
En una ciudad cada vez más difícil de habitar durante los meses de verano, el Círculo de Bellas Artes recuerda que la cultura puede ser algo más que programación, prestigio o consumo. Puede ser sombra, agua, juego, compañía y descanso. Un refugio, en el sentido más literal de la palabra.

