Gafas violetas

‘Erin Brockovich’: cuando la justicia llevaba minifalda y dos divorcios

Julia Roberts encarnó a una trabajadora sin formación jurídica que investigó la contaminación de Hinkley mientras soportaba el clasismo, el machismo y las exigencias incompatibles impuestas a las madres

'Erin Brockovich': cuando la justicia llevaba minifalda y dos divorcios
'Erin Brockovich': cuando la justicia llevaba minifalda y dos divorcios
Montaje: kiloycuarto

Erin Brockovich llega a una entrevista de trabajo con tres hijos, una cuenta bancaria casi vacía y una cadena de empleos que no han durado demasiado. La persona que tiene delante repasa su currículum como un inventario de fracasos y apenas escucha sus explicaciones. Tras perder una demanda por un accidente de tráfico, Erin obliga al abogado Ed Masry a contratarla. No posee estudios de Derecho ni experiencia en un bufete, pero sabe que la respetabilidad profesional ha sido definida por personas que nunca tuvieron que resolver un problema de guardería antes de entrar en una oficina.

Steven Soderbergh estrenó Erin Brockovich en 2000, inspirado en la investigación que permitió reclamar responsabilidades a Pacific Gas and Electric Company por la contaminación con cromo hexavalente del agua de Hinkley, California. La película sitúa la intuición y la capacidad para relacionarse con las víctimas en el centro del trabajo jurídico. Erin descubre que unos expedientes inmobiliarios incluyen historiales médicos, viaja hasta el pueblo, visita a las familias y comprende la conexión entre sus enfermedades y la actividad de la compañía.

Sus compañeros interpretan la ropa, el lenguaje y la vida sentimental de Erin como pruebas de incompetencia. Ella lleva tacones, escotes y minifaldas porque ha elegido vestirse así, una decisión que la película defiende frente a quienes pretenden corregirla. El vestuario funciona como un desafío a la convención que asocia autoridad femenina con la imitación de los códigos masculinos. Erin no modifica su apariencia para entrar en el despacho; obliga al despacho a reconocer el valor de su trabajo.

Cartel de la película 'Una mujer audaz'
Cartel de la película ‘Una mujer audaz’

La cámara participa en ocasiones de la sexualización que el personaje combate. Julia Roberts fue convertida en parte del espectáculo mediante prendas diseñadas para destacar su cuerpo y varios chistes explotan la reacción que provoca. Erin utiliza conscientemente los prejuicios de algunos hombres para obtener información, pero la película corre el riesgo de atribuir sus avances a la seducción cuando su principal capacidad consiste en leer documentos, recordar datos y ganarse la confianza de cientos de personas.

Esa memoria demuestra una preparación que los abogados corporativos no poseen. Erin conoce los nombres, teléfonos, enfermedades y circunstancias familiares de los demandantes. Cuando una firma más poderosa se incorpora al caso y una letrada cuestiona sus métodos, responde identificando de memoria a cada víctima. La secuencia enfrenta dos modelos de autoridad femenina: el que ha aprendido a desenvolverse dentro de las instituciones y el que ha adquirido su conocimiento mediante el contacto directo con las personas perjudicadas. La tensión entre ambas está atravesada por la clase social y por la sospecha mutua.

La maternidad complica la independencia de Erin. Su vecino George asume el cuidado de los niños y le permite dedicar largas jornadas a la investigación, pero termina reprochándole sus ausencias. La película reconoce que cualquier carrera profesional necesita una red de cuidados, aunque presenta el conflicto como un problema privado de la pareja. Erin debe responder simultáneamente ante su jefe, los demandantes, su compañero y unos hijos que apenas la ven. Los hombres entregados al trabajo suelen recibir admiración; en su caso, el compromiso profesional se utiliza para cuestionar su condición de madre.

Julia Roberts en Erin Brockovich
Julia Roberts en Erin Brockovich, una película del año 2000 sobre la lucha de la maternidad. Con esta cinta, dirigida por Steven Soderbergh se llevó el Oscar a mejor actriz

La relación con las mujeres de Hinkley aporta algunos de los momentos más importantes. Erin escucha a Donna Jensen explicar las enfermedades sufridas por su familia y establece con ella una confianza que supera el trámite legal. Hablan del agua, los tumores, las operaciones y el miedo. Por esas conversaciones, la película supera claramente el test de Bechdel y concede a las víctimas una presencia que impide reducir el caso a una cifra millonaria.

El acuerdo de 333 millones de dólares fue entonces el mayor alcanzado en una demanda directa de este tipo en Estados Unidos. Sin embargo, el triunfo de Erin no consiste solamente en conseguir una indemnización. Su investigación obliga a reconocer como conocimiento profesional unas habilidades consideradas femeninas y, por tanto, secundarias: escuchar, cuidar los detalles biográficos y comprender cómo una enfermedad altera la vida cotidiana de una familia.

Al final, Ed Masry le entrega una bonificación de dos millones de dólares. Erin ha tenido que trabajar mucho más que sus compañeros para que su aportación resulte visible, y ni siquiera entonces controla la decisión sobre cuánto vale. Su victoria conserva esa contradicción: logra hacerse imprescindible dentro del sistema jurídico, aunque la autoridad para fijar su salario continúa en manos del hombre que al principio se resistía a contratarla.

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