Gafas violetas

‘Mamma Mia!’: cuando una mujer puede construir una familia sin pedir permiso

La comedia musical protagonizada por Meryl Streep convirtió una isla griega en un escenario de canciones de ABBA, pero también planteó un modelo de maternidad, amistad y familia poco habitual en el cine comercial

'Mamma Mia!': cuando una mujer puede construir una familia sin pedir permiso
'Mamma Mia!': cuando una mujer puede construir una familia sin pedir permiso
Montaje: kiloycuarto

Cuando Mamma Mia! llegó a los cines en 2008, buena parte de la conversación giró en torno a las canciones de ABBA, al reparto encabezado por Meryl Streep y al ambiente festivo de una historia concebida para hacer cantar al espectador. Sin embargo, detrás de esa apariencia de musical ligero se esconde una película que desafía varios de los códigos con los que Hollywood ha representado tradicionalmente a las mujeres. Su protagonista no busca un príncipe, no necesita ser rescatada y tampoco siente la obligación de justificar las decisiones que marcaron su vida. Lo más llamativo es que la película nunca presenta esa libertad como una reivindicación explícita. Simplemente la convierte en el punto de partida de la historia.

Donna Sheridan vive sola en una pequeña isla griega donde regenta un hotel construido con su propio esfuerzo. Crio a su hija Sophie sin revelar nunca quién era su padre y levantó un proyecto de vida al margen de cualquier figura masculina. La película no oculta las dificultades económicas ni el cansancio de una mujer que ha trabajado durante décadas para sacar adelante un negocio, pero tampoco convierte su maternidad en un relato de sacrificio permanente. Donna no aparece definida por la ausencia de un hombre, sino por las decisiones que tomó para construir una vida propia.

amor de verano
Fotograma de Mamma Mía.

La verdadera tensión dramática no nace de ella, sino de Sophie. A punto de casarse, la joven cree que necesita conocer la identidad de su padre para completar su historia y, sin decírselo a su madre, invita a los tres hombres que podrían serlo. La búsqueda responde a una idea muy extendida en la ficción: la necesidad de encontrar una figura paterna que complete la identidad del personaje. Sin embargo, la película termina desmontando esa premisa. Ninguna prueba biológica resuelve el conflicto porque, en realidad, la historia nunca trató de averiguar quién era el padre, sino de comprender que una familia puede construirse de formas distintas.

Esa idea resulta especialmente interesante vista con perspectiva feminista. Durante décadas, el cine presentó la maternidad en solitario como consecuencia de un fracaso sentimental o como un problema que debía resolverse mediante la aparición de un hombre. Mamma Mia! propone otra posibilidad. Donna no vive esperando el regreso de ninguno de sus antiguos amantes ni lamenta haber criado sola a su hija. Conserva recuerdos, arrastra heridas y mantiene vínculos afectivos con ellos, pero su vida no quedó suspendida cuando aquellos romances terminaron.

También resulta poco habitual la forma en que la película representa la amistad entre mujeres. Rosie y Tanya no desempeñan el papel de confidentes cuya única función consiste en escuchar los problemas de la protagonista. Las tres forman una comunidad que se sostiene desde hace años y cuya complicidad no depende de la presencia masculina. Hablan de sus vidas, recuerdan su juventud, se ríen unas de otras y celebran seguir juntas. La amistad aparece como una estructura estable, capaz de sobrevivir al paso del tiempo y de convertirse en un espacio de apoyo emocional.

'Mamma mia!' triunfó también por su manera de narrar la amistad femenina
‘Mamma mia!’ triunfó también por su manera de narrar la amistad femenina

Otro de los aspectos más llamativos es la edad de sus protagonistas. Hollywood ha reservado tradicionalmente las historias románticas para mujeres jóvenes, mientras relegaba a las mayores de cincuenta años a papeles secundarios o maternales. Mamma Mia! rompe esa lógica. Donna, Tanya y Rosie tienen deseos, relaciones sentimentales, sentido del humor y conflictos propios. La cámara no las convierte en personajes invisibles ni trata de rejuvenecerlas para hacerlas aceptables. Su edad forma parte de quienes son, pero no determina el lugar que ocupan en la historia.

Eso no significa que la película esté libre de estereotipos. Sophie continúa imaginando su boda como el gran acontecimiento que dará sentido a su vida y buena parte del relato gira alrededor de ese ideal romántico. Además, los tres posibles padres terminan ocupando un espacio emocional relevante que, en algunos momentos, desplaza el protagonismo de las mujeres. El desenlace también recurre a una solución conciliadora que evita cualquier conflicto profundo entre los personajes.

Aun así, el mensaje que permanece es otro. Donna nunca pide perdón por haber vivido su sexualidad con libertad ni por haber tenido una hija fuera del matrimonio. La película tampoco la castiga por ello, como tantas veces ocurrió en el cine clásico. Al contrario, presenta esa experiencia como parte de una vida compleja, con errores y aciertos, pero plenamente legítima.

Vista desde las gafas violetas, Mamma Mia! demuestra que una película popular también puede ampliar el imaginario sobre las mujeres sin necesidad de convertir cada escena en un discurso. Lo hace mostrando a una protagonista que trabaja, decide, envejece, ama, se equivoca y cría a una hija sin renunciar a su autonomía. Quizá por eso sigue conectando con nuevas generaciones. Debajo de las coreografías, del mar Egeo y de las canciones de ABBA hay una idea que todavía no resulta tan frecuente en el cine comercial: una mujer puede construir una familia, una carrera y una vida propia sin que todo dependa de encontrar al hombre adecuado.

TAGS DE ESTA NOTICIA