Ester Expósito ha decidido responder con dureza a las críticas que recibió después de aparecer bailando en La Casita de Bad Bunny. La actriz aprovechó su visita a Al cielo con ella, el programa presentado por Henar Álvarez en La 1, para defender su derecho a disfrutar del reguetón sin que eso ponga en duda sus convicciones feministas.
La intérprete no evitó el debate sobre la falta de diversidad en ese espacio del concierto. Al contrario, comenzó dejando claro que considera legítima la petición de ver mujeres con cuerpos, edades y apariencias distintas. Lo que rechaza es que esa reivindicación termine utilizándose para juzgar moralmente a quienes suben al escenario o para imponerles una forma correcta de comportarse.
“Antes de abrir el melón, que se pida diversidad y cuerpos distintos de mujeres me parece maravilloso y estoy totalmente de acuerdo. Queremos ver la realidad, mujeres distintas, cuerpos distintos”, explicó ante Henar Álvarez.
“Lecciones de feminismo, las justas”
El tono cambió cuando Ester Expósito se refirió a quienes cuestionaron que una mujer feminista pudiera bailar reguetón o participar en un espectáculo como el de Bad Bunny.
“Todo el puritanismo este rancio… ¿Qué es?”, se preguntó. Después fue todavía más directa: “Por supuesto que se puede ser feminista y disfrutar del reguetón y perrear hasta el suelo si te da la gana”.
La actriz considera que esa discusión pertenece a una etapa que debería estar superada. A su juicio, el problema no está en analizar críticamente la industria musical, sus letras o sus modelos de representación, sino en convertir ese análisis en una nueva lista de prohibiciones dirigida a las mujeres.
Expósito distingue entre reclamar diversidad y dictar cómo debe comportarse una feminista. La primera cuestión amplía libertades; la segunda vuelve a reducirlas.
Su respuesta más contundente llegó cuando habló de quienes desacreditan habitualmente el feminismo, pero recurren después a ese mismo lenguaje para atacarla. “Yo no soy perfecta y puedes estar de acuerdo conmigo o no, pero lecciones de feminismo del señor, o de quien sea, que se pasa el año negando la violencia de género y llamándonos feminazis, las justas”, afirmó.
La polémica que comenzó en La Casita de Bad Bunny

El debate surgió después de que Ester Expósito apareciera en La Casita durante uno de los conciertos de Bad Bunny en Madrid. Esta parte del escenario reproduce una vivienda puertorriqueña y permite que celebridades y personas invitadas bailen muy cerca del artista.
La presencia reiterada de mujeres jóvenes y ajustadas a cánones físicos muy concretos generó críticas en redes sociales. Numerosos usuarios reclamaron una selección más diversa y cuestionaron la imagen proyectada desde el escenario.
La discusión cambió de naturaleza cuando parte de los comentarios dejó de dirigirse contra la organización del espectáculo y comenzó a centrarse en las propias invitadas. Los vídeos de Ester Expósito bailando se difundieron de forma masiva y desencadenaron juicios sobre su cuerpo, su actitud y la coherencia de su discurso público.
La actriz acepta que se cuestione el criterio de selección, pero no que las mujeres escogidas terminen convertidas en culpables. Esa diferencia constituye el núcleo de su intervención en RTVE.
El feminismo utilizado para recortar libertad
Expósito también denunció lo que considera una apropiación interesada del discurso feminista. Según explicó, algunas personas utilizan conceptos vinculados a la igualdad no para defender la autonomía de las mujeres, sino para establecer qué música deberían escuchar, cómo tendrían que vestir o qué movimientos pueden hacer con su cuerpo.
“Me parece el colmo que se apropien de nuestro discurso para quitarnos libertad”, señaló. La actriz rechaza que el feminismo se convierta en una nueva forma de respetabilidad obligatoria, en la que una mujer debe demostrar constantemente que sus gustos, su sexualidad o su manera de divertirse son políticamente correctos.
La discusión sobre el reguetón contiene contradicciones reales. Sus letras y videoclips han sido cuestionados durante años por reproducir roles desiguales, sexualización y modelos masculinos dominantes. Pero muchas mujeres también han reivindicado el baile como un espacio propio de placer, expresión y libertad corporal.
Para Ester Expósito, ambas posiciones pueden coexistir. Es posible criticar una industria y, al mismo tiempo, defender que cada mujer decida cómo relacionarse con ella.
Una actriz acostumbrada al escrutinio sobre su cuerpo
Ester Expósito responde a las críticas sobre su visita a La Casita de Bad Bunny: “Se puede ser feminista y disfrutar del reguetón y perrear hasta el suelo”.#AlCieloConElla
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— La 1 (@La1_tve) June 23, 2026
La polémica encaja además con una cuestión sobre la que Ester Expósito se ha pronunciado en otras ocasiones: la presión estética que acompaña a las mujeres famosas.
Desde su salto internacional con Élite, la actriz ha visto cómo cada aparición pública genera comentarios sobre su peso, su rostro, su ropa o supuestos cambios estéticos. Ese escrutinio convierte cualquier imagen en un examen público y desplaza con frecuencia la atención de su trabajo hacia su físico.
Durante la entrevista, Expósito defendió que las mujeres no deberían estar obligadas a responder siempre con calma, perfección y una argumentación impecable. También rechazó la idea de que una feminista deba convertirse en un modelo intachable para que su discurso sea considerado válido.
“Yo no soy perfecta”, reconoció antes de marcar el límite: la imperfección no concede autoridad a quienes niegan la violencia machista para erigirse después en jueces de la conducta femenina.
Una respuesta convertida en baile
El programa terminó llevando la discusión al terreno más simbólico. Ester Expósito y Henar Álvarez se levantaron del sofá y bailaron en el plató acompañadas por varios bailarines, al ritmo de Dónde están las gatas, tema asociado a Daddy Yankee, Nicky Jam y Alex Gárgolas.
El momento funcionó como una respuesta visual a las críticas. Después de debatir sobre quién puede bailar y de qué manera, ambas decidieron cerrar la conversación haciendo exactamente aquello que estaba siendo cuestionado.
Expósito no pidió quedar fuera de cualquier crítica. Defendió algo más concreto: que reclamar igualdad no puede convertirse en una excusa para controlar de nuevo la conducta de las mujeres.
Su mensaje final fue sencillo. La diversidad debe exigirse, las industrias culturales pueden analizarse y el reguetón puede discutirse. Pero nadie debería utilizar el feminismo para establecer qué música convierte a una mujer en correcta o cuánto puede disfrutar de su propio cuerpo.

