La presencia española en el Festival de Cannes vivió este fin de semana uno de sus momentos más destacados con la presentación de El ser querido, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen, protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo. La película, que compite por la Palma de Oro, fue recibida con entusiasmo por parte de la crítica internacional y situó rápidamente a Bardem entre los nombres que ya suenan para el premio a mejor interpretación masculina.
Pero más allá de la acogida cinematográfica, fue la rueda de prensa posterior la que terminó convirtiéndose en uno de los focos políticos de la jornada en Cannes. Bardem aprovechó las preguntas de los periodistas para hablar sobre violencia machista, masculinidades y el conflicto en Gaza, en un discurso especialmente contundente.
“Vengo de un país donde hay una media de cuatro mujeres asesinadas por sus maridos o ex parejas al año, porque piensan que son de su propiedad. Hemos normalizado el feminicidio. Es horrible”, afirmó el actor. “Esta masculinidad tóxica se deriva de la mala educación que hemos recibido y de cómo la perpetúan hombres en el poder como Trump y Putin”.

Las declaraciones conectaban directamente con uno de los temas centrales de El ser querido, una película que vuelve a situar a Sorogoyen en el terreno de las relaciones de poder y las dinámicas masculinas, un territorio que atraviesa gran parte de su filmografía desde Stockholm, Que Dios nos perdone, El reino, Antidisturbios o As bestas.
En esta ocasión, la historia se centra en el reencuentro entre un prestigioso director de cine y su hija actriz después de trece años sin relación. El personaje interpretado por Bardem, Esteban Martínez, propone a su hija protagonizar su nueva película ambientada en el Sáhara español, desencadenando una convivencia marcada por el resentimiento, la manipulación emocional y las heridas familiares.
Sorogoyen reconoció durante la presentación que el proyecto nació de una coincidencia inesperada con Valor sentimental, la película del noruego Joachim Trier, que partía de una premisa muy similar: un director y su hija reencontrándose a través de un rodaje. El cineasta madrileño confesó que descubrir aquel proyecto fue “un mazazo”, aunque con el tiempo asumieron ambas películas como propuestas completamente distintas.
La crítica internacional ha destacado especialmente el trabajo de Bardem. El medio especializado Deadline llegó a afirmar que el actor alcanza aquí “el culmen” de su carrera interpretativa. Su personaje aparece retratado como un cineasta brillante y profundamente egocéntrico, incapaz de comprender cómo han cambiado las relaciones de poder entre hombres y mujeres dentro y fuera de los rodajes.

Precisamente esa tensión atraviesa toda la película. La propia Isabel Peña, colaboradora habitual de Sorogoyen y coautora del guion, explicó que uno de los objetivos era construir una historia más centrada en los actores y en los vínculos emocionales que en la estructura narrativa tradicional. “No queríamos hacer otra película donde alguien muere, sino una historia de personas”, resumió.
Uno de los momentos más comentados del filme es su secuencia inicial: una larga comida incómoda entre padre e hija rodada casi como un ejercicio de improvisación emocional. Sorogoyen explicó que reunió a Bardem y Luengo ocho meses antes del rodaje y les pidió que no volvieran a verse hasta el día de la escena. Cada actor escribió además una biografía de su personaje que el director mezcló parcialmente para construir una relación llena de información incompleta y tensión acumulada. “Escuchaba lo que me ofrecía Javier y todo era muy fluido, pero había una rabia y un dolor que no podía controlar”, explicó Victoria Luengo en el Festival de Cannes. La actriz señaló que el gran reto consistía en evitar que Emilia, su personaje, quedara reducida únicamente a una hija enfadada con su padre.
La película entra además en el terreno metacinematográfico al mostrar el rodaje de otra película dentro de la propia ficción. Ahí Sorogoyen y Peña introducen una reflexión sobre las dinámicas abusivas que históricamente han existido en muchos sets de rodaje. Una de las secuencias centrales reproduce una jornada de filmación psicológicamente extrema inspirada, según contaron ambos, en una experiencia real durante el rodaje de As bestas. “Fue una escena difícil y tirante”, reconoció Sorogoyen. “Cuando terminamos sentimos alivio”.

La rueda de prensa derivó también hacia el posicionamiento político de Bardem respecto a Gaza. El actor volvió a denunciar públicamente la situación humanitaria y reconoció que existe miedo ante las posibles consecuencias profesionales de ese activismo, especialmente dentro de la industria estadounidense.
“Lo importante es poder mirarse en el espejo y sentirse cómodo con tu propia ética”, afirmó. Bardem aseguró además que percibe un cambio generacional dentro de la industria audiovisual y consideró que las nuevas generaciones están más informadas y más movilizadas gracias al acceso constante a imágenes y contenidos a través de redes sociales y teléfonos móviles.
“No tengo plan B”, añadió el actor, que aseguró estar dispuesto a asumir cualquier consecuencia derivada de sus declaraciones políticas. Al mismo tiempo, se mostró convencido de que quienes terminarán “quedando expuestos” serán aquellos sectores que impulsan dinámicas de listas negras o silenciamiento.
Con El ser querido, el cine español vuelve a ocupar un lugar central en Cannes. Y lo hace además con una película que convierte las relaciones familiares, la violencia emocional y las estructuras de poder masculinas en el verdadero núcleo de su discurso.
