Margaret Qualley (31 años) ha dejado de esconderse detrás del eufemismo. Cuando el presentador del podcast Happy Sad Confused, Josh Horowitz, la definió como “actriz de segunda generación”, ella misma corrigió el matiz con una carcajada: “Esa es una forma bonita de decirlo. Podéis llamarme nepo baby”. La confesión, lejos de sonar a rendición, resume el momento de éxito que atraviesa la actriz. Peleada por directores y productores, Qualley es la hija de Andie Macdowell y una estrella que ha decidido dejar de justificar su apellido y, en cambio, convertirlo en parte de la conversación pública sobre el nepotismo en Hollywood.
MacDowell, protagonista de Cuatro bodas y un funeral, es una de las caras más reconocibles del cine romántico de los noventa. El físico, en ambos casos, ha sido tanto una llave de entrada a la industria como una losa de la que despegarse. MacDowell empezó como modelo antes de saltar a la interpretación; Qualley hizo el mismo recorrido, primero como bailarina, después como modelo y finalmente como actriz. “Crecí siendo bailarina, luego modelo y más tarde actriz. En cada etapa había una presión enorme por ser perfecta, especialmente en la danza, donde existe un ideal muy concreto que se espera alcanzar”, nos explicó la actriz. Esa exigencia física, sostiene, terminó convirtiéndose en materia prima interpretativa cuando aceptó protagonizar La sustancia, la película de Coralie Fargeat en la que compartió reparto con Demi Moore.

En esa cinta, Qualley interpreta a Sue, la versión “perfecta” y sin alma del personaje de Moore. Para construirla, nos dijo, trabajó desde el cuerpo. “Todo giraba en torno a la fisicalidad de Sue. Estudié cómo se movía su cuerpo, cómo caminaba, tratando de encarnar la idea de perfección de Coralie. Al mismo tiempo, quería que mi cuerpo se moviera por el mundo sin dolor”.
La actriz reconoce que encarnar ese ideal de belleza extremo resultó agotador, tanto física como mentalmente, pero también revelador. “Sue es, en el fondo, bastante vacía y sin alma. Amplificar esas cualidades fue agotador. Sentí que formaba parte de un mensaje más grande”.
El paralelismo entre madre e hija se hizo explícito por primera vez ante las cámaras en la serie Maid donde ambas trabajaron juntas por primera vez. MacDowell dio vida a Paula, la madre bipolar del personaje de Qualley. La propia actriz explicó cómo surgió la idea. “Los productores estaban tratando de elegir el papel de Paula y pensé que mi madre sería una buena opción para el personaje. Siempre tuve como objetivo trabajar con ella algún día, aunque nunca imaginé que iba a ser tan pronto”. El rodaje, además, coincidió con la cuarentena por la pandemia en Canadá, lo que convirtió la convivencia forzosa en un regalo inesperado: “Desde un punto de vista egoísta, en esos nueve meses de aislamiento fue un lujo poder tener a mi madre conmigo”.

Para MacDowell, la llamada supuso una doble alegría. Por un lado, la oportunidad de interpretar un papel con el que se sentía identificada por experiencias familiares propias, su madre enfrentó enfermedades mentales y alcoholismo; por otro, la señal de que su hija, ya asentada en una carrera propia, podía permitirse compartir espacio profesional con ella sin sentir que la eclipsaba. “Su invitación a trabajar con ella ha sido el regalo más hermoso que me han hecho. Sin su apoyo, no me habrían llamado para interpretar este personaje”, reconoció la actriz.
El éxito de la serie, uno de los mayores estrenos de Netflix aquel año, tampoco estaba en los planes de ninguna de las dos. Qualley ha contado que el rodaje fue tan extenuante que buena parte del equipo terminó tatuándose la frase “hemos terminado”. MacDowell, por su parte, prefiere relativizar el triunfo. “Sé que el éxito es efímero y que conviene disfrutarlo mientras dura sin darle demasiada importancia”. Ese mismo cuidado, tratando de no dejarse arrastrar por el ruido es el que Qualley aplica ahora a dos frentes muy distintos de su vida. En el profesional, la actriz acaba de ser fotografiada rodando en Jersey City el remake de Possession (1981), el clásico de terror en el que asumirá el papel que en su día interpretó Isabelle Adjani.

En el personal, la actriz atraviesa la ruptura con su marido, el productor musical Jack Antonoff, con quien se casó en agosto de 2023. Los rumores de separación se dispararon después de que Antonoff acudiera solo a la boda de Taylor Swift y Travis Kelce a comienzos de julio, y se confirmaron cuando Qualley eliminó de su Instagram las fotografías de su enlace. Una fuente cercana a la pareja aseguró que ambos mantienen una relación cordial pese a la ruptura y que no existe intención de reconciliación.
Pese al momento personal, Qualley ha aparecido públicamente en el set de Possession, vestida de negro y metida ya en el personaje, en lo que constituye su primera aparición pública tras conocerse la noticia de la separación. La actriz, habituada a compaginar la exposición mediática con el trabajo, ha insistido en que su prioridad sigue siendo la interpretación por encima del ruido que la rodea, ya sea el de su vida sentimental o el del debate sobre el nepotismo.
Sobre este último punto, Qualley se muestra pragmática. No niega la ventaja de partir desde los brazos de una madre actriz reconocida internacionalmente, pero reivindica el trabajo duro como el verdadero mérito de su éxito. “Quiero demostrar mi talento. Me encanta la sensación de trabajar sin descanso, sentirme agotada tras un día de trabajo”. La comparación con su madre, lejos de incomodarla, parece haberse convertido en el hilo que conecta ambas carreras. Dos mujeres cuyo físico les abrió puertas, pero cuyo oficio les brindó recompensa, según ambas reconocen, por la misma entrega obsesiva al proceso de interpretación.

