Llegué a La Asistenta por error. Confundí la adaptación de los libros Frida Mcfadden, que ahora están en pantalla grande con la película del mismo nombre, con esta serie que me senté a ver a principios de enero a pesar de ser una producción de hace cinco años.
Bendita confusión. Sin desmerecer lo que iba buscando, encontré una serie necesaria sobre la violencia de género, sobre la maternidad, las relaciones familiares, los sueños y un problema absolutamente generalizado en las mujeres que puedan estar sufriéndola y es lo que cuesta auto percibirse como víctima.
Sin querer edulcorar, maquillar ni dulcificar la pobreza, La Asistenta (Maid, Netflix, 2021) te sumerge en el mundo de la clase baja estadounidense, lejos del sueño americano, donde si tienes un marido que ejerce violencia sobre ti, una madre que vive en una caravana y un padre con el que no tienes trato, la única salida es dormir en el coche. O en la calle. Aunque tu hija de tres años esté junto a ti descubriendo un mundo injusto y a veces cruel.
Alex (Margaret Qualley) es una joven que decide no seguir en una casa en la que la última bronca con su novio le abre los ojos para alejarse de él. Ante la falta de recursos decide optar por un trabajo de asistenta por horas limpiando casas para salir adelante.

Alex contra el mundo
Sin embargo, su casi nulo músculo financiero hará que supere cada día al límite de la catástrofe, y todo teniendo que hacer malabares para que su pequeña Maddy no se entere del drama, no sufra las consecuencias de su pobre situación… y no resulte tampoco un impedimento para poder encontrar trabajo, claro. Es un Alex contra el mundo, o más bien un Alex buscando una mínima pizca de suerte, un pequeño agarre en un mundo, el suyo, plagado de toboganes hacia la indigencia.
Me enganchó la resiliencia de Alex. Me enamoró su capacidad de sacrificio y protección sobre su hija. Pero lo que me terminó de fascinar de esta serie es la ventana que me abrió para poder conocer de una manera realista (y por momentos, profundamente cruda) la realidad de aquella Norteamérica que no siempre se nos muestra: la de la burocracia implacable, la de los círculos viciosos de pobreza y abusos, la de la desesperanza inevitable.
La historia de una pobre chica que se quedó embarazada del chico equivocado, el padre borracho, el marido abusador, el hombre sin futuro en el que decían que era ‘el país de las oportunidades’. La historia de una madre joven y económicamente dependiente que un día, tras una época de terror en su casa-caravana, se harta y decide luchar por el futuro de su hija y por el suyo propio.

Andie MacDowell, sobresaliente
No será fácil: la sociedad no está preparada para una transgresora de clases sociales, y no tiene las herramientas adecuadas para facilitar la transición. Además, no existe un entorno familiar en el que ella se pueda apoyar; su madre, Paula (interpretada de forma sobresaliente por Andie MacDowell) es una artista inestable, que no supo ser la mejor madre para Alex y que difícilmente puede brindar a su hija y su nieta una estabilidad económica o emocional si apenas puede hacerlo consigo misma. Su padre, que rehízo su vida tras la separación, transmite desde el primer momento una falta de conexión con su hija que será explicada a lo largo de los episodios. Una subtrama que supone, sin duda, uno de los principales pilares sobre los que se apoyará la serie.
Hay mucho con lo que disfrutar y sufrir en esta serie: ahonda en lo que supone para una mujer un trastorno de estrés postraumático (TEPT). Trata de forma realista la lacra de la violencia de género en una industria de un país en el que no siempre se puede encontrar con facilidad esta temática.
Aborda de manera realista la pobreza de la América profunda, lo difícil que es salir de ese pozo y la vital importancia que tienen los pequeños ángeles salvadores del día a día, en forma de una adinerada mujer que se apiada, un educado hombre sobreprotector o una mujer que lidera una red de apoyo a mujeres maltratadas.

Ocho mejor que diez
También se le puede sacar algún ‘pero’. El principal es que esta historia no da para 10 episodios. Te engancha, sí. Pero en ocasiones (sobre todo en la segunda mitad de la serie) deja la sensación de que han tenido que alargar subtramas y secuencias solo para cumplir con un encargo de alcanzar una duración determinada. En todo caso, un mal menor para un producto con la clara idea de concienciar y hacer una foto cruda de la realidad de millones de norteamericanos atrapados en una vida de maltratos, limitaciones y pobreza que ellos no terminaron de elegir nunca. Un ejercicio brillante que disfrutas sufriendo.
