Opinión

Día de la Tierra: la Pachamama no está en venta

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Cada 22 de abril, en el marco del Día de la Tierra, se multiplican los discursos sobre sostenibilidad, futuro verde y compromiso con el planeta.

Sin embargo, en los territorios indígenas, donde la crisis climática y la contaminación no son una amenaza lejana sino una herida abierta, sabemos muy bien que la Tierra no necesita aplausos ni declaraciones vacías. Necesita defensa. Necesita justicia. Necesita que dejemos de destruirla.

Perú
Imagen del estado del glaciar Quelccaya, el casquete de hielo tropical más grande del mundo (Manos Unidas)
Manos Unidas

En Puno, donde vivo, esas palabras suenan huecas. Porque aquí la contaminación del lago Titicaca y de las cuencas es nuestra realidad cotidiana. En nuestros territorios se sigue envenenando el agua, talando los árboles y debilitando el tejido de la vida.

Si la Madre Tierra enferma, enfermamos todos

La sociedad olvida que si la Madre Tierra enferma, enfermamos todos. Si el agua se contamina, se contamina también nuestro futuro. Y si perdemos la capacidad de vivir en armonía con la naturaleza, perdemos una parte esencial de lo que somos como humanidad.

Pero hemos aprendido a no quedarnos en la queja. Proponemos. Construimos agendas. Denunciamos. Porque defender la Madre Tierra no es un acto de rebeldía, sino una obligación ética y espiritual de cualquier sociedad decente y en especial viendo el futuro.

Sin embargo, la resistencia es dura y la lucha es desigual. Las empresas mineras presionan. Las autoridades a veces miran para otro lado. Y cuando defendemos nuestros territorios, nos llaman “anti-desarrollo, rojetes y terrucos”. Se quiere silenciar a pueblos que han cuidado la tierra durante siglos. Pero no hay desarrollo posible si se hace sobre tierras envenenadas, sobre comunidades despojadas de sus territorios sobre el silencio forzado de quienes vivimos las consecuencias.

Día de la Tierra
Mujeres aimaras en Puno, Perú
Shutterstock

Desde DHUMA-Puno Derechos Humanos y Medio Ambiente, organización que pertenece a la Red Muqui (plataforma peruana que defiende los derechos de comunidades y el desarrollo sostenible frente a la actividad minera, a nivel local e internacional) y con el apoyo de organizaciones como Manos Unidas*, nos articulamos. Compartimos experiencias. Nos fortalecemos para la defensa de la casa común herencia de nuestros ancestros.

El papel de las mujeres indígenas en la defensa de la Tierra

Nosotras, las mujeres indígenas, hemos tenido que aprender a alzar la voz en espacios donde antes apenas se nos escuchaba. Pero escuchar no es lo mismo que hacer caso. Durante años, muchas veces nos han dejado hablar para luego ignorarnos en la práctica. Hemos estado en reuniones, en procesos de diálogo y, demasiadas veces, todo termina en documentos que nadie lleva a la práctica. Esa es una de las mayores formas de violencia: fingir la participación de un pueblo mientras se siguen tomando decisiones sin ellos.

Las mujeres indígenas sabemos de qué hablamos. Tomamos agua contaminada. Vemos cómo se altera la salud de nuestros familiares. Y escuchamos promesas que no se cumplen. Pero somos defensoras activas. Ya no decimos solo “nuestra agua está contaminada”. Decimos también: ¿quién responde?, ¿cómo se remedia?, ¿cuándo se actúa?

Ese cambio no es menor. Es la diferencia entre ser víctimas silenciosas y ser defensoras con voz propia.
Y en este Día de la Tierra, exigimos algo incómodo: menos discursos, más acción. Porque la Tierra se salva con decisiones valientes, protegiendo los territorios, reparando el daño y respetando a quienes la defendemos desde siempre.

Para nosotros, la tierra, el agua, los cerros y los lagos no son recursos sin alma, sino parte de una relación de reciprocidad que nuestras abuelas y abuelos nos enseñaron a respetar. La Pachamama no es un símbolo decorativo para un acto institucional. Es la base de la existencia humana. Y cuando se contamina el agua o se destruyen los ecosistemas, no solo se rompe el equilibrio ambiental: se rompe también la vida y la esperanza de los pueblos que hemos cuidado de esos territorios durante siglos.

Y ahora dime, ¿qué herencia dejaremos a nuestros hijos? ¿Territorios envenenados? ¿Promesas rotas de los gobernantes de turno?

 

*Actualmente, en Perú, están en proceso legislativo dos proyectos de ley que ponen en riesgo a los pueblos indígenas y a las comunidades campesinas (el primero abriría todas las Áreas Protegidas de Perú a la minería y a la extracción de gas y petróleo, y el segundo que abriría a proyectos de extracción de gas una enorme zona de la Amazonía peruana, hogar de un gran número de pueblos indígenas), el trabajo de Manos Unidas refuerza, a través de la Red Muqui, la capacidad organizativa y la incidencia de las comunidades que permitan crear un entorno en el que las propias poblaciones afectadas puedan liderar la defensa de sus derechos humanos y ambientales de manera autónoma.

**Yolanda Flores Montoro, la autora de este artículo, es lideresa aimara y miembro de DHUMA-Puno Derechos Humanos y Medio Ambiente, organización que pertenece a la red Muqui, socio local de Manos Unidas y plataforma peruana que defiende los derechos de comunidades y el desarrollo sostenible frente a la actividad minera, a nivel local e internacional.

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