Todos los dirigentes del Partido Popular se referían así a Luis Bárcenas cuando se les preguntaba. “Ese señor del que usted me habla…”, contestaban de inmediato dejando bien patente su incomodidad. Nadie quería pronunciar su nombre. Era tabú, un sinónimo de corrupción del que trataban de desvincularse. Fue bastante ridículo ver al PP empleando esta fórmula durante años. Mariano Rajoy la utilizó a menudo como evasiva. Usó esta y otras muchas igual de rocambolescas para no mencionar nunca a aquellas personas de su formación que estaban bajo sospecha.
La cuestión es que los periodistas supimos pronto cómo se llamaba, pero al principio nos costó un poco ponerle cara. Por sus funciones como tesorero siempre se había mantenido en un discreto segundo plano. Era senador por Cantabria y nada famoso. Así que no le teníamos fichado.
Recuerdo la primera vez que le identifiqué. Seguro que alguno de mis compañeros de profesión lo hizo antes, pero yo no le conocí hasta que llegamos a una Interparlamentaria en Sevilla. Llevábamos unos meses hablando del ‘caso Gürtel’ y todos queríamos acorralarle. Alguien me indicó donde estaba sentado escuchando atentamente las intervenciones. Todos los ojos estaban puestos en él. Por eso, cuando en un momento dado se levantó y salió del plenario, nos abalanzamos sobre él.
Le perseguimos a la carrera, micrófono en mano, deslumbrados por la multitud de focos y flashes que no dejaban de relampaguear, más de uno se tropezó por el camino y todo para terminar con el protagonista metiéndose en el baño. Esa fue una de sus muchas huidas. Luego vinieron otras por la calle, por el aeropuerto, al salir del portal de su casa, al esconderse en un restaurante… Vivimos una época en la que parecía que estábamos inmersos en una película de mafiosos.
Todo esto me vino a la cabeza este lunes al verle de nuevo en el juicio por la ‘Operación Kitchen’ que se celebra en la Audiencia Nacional. Estaba como siempre, altivo y sin despeinarse. Desveló que en su día grabó a Rajoy hablando de la caja B del partido y aseguró que en el audio se llegaba a escuchar el destructor de documentos. También confirmó que su presidente era la persona que respondía a las iniciales M.R.

Sus palabras se contradicen con algunas de las realizadas anteriormente. Pero tiene una explicación. En el pasado actuaba en calidad de imputado y estaba negociando con los populares. Mentía porque la verdad colisionaba con su derecho de defensa. En la actualidad lo hace como testigo y procede al ajuste de cuentas.
Pero quién se cree ahora lo que cuenta. Para el PP siempre fue la palabra de un delincuente al que no había que darle ninguna tipo de solvencia. Es verdad que su credibilidad está más que tocada, pero también hay que recordar que en esta ocasión se trata de determinar si existió un grupo parapolicial que presuntamente le espió y robó material sensible… Si es así, por algo sería.
En cualquier caso, hay gente que considera que su aportación en estos momentos es relativa porque no hay pruebas. Según él, pidió a un preso de Soto del Real, experto en informática, que hiciese desaparecer lo que tenía guardado en la nube. También había un pendrive que contenía las conversaciones. Estaba en el estudio de su mujer, Rosalía Iglesias, pero cuando fue a buscarlo ya había volado.
De modo que todo pasa por una nueva escandalera que vuelve a poner el foco sobre Génova, 13. Y en la sede nacional han optado por la táctica de siempre: marcar distancias. Nada más plantearle este tema al secretario general del partido, Miguel Tellado, lo ventiló diciendo que ellos no sabían nada de lo que pasaba hace cuatro legislaturas.
Es curioso -por no decir una falta de respeto a la inteligencia- que la dirección conservadora haga borrón y cuenta nueva sólo cuando le interesa. Hace nada, el 30 de noviembre del año pasado, Alberto Núñez Feijóo se rodeaba de José María Aznar y Rajoy en una manifestación contra Pedro Sánchez en el Templo de Debod de Madrid para clamar contra “el sanchismo que está en la cárcel”.
Si nos vamos a unos meses antes, en julio de 2025, el actual líder de los conservadores se dejaba arropar por los ex en el 21 Congreso del PP. Aznar y Rajoy acudieron a Valencia para escenificar la unión de los suyos. En esa foto, por cierto, no salía Pablo Casado. A este le echaron tras denunciar al hermano de Isabel Díaz Ayuso por supuestas comisiones irregulares con la venta de material sanitario durante la pandemia.
Pero volviendo a aquel cónclave, Feijóo dijo que en el partido estaban orgullosos de sus “referentes”. Si fuese así, se encargarían de defenderlos. Pero desde hace años ya no se pone la mano en el fuego por nadie. La experiencia ha demostrado que siempre sale uno achicharrado. Así que mejor centrarse en Begoña Gómez, Koldo García, José Luis Ábalos y compañía. Que los socialistas tampoco se libran. Hay argumentos de sobra para erosionar al contrario en los mítines. Más ahora que está en juego Andalucía.
Mañana le toca a declarar a Rajoy. En su día ya desmintió al señor que le llevaba las cuentas en el PP diciendo que él no había triturado nada y que lo relatado era “falso de toda falsedad”.
