Un libro. Bacon, de Annika Brunke. Para mí, el descubrimiento de una autora que arriesga en personajes y planteamiento, con voz directa, ágil y comprometida. No se para a explicar los porqués, sino que dar por hecho que hay realidades distintas pese a la incomprensión social. Brunke habla sin tapujos sobre sexo, identidad de género y gordofobia. También se explaya en la violencia y el trauma:
Cuando escucho a las mismas personas que martirizaron mi adolescencia elogiar mis pasteles, me entran ganas de arrastrarlas hasta la parte de atrás de la tienda y acabar con cada una de ellas una a una. Los maltratadores de entonces se excusan en la tontería de la edad, en sus ganas de querer encajar, en padres ausentes y madres perfeccionistas.
Bacon es una potente novela negra que parte del hallazgo de un brazo amputado, en un contenedor de Las Palmas de Gran Canaria. El policía y la jueza al frente de la investigación tienen su propia trama paralela que engrasa a la perfección el personaje de una pastelera. En Editorial Al revés.
Un descubrimiento. La muerte de Irene Márquez, o lo que es lo mismo, que alguien ficcione su propia muerte en viñetas. Y encima la premien por el meritorio trabajo. Irene Márquez es el actual Premio Nacional del Cómic, y el porqué del jurado ya lo querrían muchos: “camina con éxito sobre la fina línea entre lo incorrecto, lo brutal y la carcajada”.

Una serie. Creednos. No es la primera serie o película con esta premisa, pero el reclamo sí es igual de perentorio. Porque mientras nadie las cree -a ellas, las víctimas-, su violador sigue actuando. John Worboys, el depredador del taxista negro, se movió con total impunidad durante los primeros años del 2000. En apenas una década, se calcula que drogó y violó a más de un centenar de mujeres. Solo una veintena llegaron a juicio. Pero les costó, hasta el punto de sentirse solas en la batalla. Nadie las creía, hasta que se encontraron las unas a las otras. Creednos es la rotunda denuncia al sistema policial y judicial que las falló. En Movistar+.


