La habitación propia

Por qué meter libros en la maleta de los peques es la mejor decisión del año

Tres libros, tres edades y una misma apuesta; convertir el verano en el momento perfecto para que los peques conviertan la lectura en un hábito

Tres lecturas infantiles para el verano.
Tres lecturas infantiles para el verano.
Montaje: kiloycuarto

Las vacaciones de verano duran una eternidad para cualquier criatura y un suspiro para cualquier adulto que tenga que rellenarlas de algo más que pantallas y piscina. La ciencia educativa dice que quien lee en verano entretiene la mente y frena lo que en pedagogía llaman el summer slide, esa pérdida de habilidades lectoras y matemáticas que se produce cuando el cerebro infantil pasa meses sin ejercitarse. Es una temporada en la que se decide buena parte del futuro lector de los peques, así que si hay un propósito de verano que merezca la pena adoptar, ese es el del hábito lector infantil.

La lectura mola debería ser el lema que acompañe esta actividad. Fomentar la lectura en niños no tiene que venir acompañado de sermones o tardes de agosto con deberes encubiertos. Es tan sencillo como encontrar el libro adecuado para la edad adecuada, ese que conecte con lo que un niño de dos años, uno de siete o un preadolescente de doce está viviendo en ese momento exacto de su desarrollo. Porque los beneficios de la lectura infantil cambian según la etapa; a los más pequeños les ayuda a poner nombre a lo que sienten, a los de primaria les enseña que un libro puede ser tan divertido como una pantalla, y a los preadolescentes les ofrece un espejo donde reconocer ese caos emocional que empieza a instalarse justo antes del instituto.

De 1 a 4 años: ponerle nombre a la rabieta con El botón rojo

Cualquiera que haya convivido con un niño de dos años sabe que las rabietas son igual de predecibles que algunos fenómenos meteorológicos. Llegan sin avisar, lo arrasan todo y desaparecen igual de rápido dejando a su paso una sensación de absoluto desconcierto, tanto en quien la sufre como en quien la padece. Marta Prada, una de las divulgadoras de crianza respetuosa y educación emocional con más seguimiento en redes, ha decidido convertir ese desconcierto en un libro con solapas que cualquier familia debería tener en la estantería este verano: El botón rojo. Enzo tiene rabietas, publicado por Carambuco Ediciones.

Enzo tiene un botón rojo en la barriga que se ilumina cuando algo lo desborda, y a partir de ahí el libro acompaña al lector en el proceso de reconocer esa sensación física antes de que se convierta en grito o en llanto. La respiración, las palabras o incluso el sentido del humor aparecen como pequeñas herramientas que Enzo aprende a usar con la ayuda de su familia, y que cualquier niño o niña de esta edad puede empezar a interiorizar jugando, sin que nadie le suelte un discurso sobre gestión emocional, que los peques son incapaces de comprender.

De 6 a 9 años: fútbol, amistad y monstruos sin estereotipos en El superchute de Enzo

Coincidiendo con el verano del Mundial, llega el momento perfecto para que los primeros lectores descubran que el fútbol también puede ser una excusa para hablar de inclusión, empatía y trabajo en equipo. El superchute de Enzo, escrito por J. Santoro Gallego con ilustraciones de Lucía Barrios, abre la colección Monstruoso F.C. y arranca con la premisa de que en Educación Monstrufísica, el entrenador Frank decide que este curso toca fútbol en lugar de las habituales carreras de cien metros fétidos.

‘El superchute de Enzo’, de J. Santoro Gallego, con ilustraciones de Lucía Barrios.
Carambuco Ediciones

Lo que sigue es la formación de un equipo variopinto, divertido y deliberadamente alejado de los estereotipos deportivos que tantas veces dictan quién puede jugar y quién no. Es justo en esta franja de edad, entre los 6 y los 9 años, cuando los niños y las niñas empiezan a construir sus primeras ideas sobre pertenencia y diferencia, y los libros que muestran la amistad como un valor que se gana jugando juntos, sin importar quién corre más rápido o quién mete más goles, hacen un trabajo silencioso pero enorme. Además, el formato de cómic ilustrado y la dosis justa de humor escatológico siempre hacen match con los peques que están empezando a disfrutar de sus primeras lecturas en solitario.

De 9 a 12 años: el primer crush y la presión de encajar en Un crush secreto

La preadolescencia es ese momento incómodo en el que de repente importa lo que piensen los demás, y Un crush secreto, de la escritora británica Lisa Williamson, retrata ese giro con bastante mimo. Tercer título de la serie Instituto Bigg, ilustrada por Jess Bradley y publicada también por Carambuco Ediciones, la novela sigue a Astrid, una chica orgullosa de ser distinta, devoradora de libros y miembro destacado de la Sociedad del Garabato, cuyo mundo se tambalea cuando descubre que Teddy, con quien comparte una pasión lectora casi religiosa, se ha convertido en su primer enamoramiento secreto.

La clave de esta lectura es que el verdadero conflicto del libro no es romántico, es identitario; Astrid empieza a preguntarse si ser ella misma compensa cuando lo que de verdad quiere es encajar, y para conseguirlo está dispuesta a aliarse con su archienemiga y traicionar a su mejor amiga. Williamson vuelve a demostrar por qué sus historias funcionan tan bien con lectores de entre 9 y 12 años, esa edad en la que el instituto empieza a asomar en el horizonte y las amistades, los primeros amores y la propia identidad se convierten en los grandes temas del día a día.

Un verano, tres edades, un mismo hábito

Lo bonito de plantear el verano como una oportunidad lectora y no como una obligación es que permite acompañar a cada niño y niña exactamente donde está; a los más pequeños ayudándoles a poner palabras a lo que sienten, a los de primaria enseñándoles que la diversión y los valores pueden convivir en la misma historia, y a los preadolescentes ofreciéndoles espejos donde reconocer ese lío emocional que empieza a instalarse justo antes de una nueva etapa. En este sentido, un libro bien elegido puede acompañar el crecimiento de un niño o una niña tanto como cualquier otra herramienta educativa, y con la ventaja añadida de que nadie se da cuenta de que está aprendiendo mientras lo hace, y al mismo tiempo, se genera un hábito de lectura que va a ser siempre beneficioso para cualquier momento de sus vidas.

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