Qué esconde realmente ‘La bola negra’: el significado detrás de Lorca, las tres generaciones y las vidas que no pudieron existir

Los Javis convierten las cuatro páginas que dejó Lorca en una reflexión sobre rechazo, memoria, deseo y futuros truncados

Los Javis han ganado mejor dirección en el Festival de Cannes con la película 'La bola negra'
Imagen promocional de la película.
Movistar Plus+

La bola negra empieza con apenas cuatro páginas y termina hablando de casi un siglo de historia española. Javier Calvo y Javier Ambrossi han construido su película a partir del proyecto que Federico García Lorca dejó inacabado antes de su asesinato en 1936, pero lo que aparece en pantalla va mucho más allá de imaginar cómo habría continuado aquel texto. Bajo las tres historias que atraviesan el metraje hay una reflexión sobre el rechazo, la vergüenza, la memoria y, sobre todo, las vidas que nunca llegaron a completarse.

Los propios directores ofrecen una primera pista. La bola negra está dedicada, en palabras de Javier Ambrossi, a «todas las vidas inacabadas». La expresión resulta fundamental para entender una película donde prácticamente todo gira alrededor de aquello que pudo existir y no existió: relaciones que no pudieron vivirse, identidades escondidas, familias atravesadas por el silencio y una obra que Lorca apenas había empezado a escribir.

La bola negra que significaba ser rechazado

Qué esconde realmente 'La bola negra': el significado detrás de Lorca, las tres generaciones y las vidas que nunca pudieron existir
Fotograma de la película.

El origen del título permite comprender buena parte del significado de La bola negra. En las páginas conservadas del proyecto de Lorca aparece un joven de familia acomodada que pretende ingresar en un casino granadino. Los socios votan su admisión mediante bolas blancas y negras. La negra implica que alguien no es aceptado.

El protagonista recibe precisamente esa condena. Tras el rechazo aparece su homosexualidad como elemento determinante. Lorca estaba planteando así una historia con un personaje principal explícitamente homosexual, algo que nunca pudo desarrollar porque su vida y su trabajo quedaron interrumpidos pocos meses después.

Los Javis toman ese pequeño mecanismo social y lo convierten en algo mucho mayor. La bola ya no representa únicamente la expulsión de un club: representa el momento en el que una sociedad decide quién puede pertenecer y quién debe quedarse fuera.

Javier Calvo ha explicado el símbolo también como una forma de vergüenza introducida dentro de quien sufre el rechazo. Ahí aparece una segunda lectura especialmente importante. Cuando la discriminación se prolonga durante suficiente tiempo, ya no hace falta que alguien coloque constantemente esa bola sobre la mesa. Quien la ha recibido puede acabar llevándola consigo.

Tres generaciones para contar una misma herida

Por eso La bola negra está dividida entre 1932, 1937 y 2017. A primera vista son tres momentos históricos diferentes protagonizados por hombres diferentes. En el fondo, sin embargo, forman una misma historia extendida durante generaciones.

La película observa cómo cambia la experiencia homosexual en España y, al mismo tiempo, qué permanece después de cada transformación. La represión abierta del pasado no es equivalente a la realidad de 2017, pero sus consecuencias pueden sobrevivir mucho más que las circunstancias que las originaron.

Los directores hablan de una especie de herencia de la vergüenza. Las libertades pueden conquistarse y las leyes pueden cambiar, pero determinadas heridas familiares, miedos y silencios no desaparecen automáticamente.

Ahí cobra sentido la investigación situada en el presente. No consiste únicamente en averiguar qué ocurrió décadas atrás. Se trata de una búsqueda de identidad. Reconstruir la vida de quienes estuvieron antes permite comprender por qué ciertas familias aprendieron a callar determinadas cosas y cómo ese silencio terminó llegando hasta quienes nacieron mucho después.

Lorca y todas las vidas que quedaron sin terminar

Federico García Lorca
Libros de Federico García Lorca.
Montaje: kiloycuarto

La figura de Federico García Lorca concentra esta idea mejor que ninguna otra. El escritor dejó cuatro páginas de La bola negra. Los Javis no adaptan realmente aquella obra: imaginan el espacio que quedó después de su desaparición.

Ellos mismos han definido la película como una ucronía. La pregunta no es qué escribió Lorca, porque ese texto simplemente no existe, sino qué habría podido escribir si hubiese vivido.

El asesinato de una persona no elimina únicamente su presente, también destruye todos sus futuros posibles. En el caso de Lorca significa las obras que nunca escribió, las relaciones que habría vivido, su posible evolución artística, su madurez y una vejez que jamás llegó.

La guerra aparece como una máquina capaz de destruir vidas, pero también como una máquina capaz de destruir posibilidades. De ahí que la película contraponga constantemente el deseo de ser, amar o crear con fuerzas históricas que impiden que esos futuros lleguen a materializarse.

Ese concepto se extiende además mucho más allá de Lorca. Cada personaje representa, de alguna manera, uno de esos caminos interrumpidos. De ahí procede el sentido de hablar de «vidas inacabadas»: personas cuya biografía no pudo desarrollarse libremente y cuyo vacío permaneció después en quienes sobrevivieron.

Terminar casi noventa años después lo que Lorca no pudo terminar

Rodaje de La bola negra - Cultura
Fotograma de la película.
Elastica Films

Existe todavía una última capa en La bola negra. La propia película funciona como parte de su mensaje.

Un escritor homosexual comenzó en 1936 una historia protagonizada abiertamente por otro hombre homosexual y nunca pudo concluirla. Casi noventa años después, otros creadores recuperan aquellas páginas y utilizan la ficción para imaginar el espacio que quedó en blanco.

No pretenden reconstruir literalmente lo que Lorca habría escrito. Lo imposible de esa empresa forma precisamente parte de la película. El vacío es el tema.

La obra inexistente de Lorca se convierte en una metáfora de todas las historias que no llegaron hasta nosotros. Personas que no pudieron hablar, amar públicamente, escribir sus recuerdos o explicar a sus hijos aquello que habían vivido.

Por eso el verdadero significado de La bola negra termina regresando al objeto que le da nombre. Al principio es simplemente una forma de decirle a alguien que no pertenece a un determinado lugar. Al final representa algo mucho mayor: todo aquello que puede colocarse entre una persona y la vida que habría podido vivir.

Los Javis utilizan a Lorca para mirar hacia esas posibilidades desaparecidas. Y quizá ahí esté la idea que recorre verdaderamente toda la película: una vida interrumpida deja un vacío, pero ese vacío también puede ser recordado, nombrado y contado por quienes llegan después.

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