El Servicio Aéreo de la Guardia Civil, clave en los incendios forestales

Los helicópteros realizan misiones de reconocimiento, evacuación, rescate y coordinación durante los grandes incendios forestales

Servicio Aéreo de la Guardia Civil - Defensa
La unidad de drones y contradrones de la Guardia Civil.
EFE

Cuando un gran incendio forestal obliga a desplegar decenas de medios aéreos, los helicópteros que descargan agua sobre las llamas suelen concentrar buena parte de las imágenes. Sin embargo, existe otra labor menos visible que resulta fundamental para dirigir una emergencia de grandes dimensiones. El Servicio Aéreo de la Guardia Civil no está diseñado principalmente para apagar el fuego, sino para observarlo, seguir su avance, trasladar especialistas, facilitar evacuaciones y proporcionar información desde el aire a quienes toman decisiones sobre el terreno.

Esta capacidad adquirió una importancia especial durante los graves incendios registrados a finales de julio en Madrid, Ávila y Toledo, una emergencia que obligó al Estado a activar por primera vez la Situación Operativa 3 por incendios forestales y colocar a la Unidad Militar de Emergencias al frente de la dirección operativa.

En aquellos días, la Guardia Civil llegó a desplegar más de mil agentes, decenas de vehículos y varios helicópteros. Los aparatos del SAER se convirtieron en los ojos del dispositivo sobre una enorme superficie afectada por humo, llamas y continuos cambios de viento.

Qué hace el Servicio Aéreo de la Guardia Civil durante un incendio

La misión del Servicio Aéreo de la Guardia Civil es diferente a la que desempeñan los aviones anfibios o los helicópteros equipados para lanzar agua. Sus tripulaciones realizan vuelos de reconocimiento que permiten conocer hacia dónde avanza el frente y qué poblaciones pueden quedar amenazadas.

La información resulta especialmente importante cuando el fuego se aproxima a urbanizaciones o municipios. Desde el aire es posible observar obstáculos, carreteras cortadas y nuevos focos que desde tierra pueden quedar ocultos.

Durante los incendios de julio, estos vuelos ayudaron a valorar la evolución de las llamas alrededor de localidades madrileñas como Navas del Rey, Pelayos de la Presa o Robledo de Chavela, en una crisis que terminó provocando evacuaciones y confinamientos en decenas de núcleos de Madrid, Ávila y Toledo.

Un piloto del SAER explicaba, en declaraciones recogidas por el periodista Julio Maíz, que las tripulaciones tuvieron que trabajar con “condiciones especialmente adversas de visibilidad por el humo y las cenizas”, a las que se añadían unas temperaturas muy elevadas que reducen las prestaciones de los helicópteros.

Helicópteros que vuelan cerca del frente de las llamas

La Base Central del Servicio Aéreo de la Guardia Civil se encuentra en Torrejón de Ardoz, junto a la gran instalación del Ejército del Aire y del Espacio. Desde allí opera el Grupo de Helicópteros y se coordinan algunas de las misiones que requieren refuerzos inmediatos.

Entre los aparatos más modernos de la unidad se encuentran los Airbus EC135 y H135, una familia de helicópteros ligeros y polivalentes utilizada en vigilancia, rescate, transporte y coordinación.

Durante la emergencia de julio llegaron a operar simultáneamente dos helicópteros procedentes de Madrid, además de aeronaves de otras unidades territoriales. La capacidad de desplazar aparatos entre bases permite reforzar rápidamente las zonas donde la situación se vuelve más crítica.

Una de las misiones consistió en trasladar a ingenieros de la UME para observar directamente las zonas más comprometidas del incendio. La operación exigía aproximarse al frente para evaluar su comportamiento, algo especialmente complejo cuando el humo reduce drásticamente la visibilidad.

Del reconocimiento al rescate de personas

El Servicio Aéreo de la Guardia Civil también puede asumir misiones de evacuación cuando una persona queda atrapada o necesita un traslado urgente.

Un ejemplo especialmente dramático ocurrió el 11 de agosto de 2025 durante el incendio de Tres Cantos, en Madrid. Un hombre quedó gravemente herido mientras las llamas atravesaban la zona de Soto de Viñuelas. Sufría quemaduras en el 98% del cuerpo.

Después de ser atendido por los servicios sanitarios, un helicóptero de la Guardia Civil lo trasladó al Hospital Universitario La Paz. El hombre falleció posteriormente debido a la gravedad de las lesiones.

Este tipo de intervenciones muestra otra de las ventajas de disponer de aeronaves preparadas para operar como apoyo policial y de emergencia: pueden pasar de una misión de observación a otra de transporte o rescate dependiendo de las necesidades del dispositivo.

Una red aérea desplegada por toda España

El SAER nació en 1973 y actualmente dispone de unidades aéreas distribuidas por distintos puntos del territorio, con bases en lugares como Madrid, León, Sevilla, Valencia, Málaga, A Coruña, Huesca, Baleares, Asturias, Granada o Canarias.

La Guardia Civil mantiene además helicópteros, aviones y sistemas no tripulados para misiones que van mucho más allá de los incendios: lucha contra el narcotráfico, vigilancia fronteriza, rescates en montaña, control marítimo o apoyo a investigaciones judiciales.

En verano, sin embargo, los incendios forestales multiplican la presión sobre el Servicio Aéreo de la Guardia Civil. Las tripulaciones deben combinar sus servicios habituales con largas jornadas de reconocimiento y coordinación alrededor de grandes frentes.

La misión continúa cuando las llamas desaparecen

El trabajo tampoco termina necesariamente cuando el incendio queda extinguido. Después de los grandes fuegos pueden realizarse vuelos relacionados con la investigación de sus causas y con la valoración de los daños.

Según la información recabada en la Base Central del SAER, tras los incendios de julio se efectuaron vuelos con personal de la Fiscalía para observar desde el aire las áreas afectadas y recopilar información útil para las actuaciones posteriores.

Es una última función que resume el papel de estas aeronaves. El Servicio Aéreo de la Guardia Civil puede estar presente antes, durante y después de una gran emergencia forestal: primero vigilando, después ayudando a coordinar y rescatar y, finalmente, colaborando para reconstruir qué ocurrió.

No arrojan toneladas de agua sobre el bosque y rara vez protagonizan las imágenes más espectaculares de un incendio. Pero mientras otros medios combaten directamente las llamas, los helicópteros de la Guardia Civil aportan algo igual de necesario: saber desde el aire dónde está el peligro y hacia dónde se dirige.

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