La Península Ibérica se prepara para alumbrar un gran grupo energético a la vuelta del verano.
Hace unas semanas, Moeve y Galp confirmaron que avanzan en las negociaciones para integrar sus redes de refinerías y gasolineras en España y Portugal. Eso sí, más despacio de lo previsto.
El pasado enero, suscribieron un acuerdo para, en un doble movimiento, unir sus negocios y crear dos compañías: una industrial y otra de movilidad.
Según el esquema dibujado, la primera se enfocaría en el cliente industrial y abarcaría el refino, la química, la comercialización, el hidrógeno verde y los biocombustibles.
Mientras, la segunda se orientaría al consumidor minorista y a la movilidad, aglutinando la venta de combustibles fósiles y renovables, incluyendo la recarga de vehículos eléctricos. Como resultado, una red de 3.500 gasolineras en España y Portugal —Repsol supera las 4.000—, con Moeve y Galp como marcas de referencia en sus respectivos mercados.
En la empresa industrial, el 80% del capital estaría en manos de los accionistas de Moeve; en la empresa de movilidad, la propiedad se compartiría. Quedarían fuera de la operación los negocios de exploración y producción de petróleo. Y, en caso de la lusa, otras actividades en renovables, gas o electricidad.
Galp tiene como primer accionista a la mayor fortuna del país: la familia Amorim. Si el acuerdo con Moeve se concreta, la saga extenderá su influencia en España, donde ha ido tomando posiciones en las últimas décadas.
El patrimonio de la familia Amorim

Para entender el origen del patrimonio de los Amorim —5.840 millones de euros, según Forbes—, hay que hablar de Américo Amorim. El empresario, fallecido en 2017, levantó su fortuna a partir del negocio de corcho de su familia, que se remonta a 1870.
Tras crear Corticeira Amorim con sus hermanos, en la década de los 80 fue comprando producción y fábricas de corcho en España, que había sido líder hasta la llegada de tapón de plástico a las botellas de vino.
Hoy, Corticeira es líder mundial —está presente en el suelo de la cripta de la Sagrada Familia— y vale unos 900 millones en Bolsa, una cifra similar a su facturación en 2025.
Conocido como el rey del corcho, Américo Amorim diversificó sus inversiones.
Su lema era “ni un solo mercado, ni un solo cliente, ni una sola divisa, ni un solo producto”.
Al principio, extendió su influencia al ámbito financiero.
Participó en la Sociedade Portuguesa de Investimentos (origen del banco BPI) y creó el Banco Nacional de Crédito Inmobiliario. En 2003, vendió su 75% en este último a Banco Popular y entró en el capital de la entidad española, con un 4,5%. Salió en 2013. Posteriormente, Popular fue absorbido por Santander.
Posteriormente, construyó centros comerciales en Portugal y compró en España; en alianza con la francesa Accor promovió hoteles; invirtió en telecomunicaciones —en Telcel, que daría lugar a Vodafone—; adquirió bodegas en Oporto…
En 2005, entró en el sector energético con la compra de un tercio de Galp. Hace diez años, su hija Paula Amorim le sucedió en la presidencia de la empresa, una de las más grandes de Portugal.
Las Amorim: una viuda y tres hijas
Desde que falleció Américo Amorim, gestionan el patrimonio familiar su viuda, María Fernanda (91 años), y sus tres hijas: Paula, Marta y Luisa.
Luisa ha dirigido el crecimiento en el sector vitivinícola. En concreto, en los proyectos de Quinta Nova de Nossa Senhora do Carmo y Taboadella. Además, es vicepresidenta de Corticeira Amorim, donde María Fernanda y sus hijas detentan el 10,32% de forma directa y la mitad de la sociedad que controla el 51% —la otra mitad es de la familia de Antonio Amorim—.
Marta preside la sociedad holding del grupo familiar —el puesto es rotatorio— y es consejera de Galp. Asimismo, estaba al frente de Banco Luso Brasileiro, que acaba de salir de su cartera de participadas. La familia Amorim ha traspasado el 32,8% de la entidad y sale de Brasil.
Paula, la hermana mayor (55 años) y presidenta de Galp, es responsable del principal activo de la fortuna familiar. En 2025 facturó 19.507 millones de euros y ganó 1.120 millones, un 7,7% por encima del año anterior.
La compañía, que sufrió en el área de exploración y producción de petróleo por la volatilidad en los precios de las materias primas y la incertidumbre macroeconómica, tiene un valor bursátil de unos 13.500 millones.
En máximos históricos, Galp acumula un 35% de revalorización en 2026. Por consiguiente, también se ha incrementado la fortuna de la familia Amorim, que tiene el 55% de la sociedad que detenta el 37,5% de la empresa. Su socio es Sonangol, la compañía estatal de Petróleo de Angola.
Paula Amorim: moda y lujo

Además de sucederle en la presidencia de Galp, Paula Amorim comparte con su padre el espíritu emprendedor.
A los 19 años empezó a trabajar en el holding familiar y no terminó sus estudios universitarios. En la treintena, inició su propia aventura empresarial con la compra de Fashion Clinic, una tienda multimarca con enseñas de lujo como Balenciaga, Givenchy y Prada.
De hecho, su pasión por la moda animó al holding familiar a invertir en Tom Ford International en 2008. La familia Amorim compró tener el 25% del capital y ella fue consejera durante 16 años.
En 2022, Estée Lauder pagó 2.800 millones de dólares (2.430 millones de euros al cambio actual) por el 100% de la marca. Los inversores lusos percibieron 270 millones de dólares por su 10%.
Después, la presidenta de Galp fundó Amorim Luxury Group, a través del que articula su apuesta por la moda, la decoración (House of Capricorn) o la gastronomía (JNcQUOI).
Conocida como la Marta Ortega portuguesa, tiene proyectos inmobiliarios y hoteleros en Comporta —donde también ha invertido Sandra Ortega— y en Lisboa —JNcQUOI House, con 16 suites y dos restaurantes, abrirá sus puertas el próximo 1 de septiembre—.
Desde 2019, tiene su propia enseña, que lleva su nombre y que en España está presente en El Corte Inglés. También controla la franquicia de Gucci en Portugal.

