Entrevista

Camino Pardo: “La crisis del vino ha sucedido muchas veces y ha sobrevivido a todo”

Camino Pardo, directora general de las bodegas Nexus y Frontaura, cree que el sector vinícola debe adaptarse y apostar por la calidad. Afronta desafíos como el descenso del consumo o la exigencia de un cliente que busca experiencias

Viajó con Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, se sentó a la mesa en las cortes europeas y hasta Quevedo le rindió pleitesía en sus versos.

Robusto y de gran fama en el Siglo de Oro, el vino de Toro (Zamora) sobrevivió a la plaga de la filoxera que arrasó con el viñedo en Europa en el siglo XIX.

Las vides luchan, se autogestionan, se sobreponen a heladas y olas de calor.

“El vino ha sufrido muchas transformaciones; la crisis ya ha sucedido muchas veces y ha sobrevivido a todo, a guerras y a revoluciones. Y siempre lo hará”, confía Camino Pardo, directora general de las bodegas Nexus y Frontaura.

Los datos, sin embargo, sugieren desafíos inminentes.

España es el país con más viñedos del mundo: representa el 13,1% del viñedo mundial y su superficie se reduce desde el año 2000.

Es el tercer productor mundial y, en 2025, firmó su nivel más bajo en décadas por la sequía y las olas de calor.

En ese periodo, el consumo cayó un 5,2%, el doble que a nivel mundial, y evoluciona a la baja desde 2018.

“El vino ha pasado de ser algo cotidiano a una experiencia. El sector no se ha adaptado y seguimos con los lineales de toda la vida”, afirma Pardo.

Y agrega: “La clase media está sufriendo mucho y bebe en ocasiones, y los jóvenes tienen hábitos distintos y están en una economía de la experiencia”.

Los aranceles de EEUU, un castigo para España

Camino Pardo, directora general de las bodegas Nexus y Frontaura, en la sede de Artículo14.

Esta tendencia mundial está pisando fuerte en España: “Los jóvenes buscan la salud, beben menos pero quieren algo único. Y quien consume se convierte en prescriptor”.

Pardo, vallisoletana de 60 años, sostiene que la estrategia para adaptarse a este nuevo entorno, es controlar la producción y apostar por la calidad.

Aunque admite que, para una empresa, dejar atrás el modelo basado en volumen, no es sencillo y puede comprometer la viabilidad económica, “tenemos que competir ahí”.

Más aún, ante la llegada de caldos de Argentina o Chile de la mano del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur. Una oportunidad y un riesgo.

Según explica, “no tienen nuestro sistema de producción ni nuestros costes laborales ni pasan por un proceso de envejecimiento. Lo que producen sale inmediatamente a la venta; son muy baratos”.

A la amenaza en casa se suma la volatilidad mundial y el alza en los costes de la energía o el transporte, que ha obligado a subir precios.

“En nuestro caso, hemos aguantado bastante, pero ya llega un momento en que tienes que adaptarte”, reconoce.

Y, en mercados como Estados Unidos, otro impacto adicional: los aranceles impuestos por Donald Trump.

“Han sido catastróficos para España a nivel de alimentación y parece un castigo porque los vinos procedentes de otros países que están en los lineales de Estados Unidos no tienen esos gravámenes”, asegura la empresaria.

En el caso de Nexus y Frontaura, que suman diez vinos (tintos, un verdejo y un rosado), “las ventas han decrecido un 12%”.

En conjunto, las exportaciones españolas de alimentos y bebidas cedieron un 9,6% en 2025, hasta 3.041 millones de euros, según datos de la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB).

Dónde están mejores sumillers del mundo

Camino Pardo gestiona 150 hectáreas de viñedo en bodegas Nexus y Frontaura y produce 500.000 botellas al año.

Pardo gestiona 150 hectáreas de viñedos entre Ribera de Duero y Toro a través de sus bodegas Nexus y Frontaura. Produce 500.000 botellas al año y factura un mínimo de tres millones de euros con ocho empleados fijos. “El vino es muy caprichoso; a veces no tienes cosecha o se cae un mercado importante”, ahonda.

Exporta entre el 60% y el 70% de su producción a Canadá, Estados Unidos, Centroamérica, Brasil, el norte de Europa o China.

En el gigante asiático, actualmente, “el ambiente es muy raro; no es la alegría que hemos vivido y es aún más complicado que Estados Unidos”.

Por contra, hay oportunidades en Centroamérica, en países como Ecuador, donde hay un gran conocimiento.

“En Valladolid, la gente normal tiene mucha menos cultura del vino que quienes viven en zonas no productoras. Eso me ha chocado mucho; allí estudian, aprenden”, advierte la bodeguera.

Y opina que “los mejores sumillers del mundo están en México y en Ecuador”.

En el último mes, Camino Pardo ha atravesado el Atlántico varias veces para vender su vino. “Empezar en un país no es algo rápido, pero las administraciones ayudan bastante”, concede.

No obstante, ella prefiere el tractor. El frío en los labios, el sol en las mejillas, el paisanaje de la zona.

Aquello que le hizo dejar atrás su trabajo como docente de niños superdotados en 1999 para gestionar el negocio de la familia de su marido, que había heredado unas viñas de 1840 en Toro.

“En Castilla, esto va en la sangre; si puedes comer, es obligatorio mantener el patrimonio natural para pasarlo a las siguientes generaciones”, apunta.

La mujer como consumidora de vino

Camino Pardo, de bodegas Nexus y Frontaura, cree que las mujeres son más valientes a la hora de probar nuevos caldos.

Al principio, producían y vendían la uva. Hasta que Pardo, licenciada en Filosofía y Letras y mediadora de conflictos, tomó las riendas del negocio familiar.

No le era ajeno. Su familia tuvo una empresa agrícola. Y su madre solo bebía vino —“el agua, para las ranas”, sigue pensando a sus 90 años—.

Más de 25 años después, mantiene la ilusión: “No me arrepiento. Si surge algo de mi labor anterior, intento hacerlo pero el vino es absorbente. Te exige entrega; es como un sacerdocio”.

La empresaria destaca el papel de la mujer como ancla de la vida rural. “Siempre la ha mantenido, que no fuera visible es otra cosa. Quizás, no les interesaba que lo fuera”, dice.

También subraya su eficiencia, su sensibilidad para hacer equipo y… su perfil como consumidora.

“Son más atrevidas porque no les importa no saber. Están seguras de lo que quieren beber, ya son autónomas en la elección del vino que quieren consumir y no beben por beber”, enumera.

Considera, asimismo, que es la mujer quien ha llevado la cultura de la copa, de la temperatura del vino, del maridaje, al ámbito cotidiano. El arte a la mesa.

El cambio cultural pendiente

Camino Pardo, de bodegas Nexus y Frontaura, afirma que el vino es un producto que se hace solo.

El perfil ha cambiado y también el mercado, pero el punto de partida sigue siendo el mismo.

“El vino es un producto que se hace solo; se hace solo en la planta, que para hacer buenos vinos debe sufrir y buscar el agua en la tierra, como toda la vida”, reflexiona.

Pero, también, “se hace solo, de forma natural, en bodega”.

Y ahí, en los tiempos, está el gran cambio cultural pendiente. “Las bodegas sacan el vino al mercado demasiado rápido”, reta Pardo.

“En todos los países menos en España siempre me preguntan si no tengo añadas más antiguas. Aquí, quieren lo último”. Y eso no es, necesariamente, positivo.

“Una vez embotellado, no está listo para beber porque también realiza una segunda oxidación en botella con el corcho natural. Para disfrutar el vino, las añadas tienen que pasar tiempo en bodega”, zanja.

El vino y la prisa no maridan bien, a su juicio. Esta es su pista para la próxima botella: “Si la gente bebiera crianzas o reservas de 2018, alucinaría”.