Las 10 razones por las que debes leer ‘Los hermanos Karamázov’ antes de morir

Dostoyevski convirtió una familia destruida por el deseo, la culpa y el resentimiento en una reflexión universal sobre la libertad y la fe

Los hermanos Karamázov - Cultura
Imagen simbólica inspirada en la novela.
Artículo14/ChatGPT

Hay libros que terminas y hay libros de los que tienes que salir. Los hermanos Karamázov pertenece a la segunda categoría. Después de más de mil páginas conviviendo con Dmitri, Iván, Aliosha, Fiódor Pávlovich y todos los que orbitan alrededor de esta familia descompuesta, cerrar la novela produce una sensación difícil de explicar. No es únicamente satisfacción. Tampoco alivio. Es algo parecido a despedirse de personas a las que probablemente no querrías conocer, pero que, después de tanto tiempo, han conseguido instalarse en algún lugar de tu cabeza.

Confieso que empecé Los hermanos Karamázov con respeto. Incluso con cierta prevención. Dostoyevski, más de mil páginas, discusiones religiosas, nombres rusos, filosofía, moral, libre albedrío. Todo parecía advertirme de que aquello requeriría esfuerzo. Lo que no esperaba era encontrar una novela tan humana. Tan violenta, divertida, absurda, dolorosa y, por momentos, extrañamente cercana.

Ahora que la he terminado entiendo por qué Los hermanos Karamázov ha sobrevivido desde 1880 y por qué seguimos hablando de ella casi siglo y medio después. Estas son mis diez razones para leerla al menos una vez en la vida.

1. Porque te obliga a mirarte cuando preferirías mirar hacia otro lado

Los hermanos Karamázov no permite leer desde una posición moralmente segura. Dostoyevski te obliga constantemente a preguntarte qué habrías hecho tú. Hasta dónde llega nuestra responsabilidad. Cuánto de nuestros pensamientos termina convirtiéndonos en aquello que somos. Si desear algo terrible nos hace culpables incluso aunque jamás lleguemos a hacerlo.

Es muy fácil juzgar a sus personajes. Lo difícil es descubrir que, después de centenares de páginas, empiezas a comprenderlos. No necesariamente a perdonarlos, y esa diferencia es fundamental. Dostoyevski se acerca a lugares que preferimos considerar ajenos para recordarnos que las contradicciones, el egoísmo, el resentimiento o la necesidad de ser queridos no pertenecen exclusivamente a los monstruos.

2. Porque nadie parece entender tan bien nuestras contradicciones

He leído pocas novelas donde una persona pueda amar y odiar con semejante intensidad dentro de la misma página. En Los hermanos Karamázov, nadie parece estar compuesto de una sola pieza. Dmitri puede resultar brutal y generoso. Iván puede parecer extraordinariamente lúcido y estar perdido al mismo tiempo. Aliosha posee una bondad que nunca se confunde con ingenuidad.

Quizá por eso resulta tan fácil olvidar que fueron escritos en el siglo XIX. Dostoyevski observa la culpa, la obsesión, el deseo, la vergüenza y el autoengaño con una precisión casi perturbadora. Sigmund Freud acabaría considerando esta novela una obra excepcional y la crítica psiquiátrica moderna continúa encontrando en ella una representación sorprendentemente sofisticada de la mente. Pero uno no necesita saber nada de Freud para comprobarlo. Basta con leer a sus personajes intentando explicarse a sí mismos.

3. Porque los Karamázov podrían ser cualquier familia llevada hasta el extremo

Hay un asesinato en el centro de Los hermanos Karamázov, pero nunca he sentido que estuviera leyendo una novela sobre un crimen. En realidad, estaba leyendo la historia de una familia incapaz de dejar de hacerse daño.

Padres que fracasan, hijos que arrastran las consecuencias, hermanos que se quieren y se rechazan. Dinero, abandono, celos, humillación, necesidad de reconocimiento. Dostoyevski exagera estas fuerzas hasta convertirlas en tragedia, pero debajo de esa desmesura hay algo reconocible: la enorme influencia que nuestra familia conserva sobre nosotros incluso cuando creemos habernos alejado de ella.

4. Porque te hace dudar incluso de aquello que creías tener claro

Una de las experiencias más fascinantes de leer Los hermanos Karamázov consiste en observar cómo Dostoyevski enfrenta ideas sin convertir la novela en un sermón. Fe y ateísmo, razón y espiritualidad, libertad y obediencia, culpa y responsabilidad. Ninguna de estas discusiones está colocada allí simplemente para adornar la trama.

Lo extraordinario es que Dostoyevski concede argumentos poderosísimos incluso a las ideas contra las que él mismo combatía. No construye adversarios idiotas para poder derrotarlos fácilmente. Los deja hablar. Y cuando terminan, eres tú quien debe enfrentarse a lo que has escuchado.

5. Porque «El Gran Inquisidor» podría haberse escrito ayer

Hay un momento de Los hermanos Karamázov que por sí solo justificaría leer la novela: «El Gran Inquisidor». Pocas veces he sentido con tanta claridad que estaba leyendo un texto escrito hace casi siglo y medio que continuaba hablando directamente del presente.

La pregunta que plantea sigue resultando brutal: ¿queremos realmente ser libres? Porque la libertad significa elegir, equivocarnos y asumir las consecuencias. ¿Y si alguien nos ofreciera seguridad, alimento, certezas y felicidad a cambio de renunciar a una parte de ella? No hace falta trasladar la reflexión a ningún sistema político concreto. Basta con mirar alrededor para comprender por qué seguimos discutiendo sobre ese equilibrio.

6. Porque se atreve con la pregunta que probablemente nunca podremos responder

Iván Karamázov me parece uno de los personajes más fascinantes que he leído porque lleva el problema del sufrimiento hasta un territorio del que resulta difícil escapar. Si existe un orden moral, ¿cómo explicar el dolor de quien no ha hecho nada para merecerlo? ¿Cómo justificar, sobre todo, el sufrimiento de un niño?

Los hermanos Karamázov no ofrece una solución sencilla, porque probablemente no existe. Dostoyevski convierte el problema del mal en una experiencia emocional antes que filosófica. No estás ante una discusión abstracta acerca de Dios, estás ante la pregunta de cuánto sufrimiento estamos dispuestos a aceptar para sostener nuestras certezas.

7. Porque propone una forma radical de entender la responsabilidad

Frente a toda esa oscuridad, Los hermanos Karamázov contiene una idea que ha terminado acompañándome después de cerrar el libro: nadie vive completamente aislado de los demás. Nuestros actos alcanzan lugares que no vemos, como también nuestras omisiones.

Dostoyevski contrapone continuamente el individualismo con una responsabilidad mucho más profunda hacia quienes nos rodean. De ahí nace el «amor activo» que atraviesa buena parte de la novela: amar no como sentimiento abstracto, sino como algo que exige hacer, cuidar, soportar y responsabilizarse. Puede parecer una idea sencilla, pero ponerla en práctica ya es otra cosa.

8. Porque nunca te dice exactamente qué debes pensar

Ahora entiendo mejor por qué Mijaíl Bajtín convirtió a Dostoyevski en el gran ejemplo de la novela polifónica. En Los hermanos Karamázov no escuchamos simplemente al escritor hablando a través de diferentes personajes: escuchamos verdaderas conciencias enfrentadas.

Iván tiene su verdad, Dmitri tiene la suya, y Aliosha también. Incluso los personajes que despreciamos poseen una lógica interna. Dostoyevski permite que sus criaturas se defiendan. Y eso convierte la lectura en algo mucho más exigente y hermoso: nadie aparece para entregarnos cómodamente la respuesta correcta.

9. Porque es muchísimo más entretenida de lo que parece

Esta quizá sea la mayor sorpresa. Durante años imaginé Los hermanos Karamázov como una montaña de filosofía rusa que debía escalarse por obligación cultural. Nada más lejos de la realidad.

Aquí hay un asesinato, dinero desaparecido, interrogatorios, romances imposibles, celos, borracheras, discusiones, humor, escándalos, sospechosos, abogados y un drama judicial que ocupa algunas de las páginas más absorbentes de la novela. Dostoyevski puede pasar de discutir sobre la existencia de Dios a construir una escena prácticamente detectivesca sin que el libro deje de funcionar. Es desmesurada porque quiere contenerlo todo.

10. Porque cuando terminas ya no eres exactamente el lector que empezó

No sé si existe realmente una lista de libros que debamos leer antes de morir. Siempre me han parecido sospechosas esas obligaciones culturales. Pero haría una excepción con Los hermanos Karamázov.

No porque permita presumir de haber leído a Dostoyevski. Ni porque, durante generaciones, críticos, filósofos, psicólogos y escritores la hayan colocado entre las grandes novelas de la historia. La recomendaría porque durante más de mil páginas alguien te obliga a pensar seriamente sobre qué significa ser libre, querer a otra persona, creer, dudar, equivocarse, sentir culpa y tratar de ser mejor después de haber hecho daño.

Y porque sucede algo extraño cuando finalmente abandonas a los Karamázov. Durante todo el libro has contemplado personas que se destruyen, se perdonan, se humillan, se contradicen y buscan desesperadamente alguna razón para continuar. Y al terminar descubres que, debajo de tanto ruido, Dostoyevski quizá llevaba todo ese tiempo hablando de algo sorprendentemente sencillo: de nuestra posibilidad de elegir qué hacemos con aquello que nos ha tocado vivir.

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