España destina casi 29.000 millones a modernizar el Ejército de Tierra y pide a la industria nacional que lidere su ejecución

La secretaria de Estado de Defensa asegura que la inversión histórica es solo "el primer paso" y que el verdadero desafío es sostenerla en el tiempo

La SEDEF, Amparo Valcarce
La SEDEF, Amparo Valcarce
EFE

El Ministerio de Defensa tiene comprometidos casi 29.000 millones de euros en programas de modernización para el Ejército de Tierra y quiere que la industria española asuma el 80% de esa inversión. Un reto que la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, resumió con claridad: “Necesitamos una industria que esté a la altura de los grandes programas”.

Asimismo reiteró que España y Europa se encuentran un “momento decisivo” y subrayó que el volumen de los Programas Especiales de Modernización y de las adjudicaciones alcanzado en los últimos años “es histórico y no tiene precedentes”. Sin embargo, advirtió de que este esfuerzo constituye únicamente “el primer paso” y que el verdadero reto será garantizar la sostenibilidad presupuestaria durante los próximos años. “Una inversión sostenida es la única garantía posible para generar certidumbre a los ejércitos y a la industria para responder con eficacia”, señaló.

La industria de Defensa española
La industria de Defensa española
MDE

Casi 29.000 millones para el Ejército de Tierra

En el ámbito específico del Ejército de Tierra, Valcarce cifró en 28.967 millones de euros la inversión asociada a los programas de modernización terrestres y subrayó que el objetivo del Ministerio es que la industria española asuma el 80% de esa inversión. El volumen de programas abarca plataformas y capacidades como el VCR 8×8, el helicóptero Tigre, el helicóptero polivalente, el Vehículo de Apoyo de Cadenas, las radios tácticas y otros sistemas de mando, control y comunicaciones.

La secretaria de Estado defendió la necesidad de fortalecer los polos de capacidad tecnológica e industrial nacionales y situó la relación entre las Fuerzas Armadas y las empresas como uno de los elementos centrales del nuevo ciclo. “La fuerza posible es la integración real de las capacidades diferenciales de las que dispone y la industria puede responder en tiempo, con madurez tecnológica”, explicó, identificando como áreas prioritarias los sistemas autónomos, la conectividad táctica, la digitalización del puesto de mando, la protección y el apoyo logístico.

Drones, Patriot y navegación resiliente

Entre las capacidades con mayores retos, Valcarce citó la modernización del sistema Patriot, donde señaló como uno de los principales obstáculos la falta de disponibilidad de determinados componentes, altamente demandados entre los países aliados. También destacó dos áreas prioritarias dentro de los nuevos programas previstos para 2026: la lucha contra los sistemas aéreos no tripulados y los sistemas de posicionamiento, navegación y sincronización.

La experiencia de la guerra de Ucrania y del conflicto en Oriente Medio ha convertido la contra-UAS en uno de los objetivos más urgentes tanto para España como para sus aliados. En paralelo, Defensa trabaja en disponer de sistemas de navegación robustos que garanticen el posicionamiento de las fuerzas incluso en escenarios con comunicaciones degradadas o perturbadas.

Industria de Defensa en España - Defensa
Militares del ejército español en el vehículo de combate de infantería Pizarro.
EFE/EPA/VALDA KALNINA

La visión estratégica que falta

Sin embargo, no todas las voces del foro compartieron el mismo optimismo sobre el ritmo al que avanza España. Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano, apuntó a una carencia que va más allá de los programas concretos: “Se necesita trabajar más en una única visión sobre cómo llegar a este desarrollo. España está intentando avanzar y sumarse a los proyectos, pero los tiempos de la industria de defensa son muy largos. Se necesita una visión estratégica más a largo plazo, no solo aprobar programas.”

Una reflexión que sitúa el debate en un plano más profundo: no basta con comprometer inversión si no existe una hoja de ruta industrial clara que oriente esa inversión hacia capacidades reales y sostenibles. El reto, en definitiva, no es solo cuánto se gasta sino cómo y con qué objetivo.