Hay unidades donde la técnica no se mide en fuerza, sino en voz. Donde una entrevista puede ser una prueba, la contención emocional es operativa y la presencia femenina constituye la eficacia. De EMUME -Los Equipos Mujer-Menor- a Policía Judicial, pasando por seguridad ciudadana, hay especialidades en las que las mujeres sostienen la investigación, la atención y la protección de otras mujeres y lo hacen desde el centro de la acción.
Los Equipos Mujer-Menor (EMUME) nacieron en enero de 1994 dentro de las Unidades Orgánicas de Policía Judicial para dar respuesta a los delitos en los que estaban implicadas mujeres y menores, tanto como víctimas como en autoría. Su misión es investigar los delitos cometidos contra mujeres y menores y prestarles una atención especializada durante la intervención policial, inmediata y adaptada al tipo de delito y a sus circunstancias.
El ámbito de actuación de EMUME incluye violencia en el entorno familiar, delitos contra la libertad sexual, delincuencia juvenil, trata de seres humanos y pornografía infantil. No es una unidad de acompañamiento sino una unidad de investigación criminal con formación específica y con despliegue territorial en puntos comarcales y provinciales, además de un EMUME Central que asume los casos más complejos del país.

En EMUME, la presencia femenina es operativa. Y es que, las víctimas de violencia sexual y muchas menores solo pueden verbalizar lo ocurrido ante una mujer. Esa verbalización es la prueba y sin ella, el caso no avanza. Por ello, las agentes son un eslabón imprescindibles en la investigación ya que aportan credibilidad en entrevistas sensibles, capacidad de contención emocional sin perder rigor técnico y una autoridad tranquila que permite que la víctima sostenga el relato sin sentirse juzgada.
La lectura fina del lenguaje no verbal, la detección de señales invisibles en víctimas que temen hablar y la capacidad de generar confianza en contextos de trauma hacen que la mujer agente sea, en muchos casos, la única vía para obtener una declaración completa. En delitos de trata, por ejemplo, la primera entrevista -la que rompe el silencio y el vínculo emocional con el tratante- suele requerir la presencia de una mujer.

En 1995, la Guardia Civil llevó a cabo un proceso de selección que marcó un punto de inflexión en el que sesenta mujeres especialistas en Policía Judicial fueron designadas para recibir una formación intensiva en el entonces Servicio de Policía Judicial. Durante cinco días fueron instruidas en la sede de la Dirección General en sesiones teórico‑prácticas impartidas por miembros del Consejo General del Poder Judicial, la Fiscalía y el Instituto de la Mujer. Además, recibieron actualización técnica por parte de la Unidad Técnica de Policía Judicial, incluyendo métodos novedosos de actuación operativa desarrollados por la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo y el Laboratorio Central de Criminalística.
Técnica y contención emocional
Tras completar la formación, estas mujeres se incorporaron de inmediato a sus unidades y asumieron los casos más graves relacionados con violencia contra la mujer y delitos cometidos contra menores. No hubo periodo de adaptación ni funciones secundarias. Su presencia no era complementaria, sino operativa. Eran especialistas llamadas a intervenir donde la técnica y la contención emocional eran imprescindibles.

La violencia sexual digital se ha convertido en uno de los escenarios donde EMUME es más necesario.
Según un estudio realizado en 2024 con la colaboración de esta especialidad Central, tres de cada cuatro menores en España se han visto envueltos en alguna situación de violencia sexual a través de dispositivos electrónicos. Las formas más frecuentes son recibir imágenes o mensajes sexuales no solicitados, presiones insistentes para mantener una relación o el acceso involuntario a contenido pornográfico. Este volumen de casos, unido a la edad de las víctimas -la mayoría entre los 13,5 y los 15 años- explica por qué la Guardia Civil necesita unidades especializadas capaces de intervenir con técnica, sensibilidad y formación específica.


Estas son solo algunas de las unidades donde las mujeres resultan esenciales, porque allí donde la palabra sostiene la investigación, ellas sostienen la justicia.

