La vida de Arina Ten es una historia de perseverancia. Campeona del mundo en gimnasia estética de grupo cinco veces y reconocida con el título de Honored Master of Sport en Rusia, decidió volver a competir después de ocho años alejada de los tapices. Ahora lo hace desde España, donde entrena en Calpe y compite con el club de la ciudad. Al mismo tiempo lo compagina con la maternidad, el trabajo con jóvenes gimnastas y sus proyectos como coreógrafa.
Su vínculo con la gimnasia comenzó cuando apenas tenía cinco años. La televisión fue el primer contacto con un deporte que acabaría marcando toda su vida. Tras ver a Irina Chaschina le pidió a su madre probar el deporte. Al principio hubo cierto resistencia por su parte. Sin embargo, después de varios meses insistiendo, llegó el primer entrenamiento. Allí, casi inmediatamente, consiguió hacer el spagat y el puente. Su entrenador quedó impresionado y Arina Ten descubrió que había encontrado su lugar.

A los 16 años llegó uno de los primeros grandes cambios. Ya había conseguido el título de Master of Sport of Russia, había ganado varias veces el Campeonato de Moscú, pero no había conseguido entrar en el ciclo olímpico. Dejar el deporte no era una opción. Quería continuar compitiendo y sintiendo la adrenalina de salir al tapiz. La solución apareció en la gimnasia estética de grupo, una disciplina cercana a la rítmica, pero adaptada a gimnastas de mayor edad. El cambio exigió aprendizaje, pero terminaría convirtiéndose en su nueva forma de vida.
Campeona del Mundo y un sueño cumplido
Esa adaptación terminó convirtiéndose en una etapa extraordinaria. Arina Ten conquistó cinco Campeonatos del Mundo por equipos y recuerda especialmente el Mundial de Brno de 2016, donde su conjunto ganó también la clasificación individual en una competición extremadamente igualada. Para ella, aquel triunfo fue la culminación de años de trabajo en un país donde la competencia entre gimnastas era especialmente feroz.
Su palmarés le permitió alcanzar además uno de los mayores reconocimientos deportivos de Rusia. Primero obtuvo el título de Master of Sport y posteriormente, alrededor de los 24 años y después de haber terminado su carrera competitiva, recibió el de Honored Master of Sport, una distinción reservada para deportistas con grandes logros nacionales e internacionales. Entre las pocas gimnastas que han recibido este reconocimiento también se encuentran nombres como Margarita Mamun y Alina Kabaeva.
Los Juegos Olímpicos nunca fueron su principal obsesión. Cuando era niña, su madre la llevó a un Mundial de gimnasia rítmica. Desde las gradas, llegó incluso a sentarse en el espacio del Kiss & Cry, donde las gimnastas esperan sus puntuaciones. Allí pidió un deseo: convertirse en campeona del mundo. “Después de eso, siempre decía que quería ser campeona del mundo. Nunca dije que quería ser campeona olímpica. Y, de alguna manera, se hizo realidad”, recuerda la gimnasta.
En 2017 anunció su retirada deportiva. Después de ocho años sin competir, decidió regresar. En 2025 ya era madre y tenía una vida diferente, pero sentía la necesidad de volver a experimentar la emoción de competir. También quería demostrar algo. La maternidad no tiene por qué significar el final de los sueños deportivos. “Quería demostrarme algo a mí misma y también a otras mujeres”, explicaba Arina Ten.
Amelia, su mejor compañera de viajes
El regreso no ha sido sencillo. La flexibilidad y la resistencia fueron los principales obstáculos después de tantos años sin entrenamiento. Recuperar la flexibilidad ha requerido tiempo y prudencia para evitar lesiones. También aparecieron muchas dudas. Si era demasiado mayor, si podría volver a competir o si otras personas la juzgarían.
Su familia ha sido fundamental. Su marido la ayuda con el cuidado de su hija Amelia y respalda su decisión de regresar. La pequeña, de dos años, acompaña a su madre a las competiciones y se ha convertido en su particular amuleto de la suerte. Uno de los momentos más especiales llegó durante el Campeonato de España, cuando Amelia acompañó a su madre hasta el tapiz. “Fue un momento tan especial porque no estaba nerviosa. Simplemente estaba feliz de que mi hija estuviera allí conmigo”, recordaba Arina Ten.
Hoy, su rutina combina maternidad, entrenamientos, trabajo con jóvenes, clases magistrales, coreografías y viajes. A pesar de todas esas responsabilidades, intenta entrenar entre tres y cuatro veces por semana. El Club Calpe, además, se ha convertido en una pieza esencial de ese equilibrio.
Su mensaje más poderoso no esté en ninguna de sus medallas. Está en lo que quiere transmitir a otras mujeres. La edad y la maternidad no tienen por qué poner punto final a una carrera ni a una pasión. “La vida no termina después de los 30. Continúa, incluso cuando te conviertes en madre”, afirma la gimnasta. Para Arina Ten, tener hijos tampoco significa renunciar al crecimiento personal. “El embarazo y tener hijos no son el final de tus sueños. No son una razón para dejar de crecer”.
Su regreso, por eso, va mucho más allá de volver a competir. Arina Ten quiere demostrar que siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo. Después de cinco Mundiales, una retirada y ocho años de pausa, su próximo gran reto no es demostrar quién fue, sino descubrir hasta dónde puede llegar ahora.

